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Señales: ¿un constructo social? (“HsobreM” -archivo-)

¿La persona que te gusta hace señales que esconden una invitación al sexo? ¿Qué significan las miradas furtivas? ¿Qué puede esconder el lenguaje? ¿Un secreto llamado a la fornicación? ¿Da el hombre señales?

 

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Señales: ¿un constructo social?

 

 

Dionisio (22 años), defensor de la pena de muerte en guillotina:

Umberto-Eco

Todo es un truco de la mente. Las señales que creemos percibir casi siempre son equivocadas porque asumen un código en común. Y este más que social es personal. Dependientes de una experiencia personal y sensible. Entonces no hay que hacernos dramas y lo mejor es ignorar señales inexistentes que son producto de nuestros deseos eróticos y/o románticos.

 

Sobre la intención de las señales lo mejor es acudir a Umberto Eco. En su libro “Signo” elabora una compleja tabla en la que indica que, moldeando el discurso para este tema, las señales pueden ser voluntarias o involuntarias pero también buscar que el receptor crea que son involuntarias. La involuntariedad puede ser fingida. Yo considero que los hombres usamos muchas de estas señales voluntariamente involuntarias porque asumimos, por prejuicio e idiotez, que la mujer es una especie de decodificadora total. Muchos hombres fingen ser románticos o timidez. Fingen sufrir de tics involuntarios. Se puede fingir lo que sea y el hombre es un maestro del engaño. O eso creemos. Incluso podemos decir cosas (lenguaje hablado) con el objetivo de que sean “malinterpretadas”.

 

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Diego Vespucio (26 años), varonista libertario y amante de prostitutas:

puta

Para empezar, como varonista libertario, descarto de raíz la mera posibilidad de existencia del mal llamado “constructo social” que no es más que un invento progre-marxista contrario a la naturaleza humana.

 

Sí, lo que empuja a los hombres y mujeres en sus relaciones interpersonales en primer lugar es el deseo sexual que debido a muchas dogmas socio culturales (de origen religioso, romantico-amoroso o progre-feminista) tanto hombres como mujeres muchas veces tratan de ocultar. Es más, generalmente los hombres en todo su comportamiento con las mujeres tratan de fingir para mostrar de sí mismos lo que no son de verdad con tal de gustar a las mujeres tratando de darles una imagen de sí mismos para encajar con sus conceptos de un “hombre ideal”. Y de la misma manera las mujeres cuya mente está contaminada por estos falsos conceptos de un “hombre ideal”, que en realidad ni existe y los que hay son una manga de farsantes, también tratan de actuar ocultando sus verdaderos deseos de corte meramente carnal.

 

Hay que destruir a estos nefastos fenómenos socio-culturales para acabar con todo tipo de falsedad e hipocresía y alcanzar la verdadera liberación sexual propia de nuestra naturaleza más pura que está en nuestros genes.

 

Entonces lo de las señales es algo social y por lo tanto innecesario. Hay que volver a nuestra esencia. Hay que tener sexo sin intermediaciones ni preámbulos. Por eso las prostitutas nos liberan del cortejo romántico y del yugo matriarcal. Ellas son las heroínas de la modernidad.

 

 

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Javier Garófalo (32 años), doctor en sociología, especialista en mujeres indígenas mexicanas y hombrista:

mujer indígena cortado

Hay de constructo social pero también se puede ubicar ciertas señales como naturales en el ser humano. Serían parte de su bagaje para cortejar y conseguir el apareamiento. Sería una herramienta, un arma contra el resto de machos. O un procedimiento, en el caso de la mujer, del que se basan las hembras para seleccionar al macho que desean. Estas señales tienen un efecto desinhibidor en el varón y también dopamínico en el caso de un hombre que ha recibido algunas señales más explícitas. Pero también tiene un efecto adrenalítico y venenoso en otros machos, los que vuelven a un estado más primitivo de conciencia (se vuelven locos). Estos últimos usualmente padecen de una inteligencia social (y lingüística) que no es lo suficientemente fuerte como para decodificar. ¿No que las señales eran naturales? Lo son pero están revestidas de cultura. Entonces los distintos contextos sociales (formales e informales, por ejemplo) cambian todos los significados de una mirada o una aparente sonrisa.

 

En 2008 tuve sexo con muchas indígenas mexicanas. Noté que las mayores de 30 años se reían al terminar el coito mientras que las veinteañeras lo hacían durante el mismo. Esto puede ser extraño y propio de esa sociedad (sociedad, maldita sea, se dice sociedad, no tribu) pero mi experiencia en Occidente me confirma que hay más coincidencias que diferencias. Que se rían implican que soy pésimo en el sexo. Entonces la mofa es universal o al menos transversal.

 

Otra muestra de cómo afecta el contexto es la señal que uno recibe cuando una mujer se muerde el labio inferior. Si es una puta, claramente quiere dinero. Si es tu mujer, también (y está molesta).

 

En cuanto al lenguaje, los hombres occidentales somos muy directos. Decir “te quiero follar” es algo que decimos sin ningún tipo de vergüenza. El lenguaje es una herramienta y no debe ser una máquina de tortura. Si no lo decimos, entonces estamos dominados por sentimientos románticos (lo cual no es malo ni involucra una hipocresía cuando son sentimientos auténticos). Es en ese estado que nos importa más borrar toda ambigüedad de nuestro discurso pero haciendo a un lado ser directos. ¿Difícil de entender? Es más difícil ejecutarlo. Los hombres también le tienen miedo al rechazo. Sufrimos y lloramos. Somos más sensibles que las mujeres.

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