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“El americano sucio” por Gustavo Faverón (“Comentarios Incen-diarios”, 1)

-Les escribiré interdiario.

mano-mojada

Texto por Altea Boza

*“Soy una chica, de izquierda liberal libertaria. En este espacio diario, que servirá para balancear el alto contenido derechoso y conservador de esta página, me presentaré a mí y a mis opiniones sobre diversos temas; usualmente preguntaré también. No estoy segura de todo, pero quiero estarlo.”

La novela de Faverón ya todos la conocen. Esta narradora no se refiere, no, no, no, a su novela El Anticuario. (No “Anticuado”, el escritor obviamente sabe palabras que no conocemos). Me refiero a los pantallazos de sus acosos a mujeres (no eran niñas) treinta años menores que él. Como toda liberal, esto no me incomoda, yo misma he estado con hombres maduros, de hasta ochenta años (aunque esa relación acabó bastante pronto y con un entierro). Pero sí me fastidia cuando un hombre piensa que puede hablarme sin mi permiso. Está bien un “hola”… pero al parecer este tipo pasaba hasta “quiero voltearte y meterte todo mi carácter intelectual”. Y eso no. Aparte de corriente (si me está gileando un escritor, al menos podría esforzarse), invasivo. Eso no.

Y esto es cosa de todos los días. Si no es una palabra altasonante es una mano en el trasero. Con qué derecho. Y no parecen entender que no. Es como si a esos machitos aguantados les metiera mano un homosexual, uno de eso que les da asco, ¿no les incomodaría? O que un marica les mande besos. ¿No jode? Ya pues, es lo mismo, babosos. Ustedes son nuestros maricones.

Pero hay que ser, algo, justas. Dicen lo que sea para descalificar la defensa a Faverón. Si “lo defienden porque es su amigo” no es suficiente para englobarlos, usan el “lo defienden porque piensan ideológicamente igual”. Esto fue inventado cuando algunas personas que tuvieron roces con Faverón (llamémosle roces a los quejidos unidireccionales de Faverón) salieron a criticar el cargamontón. Creo que solo hay una tendencia a querer estar del lado correcto de la historia, y si no lo es en convertirlo en eso.

Además, creo que el tipo se ha ido de las redes sociales no por cobarde (que bien puede serlo) sino por problemas familiares: tiene como cincuenta años, está casado, con niña pequeña, y con libros que nadie compra, menos lee; la única validación a sus ideas solo parece ser sus likes en Facebook (aunque ya todo eso está sepultado). Parece comprensible que su última salida de ese hueco haya sido sus intentos fallidos a meterse a otros huecos.

 

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