Archive | Javier Garófalo (hombrista)

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La verdadera identidad de “Aldo Andonegui” (“Hombrismo”, 09/07/2013)

Posted on 09 Julio 2013 by Anderbertol

*Pensamientos de Javier Garófalo, hombrista y doctor en sociología.

marat y mujer joven 2

 

Domingo 7 de julio

 

Hoy he vuelto a tener esa pesadilla. Lo miré fijamente. Estaba en lo correcto. Esa mirada no la puedo olvidar. Un demonio habita el corazón de Aldo. Debo ir a verlo. Quizás él no es consciente de su otra personalidad. Pero debo estar prevenido. Debe ser no una visita de muchas sino la última.

 

No son ni las 12 del día. Saco mi pistola, la cargo y dejo mi cuarto. Salgo del hotel convencido de que esto no es una locura. La casa de Aldo no queda muy lejos. Mientras camino tengo la impresión de que la gente sabe que me dirijo a matarlo. Me invade cierto pudor extraño. Es la primera vez… que mataré a un hombre.

 

Un hombre anciano me mira. Parece como si reprobara lo que haré. Dejo de mirar a la gente y me concentro en el camino. Ya estoy muy cerca y lo he asimilado. Ya no siento ningún tipo de temor o duda. Solo me invade el deseo de saber que dejará de existir.

 

Llego a su casa y toco la puerta. Aldo me abre mientras esboza una sonrisa ingenua. Me deja pasar. Nos sentamos en un sofá frente a su televisor. Me pregunta si he traído algún tipo de grabadora. No tengo excusas. Afortunadamente él me recuerda lo de nuestro diálogo pendiente. Le digo que vine por esa razón. Se para un rato. Me deja solo. Aún no he decidido cómo matarlo. Ahora siento todo esto tan normal. Pensé que me delataría el nerviosismo pero parece que estoy haciendo lo correcto.

 

Él regresa con una especie de torta de carne y un cuchillo. Lo embisto. No dejo que reaccione. Lo aplastó con mi cuerpo. Lo golpeo en la nariz de una manera brutal.  Lo someto.  Alejo el cuchillo de nosotros. Aldo casi ni se mueve. Saco la pistola y le apunto en la barbilla destrozada. El muchacho no se mueve. Vuelvo a golpearlo en la cara. Su nariz no deja de sangrar. Le abro la frente con la punta de la pistola. Él no se inmuta. Me comienzo a sentir muy extraño. Le empiezo a gritar. Le digo que responda. Dejo los puños. Sacudo su cabeza contra el piso. No responde. Lo hago de nuevo. No hablará.

 

Arrojo la pistola muy lejos y utilizo mis dos manos para ahorcarlo. Ahora puedo sentir que todavía está vivo. Recién siento que estoy matando a alguien. Empiezo a temblar mientras él parece dejar que lo estrangule. Su cuello empieza a endurecerse mientras mis manos parecen que están a punto de destrozarlo. Debo hacerlo. Parece balbucear algo. Alejo mis manos.

 

Él sonríe mientras sus ojos exorbitados vuelven a la normalidad. Empieza a reír de una manera enfermiza. No reacciono. Continúa y me mira fijamente con su mirada desfigurada. Me pregunta si lo disfruté. Su voz es distinta. No es Aldo. Me dice que debí terminar lo que comencé. Trato de estrangularlo  pero me golpea con una fuerza sobrehumana. Me hace a un lado. Lo miro desde el piso. No es la misma persona. Su rostro está magullado pero parece producto de una enfermedad y no de una golpiza. Noto unas protuberancias en su cara y en su cuello. Me pisa con mucha violencia el abdomen. Repite la tortura varias veces. ¿Qué acento es el que tiene este sujeto? Cada vez se me hace más familiar mientras trato de desenfocarme del dolor. Los bubones de su rostro empiezan a crecer. La fisonomía de su rostro empieza a cambiar.

 

Me confiesa su verdadera identidad: Jean Paul Marat. Claramente estoy ante un maldito enfermo. Me comienza a contar una historia delirante sobre su venganza. Mientras lo hace, trato de reponerme. Continúa completamente perdido en su locura. Él realmente cree que es Marat. Le hago preguntas mientras empiezo a pararme. Él sigue con un relato totalmente enfermizo mientras ríe escandalosamente. Logro pararme y corro a la cocina. Mis ojos empiezan a ver unos destellos. Veo unos destellos en el centro de mi visión. Los destellos me enceguecen. Me quedo quieto y mantengo en pie gracias al borde de algo.

 

No siento su presencia. Se ha callado. Pero sé que me ve. No estoy muy lejos de donde estábamos. Comienza a hablar. Es como si su voz viniera de todas partes. Cierro mis ojos porque ahora son inútiles. Su voz se escucha más cerca pero en todas las direcciones. La escucho dentro de mi cabeza. Grito muy fuerte para que alguien me escuche. Él ríe mientras insiste en que es Marat y que ha regresado por venganza. Grito hasta que empiezo a llorar. Su voz comienza a rasgar mis pensamientos. Ya no puedo pensar. Ya no sé lo que grito. Ya no siento lo que hago. Empiezo a dejar de sentir mi cuerpo. No sé si estoy gritando. No sé si sigo ahí. No sé si existo. Vuelvo a escuchar mis gritos. Los siento lejanos y fuera de mí. Siento mis lágrimas. Vuelvo a escuchar sus risas enfermas. Me golpea en el cuello. Caigo al piso sin poder protegerme. Creo que me he roto la cabeza. Estoy inmóvil. No siento dolor pero siento algo líquido en mi frente. Mi cuerpo está entumecido.

 

Él me susurra. No entiendo lo que dice. Me susurra de nuevo pero esta vez a ambas orejas a la vez. No entiendo el idioma. Tampoco recuerdo el idioma en el que estoy pensando ahora. Comienzo a sentir una mano. El piso empieza a sentirse distinto. Vuelvo a escuchar algunos sonidos. Vuelvo a sentir calor en el pecho. Aún no puedo ver. Mi mano se desliza en el piso. El piso empieza a moverse. Mi mano izquierda también siente el cambio. El resto de mi cuerpo también. Empiezo a gritar. Me paro y caigo de espaldas. El piso no deja de moverse. Ya no escucho a Aldo. Me coloco en posición fetal mientras espero mi asesinato. Me agarro la cabeza. Sigo llorando. Ahora puedo sentir las lagrimas en mis ojos y en la barbilla. Me levanto. Estoy de rodillas esperando que me dispare o que me corte la garganta. La espera se prolonga y no puedo llorar más. Estoy destrozado. Abro los ojos y veo solo los bordes de todo. Parece que es de noche. Casi no distingo nada. Toco el piso. No es un piso. Es pasto. Estoy a salvo.

 

Pasa una hora y recobro la visión. Miro mi celular y son las 8 de la noche. Me dirijo al hotel completamente fuera de mí. El recepcionista se sorprende al verme. Voy al ascensor y reviso mis llamadas. Hay 156 llamadas perdidas. Y no es más domingo sino martes.

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El delirante complot femimarxista explicado (“Hombrismo”, 03/07/2013)

Posted on 03 Julio 2013 by Anderbertol

De Javier Garófalo, hombrista y doctor en sociología.

 

El lunes comencé mi seminario y algunas personas no han dejado de preguntarme sobre el varonismo. En vista de que el seminario es sobre feminismo, no he tenido problemas en contestar. Pero ya estoy hastiado de que media hora se vaya en eso así que esta vez iré con una imagen que explique bien el disparatado complot que ocurre solo en la mente de estos señores. Les presento la nueva diapositiva de mi presentación:

 

complot femimarxista 8

Por supuesto, faltan las supuestas actrices que hacen las denuncias falsas.

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Mi primer encuentro con Aldo (“Monólogos hombristas”, 29/06/2013)

Posted on 29 Junio 2013 by Anderbertol

– Pensamientos de Javier Garófalo, hombrista y doctor en sociología.

Aldo Andonegui y la cabra cortada

de Caravaggio.

 

Conocí a Aldo finalmente. Resulta ser un sujeto de estatura promedio que aparenta 19 años cuando tiene realmente 24. No se le ve ningún atisbo de locura excepto cuando ríe y habla del complot femimarxista. Hemos hablado por casi una hora. Me estuvo hablando del complot del gobierno argentino para proliferar “la mentira de la trata”. Insiste en que la trata es una mentira incluso cuando los datos (la realidad) lo contradicen. Prácticamente me dijo que el gobierno entrena a sujetos para que funjan de violadores mientras contratan actrices que hacen las denuncias falsas. Sí, ambas cosas son excluyentes y por eso es una locura.

 

No entiendo cómo un sujeto así no está en el manicomio. Pero de un momento a otro se transforma en otra persona ante mis propios ojos. Comienza a hablar de arte y poesía. Luego habla de actualidad mundial como si fuera un experto. Apenas puedo seguirle el ritmo. Hay momentos en los que temo hacer pausas muy extensas. ¿Estoy ante la misma persona? Su mirada es diferente. Su acento es ahora muy extraño e incluso maneja otro ritmo. Algo en él es muy distinto físicamente pero no logro saber qué. Ahora proyecta seguridad pero no una confianza amenazante sino que inspira el respeto que uno se le da a los sabios.

 

Nos paramos y empezamos a caminar. En parte para que tome mis pausas más como producto de un cansancio físico que como una inferioridad intelectual. Seguimos hablando. Me inspira tanta proximidad que incluso le cuento cosas personales. Cuento un par de chistes y sus risas se ven sinceras. Luego le recuerdo que no soy anarquista… algo en él cambia. Vuelve a ser el niño demente de los primeros 10 minutos. La mutación es instantánea. Me mira desafiantemente y se acerca… demasiado. Me llama estatista. Empezamos a discutir. Dejo de caminar. Le doy un par de advertencias. Él deja de caminar. Le recuerdo mis títulos académicos. Le recuerdo que es un ignorante. Hace unas bromas absurdas sobre mí y mis creencias. Solo escucho ruido. Creo que me acaba de decir algo muy ofensivo. Lo abofeteo. Él sonríe. Lo miro enfurecido. Me mira fijamente, me recomienda leer su último artículo y se va. Se va mientras ríe de una manera enfermiza totalmente absurda. La gente lo mira extrañada.

 

¿Cómo demonios puede ser este el futuro de la humanidad? Por eso odio a los jóvenes. Sarta de narcisistas enfermos. Pero hubo algo en su mirada. Fue como la mirada de un antiguo compañero. Fue como esa mirada perturbadora de mis pesadillas.

 

Llego al hotel.

 

Reviso mis archivos. Hay un maldito sobre. Es la carta de un tal Ander que solo dice “demasiado fácil”. No le presto atención. Debe ser uno de esos alumnos que cree saberlo todo. Maldito narcisista. ¿Pero cómo llegó este sobre a mi habitación?

 

Ignoro el sobre y reviso mi correo. Encuentro un mensaje de Aldo con un enlace a su texto. En el mensaje me recuerda nuestro debate y que soy un “pagafantas”. Maldito bribón. Tu generación es una mierda como tu país. Perdón. No. Estoy apunto de abrir el enlace pero veo que lo anteceden 5 párrafos enormes de introducción. Los ignoro todos (excepto una parte en la que habla de sexo con cabras). No me detengo a leer la oración completa. Estoy demasiado cansado.

 

http://XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX (enlace eliminado por El directorio)

 

Por ahí recuerdo un ofrecimiento. Algo sobre contratar una puta y compartirla. No debí ni siquiera leer una palabra de esa introducción tan enfermiza.

 

Comienzo a leer un texto que carece de bibliografía. Los primeros párrafos son pueriles y aburridos. Básicamente dice que la trata es un invento del gobierno argentino. Sí, deja vu. Se repite en todo. Palabra por palabra. Es como si repitiera lo de hace unas horas. Es muy extraño.

 

Pero luego habla de un pastor que no es célibe y que engaña a Dios con una dirigente feminista (?). Y luego dice una imbecilidad impresionante. Me quedo… me quedo quieto. No sé qué demonios acabo de leer. Y encima agrega que la dirigente es lesbiana y engaña al pastor. Y adhiere que el gobierno argentino contrata a la miss argentina como feminista a sueldo. No puedo más.

 

Voy al baño y vomito todo. Es un monstruo. Es el diablo encarnado. Y recuerdo todo. Recuerdo esa pesadilla. Recuerdo a ese sujeto. Y es él. Aldo es ese sujeto. Pero no Aldo sino su lado maligno (ese lado que yo debo asesinar para salvar al mundo). Saco mi pistola y salgo rumbo a su casa.

 

Estoy a punto de salir del hotel y recapacito. Regreso a mi habitación. Algunas personas me miran temerosas. ¿Qué diablos me pasa?

 

Vuelvo a entrar a mi habitación y encuentro otro sobre de un tal Ander. Veo la laptop. Esta vez leo la introducción. Es otra. No es la misma introducción. Destruyo el sobre. Me voy a mi cuarto. No quiero saber nada más de este maldito día.

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Los errores del Varonismo libertario -1- (“Hombrismo”, 22/06/2013, ¡a pararla!)

Posted on 22 Junio 2013 by Anderbertol

De Javier Garófalo (Javier Gar), hombrista y doctor en sociología.

dos chicas hombrismo

 

El Varonismo libertario es el resultado de llevar las ideas “individualistas” y egoístas a ámbitos en los que se evidencia su anacronismo. El anarcocapitalismo, esa quimera entre capitalismo, anarquismo y libertad, ha inspirado ya tantas tonterías como la “esclavitud voluntaria” o “la ética de la argumentación” que no sorprende la mercantilización del sexo y la “cosificación” de la mujer. Sorprende sí la subordinación del amor por parte de este individuo. Considero que una crítica al Varonismo debe dirigirse también a sus ideas anarcocapitalistas.

 

Las naturalezas del hombre

 

El hombre como especie tiene una naturaleza pero no es única. Como especie tenemos evidentemente rasgos que nos acercan. Pero los hombres tenemos estructuras mentales que difieren entre nosotros. Es engañoso decir que los varones ansiamos ferozmente el sexo solo porque un individuo (Aldo) sufre de descontrol. Pero cuando los ancaps hablan de naturaleza humana se refieren a cosas como la autopropiedad (el control del propio cuerpo). Ellos, Aldo incluido, afirman que es autoevidente que nuestro cuerpo nos pertenece y que el Estado no debe impedirnos actuar porque eso sería atentan contra nuestra autopropiedad. Esto es engañoso porque la primera parte es verdadera pero lo que se “deduce” es totalmente antojadizo. Estos planteamientos implican que el individuo no tiene responsabilidad normativa (parte de eso y “llega” a eso… es circular) e iguala libertad (que implica deberes) con actuar. Que pidan una contraargumento es demasiado porque lo que plantean es desde el principio errado. Primero tendrían que argumentar.

 

La historia, la cultura, la sociedad y el individuo

 

Para Aldo la historia es algo que pasó, algo que no cambia los deberes morales del individuo (los cuales para Aldo son solo el cuestionable “principio de no agresión”…  cuestionable porque este parte también de que libertad es actuar y que el individuo no tiene mayor responsabilidad social). Aldo y compañía creen en un ser “acultural”. O mejor dicho: en un ser que es sometido por la cultura y la historia (y por la mujer). Pobre el individuo que ve cómo le imponen normas y restricciones que hace que no pueda difamar, esclavizar ni ser egoísta. Pobre el individuo que nació rico y se entera de que debe dar riqueza. Pobre el individuo que quiere “cosificar” a la mujer y la sociedad lo reprueba. Pobre el individuo que quiere someter a la sociedad porque prefiere eso a ser sometido. Pobre Aldo. ¿En qué mundo vive este muchacho?

 

Y no, señores. No es que los individuos son malos y necesitan reglas. Claro, si todos fueran malos lo serían también los gobernantes pero también los jerarcas de una sociedad. Y justamente no todos son buenos ni malos porque existen naturalezas individuales humanas. Las reglas se hacen contra los deformes de la sociedad y los innatamente idiotas y malvados. Incluso los ancaps plantean normas (aunque mínimas), lo que implica que sí hay un grupo irracional en comparación a ellos (que serían los racionales). ¿Por qué la sociedad que planteamos necesita más reglas que el principio de no agresión y los arreglos privados y difusos (justicia privada)? Porque tenemos en cuenta la historia y la cultura. El principio de no agresión está bien para su isla robinsoneana. Que se vayan a vivir allá. Por supuesto, las normas legislativas actuales deben estar abiertas a críticas así como las normas morales y sociales. Porque no son Verdades Absolutas. Por lo que una sociedad que presuma de abierta debe escuchar los planteamientos varonistas y discutirlos.

 

La historia para Aldo es también algo moldeable a la propia subjetividad. ¿Relativismo? ¿Posmodernismo en el sentido vulgar? Puede ser. Resulta que los criterios para estudiarla pueden ser reemplazados por documentales de calidad dudosa y por “expertos” de blogs. ¿Entonces todos nosotros estudiamos en vano? Me has iluminado, Aldo. Claro, seguramente también verás a los historiadores como gente que somete al individuo con un relato diabólicamente legitimado.

 

 

El miércoles llego a Buenos Aires.

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