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Laje contra el mundo… progre (“Copy left”, 21/abril/2017)

Por Manuel Gavilón

 

He conversado en persona con Agustín muy poco, apenas. Me cae bien. ¿Sus postulados? Es tema aparte. Lo que más me incomoda es el discurso conspiranoide en el que quiere encajar sus críticas al feminismo. No me malentiendan (sé que eso les encanta). Sus ideas sobre el feminismo son correctas, pero no considero que las feministas revanchistas y locas sean la amplia mayoría (aunque sí es cierto que las ideas de estas no son repudiadas al grado deseado). Por eso me gustó el debate en la Universidad Católica. Considero que el panelista que hacía de contrapeso estuvo correcto en un punto (y por eso lo repitió tanto): no existe una agenda explícita por parte de todos los que están a favor del feminismo o del matrimonio homosexual. Al menos no una agenda que pretenda acabar con el capitalismo usando un discurso de estructura marxista. ¿Qué agenda hay entonces? ¿Cuánto revanchismo y locura hay realmente en el movimiento feminista?

 

Cómo no rechazar una ideología

El berrince de la señorita Patricia del Río es anecdótico en su comportamiento. Pero quedémonos con su actitud. Critiquemos eso. ¿Será que esa actitud tan poco frecuente en ella es algo típico de muchas feministas? Me atrevo a decir que sí. Ellas piensan que defienden la igualdad, los derechos humanos. Entonces cualquier crítica a su discurso lo ven como algo intolerante, homofóbico. Para que se pongan en sus zapatos, les puedo recordar que hay movimientos que están a favor de la difamación, de la discriminación racial, etc. ¿Les suena el anarcocapitalismo? Esta idea de que se puede hacer todo en nombre de la “igualdad” con tal de que no afecte la propiedad privada de otro individuo (bueno, su cuerpo –al que consideran la propiedad por excelencia, la autopropiedad-), Escuchar a estos sujetos genera rechazo, por supuesto. Pero se los debe confrontar. Ya se ha hecho y se ha visto que, aunque tengan un discurso más o menos coherente internamente, lo que dicen es inaplicable. Quieren un mundo sin gobiernos. Pero no explican satisfactoriamente cómo funcionará una justicia privada imparcial o cómo el factor temporal no es un problema. Es decir, se quejan de que haya un Gobierno establecido y una constitución que nunca firmaron a la que se ven sujetos. Pero parece que no ven que algo similar enfrentarán quienes nazcan cuando las tierras ya tengan dueño (las tierras donde les toque vivir) o cuando deban acatar las distintas reglas privadas del grupo al que quieran arrimarse.  Ven, a mí el discurso ancap me genera rechazo, pero lo contraargumento. Es la actitud correcta ante cualquier discurso. ¿Por qué muchas feministas se quedan solo en el rechazo? ¿Será que quizás las falacias y errores argumentales están del lado de ellas?

 

Sin agenda, pero con coincidencias

El problema de muchas feministas es que prefieren la censura al intercambio de ideas. Pero Laje se equivoca profundamente en que esta lucha sea de concepción marxista. Estamos ante liberalismo. El presidente peruano que fomenta la llamada “Ideología de género”… ¿es de izquierda? Claro que no. Para muchos es un asunto de libertad. Pero para otros, sí es cierto, es un asunto de oprimidos contra opresores. Pero no mucho más. ¿O sí? Tomemos el ejemplo de los feminicidios, los cuales, según Laje, crean víctimas de primer orden y víctimas de segundo orden. Se considera más importante visibilizar a las mujeres que a los hombres porque, según él, las mujeres son el grupo oprimido aunque pueda haber más hombres asesinados. Muchas feministas tiene este discurso de oprimidos contra opresores. Esto las lleva a apoyar cosas como la cuotas de género. Y un sector minoritario (espero) fomenta la presunción de culpabilidad para los hombres acusados de abuso sexual. Las primeras están equivocadas (aunque pueda haber estudios que digan que las cuotas mejoran el rendimiento total, no dejan de ser injustas), pero no locas. Las segundas, por otro lado, plantean algo que va en contra de un país libre. Pero la mayor coincidencia de muchas feministas es declarar que un hombre se pueda declarar mujer o que una mujer diga que ahora es hombre. Es decir subordinar el sexo al género. Ahí coinciden muchas (con matices). Nadie está diciendo que las feministas reemplazan sexo por género, pero en la práctica tendría esos efectos: hombres participando injustamente en competencias para mujeres, por ejemplo. Laje tiene razón en este punto. Lo resumen más o menos así: los hombres no solo somos naturaleza, somos seres culturales. Pero, a la vez, no somos dioses. No decidimos sobre nuestra propia naturaleza, si somos hombre o mujer. Esta característica (el sexo), como dice Laje y la ciencia, es inmutable.

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