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Arquitectura: de la necesidad a la sofisticación de lo banal

Por Franccesco Gereda[1]

arquitectura banal

Este es mi primer artículo para el periódico Entre Fachas y Rojos y creí conveniente abarcar un tema que escapa de la típica discusión académica y sin embargo es notoriamente identificable en la sociedad: el rol del arquitecto.

En primer lugar, la arquitectura es arte en cuanto a representación formal y proceso creativo. No importa en términos de espectador qué discurso viene detrás, qué cálculos se hicieron, qué reglamentos se respetaron (o irrespetaron). Además, uno no aprecia un edificio con el temor de que se caiga, lo que importa es cómo se usa,  para qué y cómo se relaciona con el medio. Es un poco desconcertante para los arquitectos que en estos tiempos de superinformación a nadie le interese qué concepto hay detrás de tu partido (aunque en verdad no existe una correlación identificable ni a nivel perceptual o cognitivo entre el concepto o el partido en relación con el objeto que no sea pura y llana retorica, así que no es extraño que a nadie le interese las cuestiones metafísicas que generan la arquitectura, y esto no es sarcasmo). De ello, claro, se desprende una problemática tremenda para la profesión: ¿para qué sirve un arquitecto en tiempos 2.0 de supermodernismo y de globalización? Al parecer la arquitectura en pleno boom de la construcción latinoamericana solo esta ahí para sustentar un proyecto de inversión. Y vaya que es importante la inversión en los proyectos. El arquitecto es ahora un gestor, un vendedor de inversiones, un visionario de la infraestructura para la productividad. No más un responsable de las políticas de desarrollo urbano ni un investigador que desarrolle tecnología; no es más un profesional que pueda hacer entender a la sociedad como se vive decentemente. Es ahora un artista a pedido y la competencia se centra en ello.

Ahora, ¿es malo que la arquitectura sea un producto para los inversores? Claro que no. ¿Las inversiones hacen artísticamente pobres la arquitectura? Tampoco. ¿La arquitectura ha tenido un desarrollo que tenga un impacto positivo en la estructura de la ciudad? Muy pobremente y ahí empieza el problema álgido. Lima, por ejemplo, está cayendo en una vocación por el valor negativo como ciudad (crecimiento desordenado, invasiones como forma de establecimiento, informalidad constructiva, polos de concentración laboral localizados irracionalmente que generan destinos maratónicos, falta de autonomía del control del parque automotor, un sector de transporte reacio a la reglamentación y regulación, un crecimiento vertical desarticulado del impacto vehicular, de redes de abastecimiento, de agua y desagüe, de vías sin las debidas dimensiones con densificación escandalosa, contaminación y etc.) y dirán muchos que es un tema de autoridades, claro que sí, pero las autoridades actúan según los procedimientos establecidos para ello y la verdad es que en estos procedimientos la agremiación profesional no tienen nada que hacer. ¿No deberían ser los colegios o las agremiaciones las responsables de hacer que el arquitecto sea un gestor de la ciudad? ¿No es para eso que hemos sido preparados?, ¿no hemos sido preparados para reglamentar el desarrollo de la ciudad?, ¿No hemos sido preparados para entender la naturaleza de las inversiones en infraestructura?, ¿no hemos sido preparados para plantear soluciones de envergadura metropolitana? ¿No hemos sido preparados para mejorar las condiciones de vida de nuestros ciudadanos? Las respuestas son: No, no, no, no, no, y no… (Dixit PPK). Hemos sido preparados simplemente para gustar al mejor postor y sobre ello hacer lo que mejor podamos hacer, ya que no existe un respaldo profesional y mucho menos legal que garantice ni la mínima formulación de soluciones a la ciudad de manera participativa, y mucho menos que se abran discusiones. La arquitectura simplemente se ha vuelto un producto de venta y un tópico de discusión de aula cerrada.

Son pocas las iniciativas que el colegio ha podido abrazar para generar discusión, concursos o la defensa del patrimonio, el colegio de arquitectos no funciona como un catalizador de la profesión, no fomenta el acceso profesional en la gesta de la ciudad, no hay un brazo político como lo tienen los ingenieros, los médicos y hasta los sindicatos de construcción. El colegio de arquitectos en el Perú solo sirve para hacer burocracia, los egresados se titulan simplemente para tener una licencia que no garantiza nada. Es un protocolo banal. Los calificadores urbanos, aunque actúan de buena fe, tienen la misión de garantizar el pobre alcance de nuestra profesión en el Perú, que las propuestas se circunscriban a ese pobre alcance de manera meticulosa y hasta implacable son como los guardianes de las tradiciones perdidas: noble labor pero poco relevante para el problema de la estructuración urbana y el fomento de la relación que deberían haber entre el ciudadano, las autoridades, la ciudad y el arquitecto. Los calificadores no califican porque no hay una discusión valorativa; solo hay cierta rigurosidad a un reglamento que se centra en cuestiones técnicas, medidas y ordenanza, pero de arquitectura nada se califica. [2]

Contrariamente, las iniciativas personales de gesta de la arquitectura han sido notorias por su propio esfuerzo y capacidad de gestión para casos de inversiones privadas; no nombrare a alguno en especial pero existe una buena cantidad de arquitectos que han logrado un desarrollo profesional loable, destacable y acucioso. Pero en cuestiones de políticas de desarrollo profesional a nivel nacional y urbano estamos jalados y eso en las aulas ni se pronuncia.


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[1] Franccesco Gereda.

Bachiller egresado de la FAUA UNI Lima -Peru, Co fundador de la ONG, ECOMUNAL actualmente consultor en Canadá para Fourth Meridian Consulting Group para temas de Traditional Land Use, Mapping , Urban and Architectural Design.

 

[2] Aquí en Saskatoon, SK, Canadá para construir viviendas de hasta 600.00 m2 no se necesitan arquitectos. Basta que cualquiera cumpla el reglamento de construcción y diseño y sepa hacer planos, al parecer se dieron cuenta de lo irrelevante de exigir un arquitecto para definir cuestiones que cualquiera con un poco de criterio puede proponer en un papel, los arquitectos son requeridos obligatoriamente para edificaciones mayores y sobre todo para diseñar la ciudad, por cierto no existen comisiones revisoras, los planos de cualquier proyecto deben estar refrendados además del autor por un arquitecto con experiencia en las diferentes tipologías propuestas, es decir una autoridad en la materia que garantice que el proyecto ha sido discutido en términos arquitectónicos, tal como hacen los arquitectos en un taller de diseño, no en base exclusiva al reglamento, entonces no solo se evitan construcciones inseguras, sino se evitan, sobretodo, mamarrachos. los arquitectos mas experimentados son los que califican tu proyecto antes de ser presentado al municipio entonces hay una constante retroalimentación en favor de la ciudad y de participación activa del gremio.

http://www.saskatoon.ca/DEPARTMENTS/Community%20Services/Building%20Standards/Permits/ResidentialPermits/Pages/default.aspx requerimientos municipales.

http://www.saskatoon.ca/DEPARTMENTS/Community%20Services/Building%20Standards/Documents/DesignProfessionalRequirements%202010.pdf requerimientos profesionales.

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