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Algunas razones por las que los libertarios NO han sido capaces de crear una “revolución” (“Y sí los comunistas”, 24/04/2015)

Posted on 24 Abril 2015 by Julián Arana

– Por César Oncoy.

Algunas razones por las comunistas fueron capaces de hacer revoluciones y los libertarios NO:

# 1- Los marxistas siempre entendieron que la tarea de la revolución es la toma (o la creación de) poder revolucionario. Por el contrario el “poder” es un palabra sucia (de hecho casi satánica) para los libertarios y anarquistas. Como consecuencia de esta falla fundamental para entender la tarea revolucionaria, tanto el anarquismo y el liberalismo son teóricamente lobotomizados y sólo puede producir revoluciones por accidente, en todo caso.

# 2-Los marxistas eran muy serios acerca de su tarea, por lo que desinteresadamente dedican toda su vida a ella, y estaban dispuestos a sufrir y morir por ella. La revolución libertaria es un juego de rol de internet y un divertimento para una subcultura marginal. Nadie va a morir por Rand Paul o el Instituto Cato. Nadie va a hacer barricadas para que los súper ricos puedan evitar el pago de impuestos, ni siquiera los súper ricos (que prefieren comprar los políticos en su lugar).

# 3-Los marxistas identificaron su base social entre las clases de personas que fueron brutalmente oprimidos y que tenía todas las razones para oponerse al sistema bajo el cual vivían. En la teoría y en la práctica, los libertarios identifican su base social entre las clases medias y superiores del sistema americano, que son tan cómodas y completamente mimados que se dedican a la política como un hobby y como vector para el juego de acción y crybabying interminable. La mayoría de ellos son tan débiles y rotos mentalmente que ya no puede funcionar sin la medicación psiquiátrica pesada. La izquierda moderna (por supuesto) hace lo mismo en la práctica (aunque no formalmente en teoría).

# 4-Los marxistas entienden que el orden político se basa siempre en el asesinato y el robo, y que la violencia, la agresión, el engaño y la subversión sería necesario destruirlo usando metodos a veces violentos. Los libertarios y anarquistas son en su mayoría moralistas que se ocupan principalmente de mantener su propia moralidad prístina y haciendo ruidos de mono sin sentido de indignación mientras van acicalándose sus alas angelicales. Para ellos las revoluciones solo lo hacen los locos, demonios y criminales. Las revoluciones son las mismas cosas brutales, sucios y despiadados que siempre han sido.

# 5-Los marxistas hicieron un estudio serio y profundo de la historia revolucionaria que les precedió. Como estudiantes de la revolución la mayoría de los libertarios son vagos y estúpidos. Los libertarios casi nunca estudian otra cosa que la revolución americana, e incluso entonces no aprenden nada útil de la misma. Los libertarios han gastado un orden de magnitud más tiempo y energía a debatir el supuesto asesinato de George Washington por los Illuminati que estudiando a nuestra propagandista revolucionario brillante Sam Adams (que inspiró a Saúl Alinsky).

# 6-El marxismo se dedicó a la construcción de un nuevo orden social, no tratando de resucitar uno viejo. El libertarismo nació durante la última era del liberalismo como un intento de purificarlo por un retorno a las raíces. Desde entonces el liberalismo (como tal) ha muerto, y ahora vivimos en una fase de un catastrófico post-liberalismo. Los libertarios liberales quieren volver a algo nunca existió, y el liberalismo que existió fue una experiencia temporal y local que ya ha terminado.Siempre fue una flor casa caliente, y ahora que la casa caliente ha sido derribado, se ha extinguido.

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¿Cómo cortejar a una hembra humana?: ¿un asunto cultural o universal? (“Hombres sobre mujeres”, 2da temporada, 2, 07/05/2014)

Posted on 07 Mayo 2014 by Gorka

¿Debe el hombre iniciar el cortejo? ¿Cómo debe fertilizar y en qué temporada del año? ¿Es válido que se inmiscuya el Estado? ¿O eso es comunismo?

cortejo caballo

¿Cómo cortejar a una hembra humana?: ¿un asunto cultural o universal?

 

 

Jhon Carrasco (25 años), marxista, hombre feministo especialista en Lipovetsky (y Simone de Beauvoir):

flor

El hombre debe emprender el cortejo siempre que la mujer se lo permita de manera expresa o es violencia de género. Por supuesto, esta violencia ya se ha naturalizado y la mujer es constantemente acosada. Esto es resultado de la historia. Vivimos en una súper estructura machista y heteropatriarcal donde salirse de la norma es prácticamente un suicidio social. Es la clase dominante la que determina prácticamente todo (incluso lo aceptable en el cortejo). Los piropos obscenos no son más que prueba de ello. Pero es claro que el hombre está en una relación ventajosa en relación a la mujer (por la súper estructura heteropatriarcal) como lo está una empresa en relación a sus empleados. Y no es una exageración. Hay un silencio tácito por parte de la mujer. Hay una dominación implícita que está en los ritos sociales de la modernidad. Y la mujer solo se contenta con supuestas actitudes igualitarias de sus pretendientes. El enemigo real no son las actitudes machistas sino la súper estructura que las justifica y multiplica. Seguimos siendo tribu y los hombres siguen pasando por una “maquinaria del privilegio”. Al hombre se le entrena para liderar, para estar por encima de otros hombre pero también para dominar sobre las mujeres. Un hombre correctamente formado por el heteropatriarcado es uno que entiende su rol dominante en relación a las mujeres. De ahí que en el ámbito laboral se contraten entre ellos excluyendo a la mujer del ascenso social que merecería (y cuando ceden, estas ganan menos por hacer lo mismo).

 

En conclusión, todo cortejo es violencia de género si la mujer no lo alienta. De otra forma estamos ante acoso, hostigamiento, violación, etc. La mujer es como una flor. Hay que saber regalarla con delicadeza y en cuotas adecuadas. Ni poco ni mucho. Pero si la flor hablara, te daría permiso o no te lo daría.

 

 

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Diego Vespucio (26 años), varonista libertario, activista por los derechos del gay y amante de prostitutas:

Aldo Andonegui y la cabra cortada

Es marxismo. El baboseo por la mujer atenta contra el hombre. Los individuos que piropean elevan el valor de la mujer creando diferencias sustanciales entre hombres y mujeres. La mujer es un bien escaso y el baboseo no hace más que encarecerla, mientras reduce el valor del hombre y lo convierte en un pegafantas, en un miserable. Por eso el hombre no debe ya cortejar a una mujer y debe acudir a la prostitución voluntaria. Debe abandonar el “mercado de seducción” e internarse en el “mercado de sexo pago” en el que encontrará una mujer a su gusto y a un precio adecuado. De esta manera el precio de la mujer se reducirá, verá cómo su número de pretendientes disminuye radicalmente y bajarán también sus exigencias. Y quizás hasta decida unirse a las filas de prostitutas que aparecen en un gran mercado de prostitución global cuando el Varonismo triunfe en el mundo.

 

El hombre no debe fertilizar para no caer en el chantaje legal que implicaría tener un hijo con una mujer. Y digo esto porque es muy probable que tenga al hijo aunque no lo quiera porque el matriarcado imperante le da todo el derecho a la mujer sobre el feto, mientras el hombre se vuelve un ser castrado sin voz ni voto. El hombre luego es obligado a formar una familia tradicional en el que él será el proveedor. ¿Les gusta eso?, feministas. El Varonismo acabará con estos bastiones del matriarcado: el cortejo y la familia tradicional. Implantaremos la “familia neo machista” o la “familia neo democrática” y en ambas las mujeres perderán todos sus privilegios.

 

El cortejo no es natural. Es un impuesto cultural del matriarcado. En verdaderas relaciones igualitarias, hombres y mujeres se esforzarían lo mismos y no habría los prejuicios que caen sobre ambos (el macho protector y don juan, y la mujer excesivamente receptiva). Y el Estado, al ser misándrico, querrá inmiscuirse para controlar la mente de los hombres y volverlos cada vez más esclavos y dependientes de las mal llamadas “mujeres decentes” que de decentes no tienen nada porque se dedican al chantaje sexual a cambio de dinero. Pero no es una transacción directa sino encubierta e hipócrita. Todo eso terminará cuando venzamos al matriarcado. ¿Una buena temporada para fertilizar? Exhorto a copular pero no a fertilizar… esto último marca tu final como hombre libre e independiente. ¡Muerte al marxismo! ¡Muerte a Maduro!

 

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Javier Garófalo (32 años), doctor en sociología, especialista en mujeres indígenas mexicanas y hombrista:

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No es así. Esta vez viajé a Guatemala, un lugar inhóspito y mágico. Es un campo de estudio que aún no he arado personalmente. Todo surgió a raíz de una charla con un antiguo profesor especialista en indígenas guatemaltecas. Tuve que suspender mis otros estudios debido a que mi esposa me prohibió tener relaciones sexuales con mis sujetos de estudio. Ya inicié los trámites del divorcio. Hasta ahora ha sido sencillo pero viene siendo duro para los chicos.

 

Esta nueva investigación inspirará un documental que planeo vender a Intereconomía y un libro titulado “Sexo salvaje: una civilización que se coge a la vida” sobre una etnia que se resiste a desaparecer. El primer día fue como en 1999 pero aquella vez analicé animales. No debía hacerlo y desaprobé la materia pero ahora veo los frutos de esa investigación. Existe un claro mimetismo animal presente en los ritos de las civilizaciones guatemaltecas así como en otras etnias. El cortejo no sería otra cosa que algo de inspiración animal. Ahora en el mundo urbano no es obvio porque está disfrazado pero seguimos haciendo bailes de apareamiento como si fuéramos pájaros.

 

 

En el video se puede ver paralelismos con la especie humana. En esta nueva investigación, que será un bestseller como “Mujer comunitaria: vaya a la cola” (muy vendida en España… particularmente en Sevilla), el caso más simbólico es el de Kekchico, un varón que salió victorioso en un ritual sangriento que le trajo un destino placentero pero mortal. Kekchico mata a alrededor de una decena de hombres a mano desnuda y es nombrado pogomchipeko. Con ese título se le declara el único hombre que puede traer descendencia en el año. Solo él, y ningún otro hombre, podrá copular. Kekchico entonces se prepara para la primavera en la que el resto de los hombres deben dormir muy temprano (alrededor de las 7 de la tarde). Kekchico entonces emprende la faena. Va de hogar en hogar y hace suyas las mujeres de toda la comunidad. Copula sin cesar por 5 días seguidos con todas ellas. Repite el procedimiento las veces que el cuerpo se lo permitan (la mujer que es inseminada más de 3 veces en distintas noches es considerada bendita). Pero en esos 5 días Kekchico no puede comer, ni beber ni dormir. Debe entregar su cuerpo al ritual. Al quinto día Kekchico muere de deshidratación y cansancio.

 

Nuestro ritual moderno no es mortífero en lo absoluto. Pero, por ejemplo, dar regalos es de inspiración animal. Así como mostrar la capacidad artística a la amada. Pero nos diferencia la cultura. Lo natural en el hombre es la cultura. Si en algún momento nos inspiramos en métodos animales, eso no significa que no aparezcan cambios por el devenir de la historia. Los ha habido. Es la invención humana. Hoy más que nunca hay individualidad, y hombre y mujeres deciden mediante códigos y señales (a veces muy locales) la manera del cortejo. Ya a nadie le sorprende una mujer que tome la iniciativa ni un hombre que no lo haga. Ahora hay de todo. Cuando tenga 60 años y sepa jiu jitsu, volveré a Guatemala y me convertiré en pogomchipeko. Será mi investigación final. Mi canto de cisne.

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Estado, capital en general y capitalistas: (12/05/2013)

Posted on 13 Mayo 2013 by maxaguirre

Corrupción y capitalismo.

Colaboración especial del economista marxista argentino Rolando Astarita.

capitalismo igual a corrupción

La posibilidad de que la corrupción se transforme en una palanca de acumulación reconoce un anclaje, en última instancia, en la contradicción que existe entre las funciones del estado, en tanto representante de los intereses del capital “en general”, por un lado, y los intereses de los capitales particulares, por el otro. Es a través de esta articulación específica que se despliegan las tensiones y conflictos en torno a la problemática de la corrupción.

 

El enfoque teórico más general de lo que sigue es tributario de la “escuela de la derivación”. La idea es que las leyes del movimiento del modo de producción capitalista, que actúan como tendencias, se relacionan siempre con el capital social total; pero éste sólo existe bajo la forma de capitales particulares, los cuales necesitan las condiciones materiales adecuadas para desplegar el proceso de valorización. El problema es que muchas de esas condiciones no pueden ser creadas por los capitales en particular; a veces, porque se trata de actividades que no rinden beneficios, otras veces porque no tienen la envergadura necesaria para encararlas, o por otras razones. “Se requiere entonces una institución especial que no esté sujeta a las limitaciones del propio capital, una institución cuyos actos no estén determinados así por la necesidad de producir plusvalor, una institución que es especial en el sentido de estar ‘junto a la sociedad burguesa y el margen de ella’ (Marx y Engels)” (Altvater, p. 91).

 

Esta institución es, por supuesto, el estado; “una forma específica que expresa los intereses generales del capital” (idem, p. 92). Por eso, el estado, junto a la competencia, “es un momento esencial en el proceso de reproducción social del capital” (idem), que por su naturaleza tenderá a expresar los intereses del capital en general. Pero esto no ocurre libre de contradicciones, ya que “el capital en general” solo existe a través de la guerra competitiva de los capitales singulares. De aquí que haya múltiples fuentes de tensiones. Por caso, el estado requiere trabajo burocrático (además del ideológico y represivo) que implica gasto improductivo. Ello implica un drenaje de plusvalía (a través de los impuestos), que cada capital en particular intentará reducir al máximo, pero que en interés del capital en general, no pueden bajar de ciertos mínimos. Asimismo, en muchas ocasiones el estado debe garantizar los intereses generales, por sobre intereses particulares. Por ejemplo, cuando impone reglamentaciones por las “deseconomías externas” que generan determinadas actividades (por caso, contaminación ambiental). Y a veces el estado debe imponerse sobre el conjunto del capital, para defender el interés de este mismo capital en general. Para dar un ejemplo histórico, en los orígenes del capitalismo industrial el afán desmedido de ganancias y la explotación pusieron en peligro la existencia misma de la clase obrera, por lo cual el estado británico impuso restricciones (a la jornada laboral, al trabajo infantil, etc.), a fin de preservar a “la gallina de los huevos de oro”.

 

Todo esto también explica por qué el estado no se adecua automáticamente a los intereses del capital en general, y por qué no siempre los gobiernos, o las instituciones, responden a esos intereses. Las fracciones en disputa permanentemente tratan de posicionarse de la mejor manera en la lucha competitiva, y el apoyo de organismos del estado es un recurso siempre deseado y buscado. A su vez, la actuación del estado, o de instituciones estatales, también estará condicionada, o respaldada, por las posiciones políticas e intereses que asuman las otras clases sociales, que pueden verse favorecidas, o perjudicadas, por la resultante de los conflictos en curso. Todo esto explica también que haya un impulso a la institucionalización de un “contra-poder” (Offe, p. 67), el cual actúa como “el mecanismo regulador destinado a garantizar una relativa autonomía al gobierno nacional” (idem) y a los diversos organismos estatales.

 

Esta dialéctica de unidad-fragmentación que subyace a la relación entre el estado y el capital, a su vez, puede explicar por qué la corrupción tiene una base estructural en la sociedad capitalista. Por un lado, es palanca de acumulación originaria para algunos sectores o capitales singulares. Por otra parte, los capitales que no acceden a las instancias que la posibilitan, tratarán de activar los mecanismos de contra-poder (jueces “independientes”, imperio de la ley, etc.) que garanticen la igualdad de las condiciones competitivas. Tengamos presente que esta última es una condición esencial de la acumulación del capital (la hermandad en la explotación del trabajo), a través de la cual opera la tendencia a la igualación de la tasa de ganancia. Si las condiciones de igualdad competitiva se debilitan, se entorpecen los mecanismos a través de los cuales se comparan y distribuyen los tiempos de trabajo social, se imponen sobrecostos a los capitales no favorecidos, y aumenta el gasto improductivo. Por eso, cuando desde fracciones de la clase dominante se exige acabar con la corrupción, no se está pidiendo acabar con la explotación: sólo se está reclamando el derecho democrático a participar en igualdad de condiciones en la extracción y reparto de la plusvalía. En este respecto, el estado no representa el bien general sino “sólo la articulación particular de intereses de una clase particular” (Marx).

 

En el plano ideológico, las fracciones desplazadas harán todo lo que esté a su alcance para que su causa sea leída como una “causa nacional” y democrática por la opinión pública. Es comprensible también que cuando los mecanismos de contra-poder se debilitan, y algunas fracciones del capital se apropian de “excesivas” porciones del botín, se intensifiquen los reclamos de “transparencia y moralidad”. Esto puede verse agudizado si los mecanismos de la corrupción van acompañados -como suele suceder- de formas bonapartistas en el régimen político. Los negociados, los sobornos, el blanqueo de dinero y similares, demandan el mantenimiento de los “secretos de estado” y el alejamiento de las amplias masas de lo que se cuece en las “altas esferas de la alta política”. Pero esto también puede afectar a las fracciones de la clase dominante que está excluidas de la fiesta. En cualquier caso, la intensidad de estos conflictos, sus ritmos y formas de resolución, incluidas las formas institucionales, estarán sujetos a las circunstancias sociales y políticas de cada coyuntura. Dejemos anotado que una cuestión a investigar es qué relación puede existir entre el nivel de desarrollo del capitalismo, y la medida en que los capitales “en general” hacen valer los mecanismos de contra-poder, que debilitan la posibilidad de que sectores advenedizos accedan a las palancas de la acumulación originaria.

 

Lumpen burguesía

 

Los mecanismos de la corrupción posibilitan que fracciones del capital mejoren sus posiciones frente a sus competidores, y también que personajes carentes de recursos se conviertan, casi de la noche a la mañana, en grandes capitalistas. Es una historia repetida, que reconoce tres pasos característicos: el saqueo originario, el blanqueo del dinero (que puede darse por vías ilegales, pero también legales cuando los gobiernos disponen “amnistías tributarias amplias”) y la puesta en marcha del negocio “legalizado”. Así, pasados algunos años, ¿quién se acuerda de que el ahora exitoso empresario X hizo sus primeros dinerillos en escandalosos negociados con la obra pública, o el contrabando, o la especulación dolosa en el mercado financiero, o por cualquier otro medio fraudulento? El dinero no tiene olor, y una vez puesto en el circuito del valor que da valor, todo se puede olvidar y perdonar.

 

Pero también está la alternativa del que no deviene capitalista “hecho y derecho”, sino permanece en la condición de lumpen burgués, vinculado al estado y a los circuitos financieros. El término lumpen burgués fue utilizado por André Gunder Frank para referirse a que los poderes coloniales buscaban adquirir recursos en las colonias y para esto incorporaban a las elites locales al sistema, las cuales se convertían en intermediarias entre los ricos capitalistas coloniales y los productores locales, explotados. Estas elites dependían de la intermediación y se quedaban con una tajada del excedente, pero no tenían raíz propia.

 

Pues bien, hoy podríamos hablar de lumpen burguesía estatal para significar esa capa de altos funcionarios del estado, que no sólo recibe plusvalía bajo la forma de salario, sino también se apropia de otra tajada en tanto intermedia y habilita el enriquecimiento, o la formación, de nuevos capitalistas, sin transformarse por eso en explotadora directa del trabajo. Por lo general, estos sectores acumulan en los mercados financieros internacionales (bonos, acciones, depósitos en cuentas externas), o en propiedad residencial (en Miami, por caso). Tienen una lógica especulativa, que ni siquiera es la del prestamista que gana en el circuito “dinero – más dinero”; aquí es “dinero que surge de la nada” y se reproduce de la nada, para blanquearse y fundirse luego con el capital financiero internacional. Se trata de una lumpen burguesía estatal y financiera, que no pasa al estatus de capitalista productivo; es una especie particular de parásito, un tipo humano desfachatado y dilapidador sin límites, habituado a realizar todo tipo de fraudes y engaños, en combinación con fracciones del capital privado, interno o externo. Es curioso cómo un amplio abanico de la izquierda K (peronismo de izquierda, militantes y ex militantes del PC, intelectuales estilo 6,7,8 y similares) disimulan, o incluso justifican, con las más diversas excusas, la existencia de este fenómeno.

 

Corrupción, clase obrera y movimientos sociales

 

Si bien los marxistas rechazamos la idea de que la corrupción es la principal causa del atraso económico, o de los sufrimientos de la clase trabajadora, en el socialismo siempre existió una aguda conciencia de sus efectos negativos sobre la clase obrera y los movimientos revolucionarios, o incluso democrático reformistas. La preocupación ya estaba en Marx y Engels. Por ejemplo Marx, en carta a Liebknecht del 11 de febrero de 1878, decía que la clase obrera inglesa había sido “la más corrompida desde 1848 y había terminado por ser el furgón del gran partido Liberal, es decir, lacayos de los capitalistas. Su dirección había pasado completamente a manos de los corrompidos dirigentes sindicales y agentes profesionales”. Marx y Engels también estaban convencidos de que la clase obrera británica se beneficiaba de la explotación que realizaba Gran Bretaña en el resto del mundo, lo que daba lugar a un “proletariado burgués” (carta de Engels a Marx del 7 de octubre de 1858). Y Marx se refirió incluso al rol negativo de las cooperativas obreras sostenidas por el gobierno prusiano; en carta a Engels, del 18 de febrero de 1865, decía que “el apoyo del gobierno real prusiano a las sociedades cooperativas… carece de valor alguno como medida económica, pero en cambio extiende el sistema de la tutela, corrompe a un sector de los obreros, y castra el movimiento”.

 

La idea de que la corrupción es un factor de dominio de la burguesía, y de desmoralización y desorganización de la clase obrera, también está presente, incluso de manera más aguda, en Lenin y en Trotsky. Este último, por ejemplo, llegó a decir que la burocracia sindical “es la columna vertebral del imperialismo británico”, y “el principal instrumento de la opresión del estado burgués”; pensaba que en los países atrasados el capitalismo creaba “un estrato de aristócratas y burócratas obreros”, y que los sindicatos se transformaban (era el caso de México) “en instituciones semiestatales” que asumían “un carácter semitotalitario” (véase Trotsky, 1977). En un texto de los años 1920 sostenía que la burguesía norteamericana, como antes había hecho la británica, “engorda a la aristocracia obrera para mantener maniatado al proletariado” (1975, p. 67).

 

Todo esto es aplicable a la actualidad argentina (y sospecho, a la actualidad de la mayoría de los países capitalistas). Históricamente, la clase dominante -a través del capital privado, o del estado- ha buscado dividir, desmoralizar, desorganizar a los movimientos sociales o críticos. Es conocida la historia de los sindicatos. Hoy la burocracia sindical es socia del capital y del estado, a través de múltiples conexiones, como el manejo de obras sociales, la administración del ingreso de trabajadores a las empresas, la participación directa en negocios capitalistas, con colaboración, o no, de instancias estatales, y otras vías. La burocratización trae aparejadas, inevitablemente, las prácticas burguesas y represivas al interior de las organizaciones obreras.

 

Pero el mal se extiende también a los movimientos de desocupados, a organismos defensores de derechos humanos, y de cualquier tipo. Por ejemplo, actualmente las cooperativas de desocupados opositoras del gobierno K son discriminadas en la asignación de recursos, en tanto las adictas son recompensadas de múltiples formas. De esta manera, se consolida un sistema de tutelaje y corrupción de dirigentes sociales, a cargo del estado. Los casos son muy conocidos, y no hace falta abundar en ello. Señalemos también el rol de la corrupción para convertir a intelectuales críticos en apologistas del sistema, o defensores de alguna fracción de la clase dominante. En esta vena, es frecuente encontrar esos sujetos en los cuales, y al decir de Marx, “el charlatanismo en la ciencia y el acomodo en la política son inseparables”. Como es costumbre, estos intelectuales “progres” dirán -sesudamente, faltaba más- que no hay que denunciar esta corrupción porque “le hace el juego a la derecha” o porque “desprestigia a los sindicatos, a los movimientos sociales, o a la política”. Según esta tesis, no habría que denunciar la corrupción y la represión de la burocracia sindical, aunque son principales factores del debilitamiento de los sindicatos, para no debilitar a los sindicatos. Y lo mismo se aplicaría al resto de las organizaciones; y a ellos mismos. Es, por supuesto, un razonamiento absurdo (aunque acomodaticio). Los marxistas son conscientes de que la emancipación de la clase obrera no se logrará ocultando los problemas y las contradicciones. La crítica debe ir hasta la médula, y el principio de toda crítica es el rigor.

 

Textos citados:

Altvater, E. (1977): “Notas sobre algunos problemas de la intervención del estado”, en H. Sonntag y H. Valecillos, edit., El estado en el capitalismo contemporáneo, México, Siglo XXI.

Marx, K., y F. Engels (1973): Correspondencia, Buenos Aires, Cartago.

Offe, C. (1988): “La abolición del control del mercado y el problema de la legitimidad”, en Sonntag y Valecillos, edit, citado.

Trotsky, L. (1977): Sobre los sindicatos, Bogotá, Pluma.

Trotsky, L. (1975): Sobre Europa y Estados Unidos, Buenos Aires, Pluma.

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