Capítulo 5: el amor de Luis Borja («Villa Laura (1986)»)

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Capítulo 3: QN7Y

 

-Se lució tu amigo, mamá.

-Déjalo, hijita.

-A mí me da risa.

-A ti todo te da risa, hermanita.

-Pero es verdad. La preguntan a mi esposo por quién votaría. Es absurdo, hermana.

-Hijita, Elías me dijo que viene la próxima semana. Me da gusto que estén escribiendo algo juntos.

-¿Qué?

-Dice que te va a traer textos sobre mí. Incluso mis primeros textos. Es un buen maestro.

-Yo no le pedí nada a ese señor

-¿Segura? Se veía emocionado

-A mi hijita le dijo Laura. Está loquito, pero es gracioso. Lo voy a leer seguido ahora que estamos acá.

-No hablen así de mi amigo. En sus mejores tiempos fue un escritor de referencia.

-Te odia, papá.

-No me odia, hija.

-Papito, ¿siempre fue tan gracioso? Ay, ya me dio ganas de escribir. Que traiga los textos. Le digo que soy Constanza.

-Hijita, no está tan mal. A mí me reconoció. Fue muy amable. Te recomiendo hablar con él. Es un caballero.

-No lo pareció, mamá.

-No. Seguro le dijiste algo.

-Es lógico. Algo le dijo la Constanza.

-Me voy con mis hijas

-¿Qué? Vamos a comer

-Ese señor me cae mal. Me dijo que vivo de las apariencias, que soy de clase alta y que viva Velasco

-(Risas) ¿Y no es verdad?

-Ya vuelvo, gordita.

-¡Mamá!

-Constanza, tu hermanita es muy agresiva. No lo olvides. Es loquita.

-Dejen dormir.

-Yo también sé pelear, mamá. Y tu amigo es grosero. Habla con él.

-Está bien, hija. Cuando venga, hablaré con él.

-Papito, ya despierta. Mercedes ya tiene listo el desayuno.

 

 

-¡Abuelita!

-¡Abulita!

-Mira, amor, Almita y Esmeralda.

-Niñas hermosas, vengan. Abracen a su abuela.

-Señora, los separé en dos mesas. ¿En cuál se sentará?

-Yo me sentaré con Regine

-Mercedes, juntemos las mesas

-Ya puse la mesa, señora. Solo falta decidir qué abuelo se sienta en qué mesa.

-I want a spot near to my father in law, the…

-¿Sí?

-But…

-Sugró, hagamos sorteo

-Nadie pidió tu opinion, Ferdinand.

-Though love

-Papelitos acá

-Ya, está bien. Puedes… armar-los-grupos, hijito.

-No le digas hijito, amor.

 

 

Regine – Zakura (13) – Constanza – Esmeralda (15) – Nasar

 

 

-Me tocó con Constanza. Ay, no.

-Tante Constanza est trés jolie

-Merci beacoup, Zakura. Toi aussie. Basta, Regine.

-Spanish, please!

-Sí, en castellano. Mi mesa, mis reglas.

-Zakurita no habla español, papito.

-Mi Esmeralda lo habla.

-Yes! ¡Sí! Hablo inglés también

-Papito, hablemos en inglés

-Esmeralda, ¿qué tan bueno es tu castellano?

-Es very bueno, abuelito.

-“Very bueno”. Constanza no le enseña bien.

-Mon anglais n´est pas bon non plus, maman.

-/Parlez vus commé ubis vulé/

-Qu´est-ce que grand-peré a dit?

-¿Qué dijo Zakura?

-No entendió

 

 

Boni – Amanda (15) – Ferdinand – Dante – Soul/Almita (10)

 

 

-Welcome to the mesa bonita

-/Mon íngles n´st pas trés bon, abuelita/

-Alors regarde les gestes, ma fille.

-Oui, Papa.

-Our daughters look very alike, Ferdinand.

-Like little Bonis. Like Abulita.

-But they have their /uníque/ qualities.

-Your English is very good, Ferdinand.

-/Televiyón/ makes it obligatory, madame.

-People love your show. French cuisine is astonish.

-Péruvienne cuisine has more misteries, my friend.

-And you are a writer, Dante.

-Not as good as your husband.

 

 

 

Capítulo 4: una burguesa

 

Ayer llevé todo el material que tengo de Boni. Balto me dijo que le pregunte si lleva a pasear. Quiere conocerla. La hija alabó toda mi literatura. Y me pidió disculpas. No sé por qué. Luego almorcé con toda la familia. Mi aprendiz vestía de forma recatada. Tenía la cara redonda, los ojos de su madre y unos modales algo toscos.

 

-No eres la de la fiesta

-Sí soy. Usted es muy gracioso.

-¿Qué opinas de Velasco?

-Que es feo, pero… la reforma estuvo buena.

-Grita una viva a Velasco y te enseño a escribir.

-¡Viva Velasco!

-Con convicción

-¡¡Que viva Velasco!!

-Admitida

-Yei. Bien.

-Yo le enseñé a escribir a tu madre. Ella estaba perdida…

-¿Va a enseñarme?

-Debes esperar. No se interrumpe al maestro.

-Oqui

-¿Ese perro habla francés, no?

-¿Qué? Ah, sí. Y un poco de inglés.

-El primer ejercicio literario será un diálogo entre ese perro y tú.

-Mais il parle francais

-Lo traduces

-Ahmm… no sé. Se ve difícil. Ya vuelvo.

 

 

-Elías, ¿cómo estás?

-No jodas. ¿No ves cómo estoy? Calvo. Estoy calvo.

-¿Ya pudiste recordar?

-Recordar… ¿Recordar qué? No estoy senil. Pero dicen que tú sí.

-Tú dices eso desde hace años.

-Desde hace 20 años. Y no me equivoco.

-Estás algo alterado.

-Mi mujer se fue a visitar a mi hijo.

-¿Sí? Pensé que te había dejado.

-No jodas. Ella es mía y solo puede ser mía.

-¿Y cómo escapó?

-Dejé la jaula abierta.

-Si mi hija te escuchara…

-Dime una cosa, Nasar. ¿Boni está molesta conmigo? La otra vez creo que discutimos. Qué raro.

-Ella nunca se molesta.

-Ya volví

-Regine…

-¿No tenía otro nombre?

-Laura Regine… Constanza

-Bueno, Elías, ¿Mercedes te trajo galletas? ¿O limonada?

-¿No ves que no?

-No te pases, Elías.

-Yo le traigo la limonada. Sin azúcar.

-¿Por qué sin azúcar? Ponle mucha azúcar.

-Elías, ¿esos son los primeros textos de Boni?

-Sí, de cuando Luis estaba vivo.

-Luis…

-¿Te sigue persiguiendo, no?

-Aquí está la limonada, señorino.

-¿Y Mercedes?

-Yo puedo servir, papito.

-Eres muy elitista, carajo.

-Elías, acá no usamos esas palabras.

-Uy. Snob.

-Mira… hijita. Estos son los primeros textos de tu madre.

-Oh, mamita. Súper.

-Señor, ¿nos los va a regalar?

-¿Regalar? Si me pagan en dólares, se los dejo.

-No, no es bueno aferrarse. Boni no querría tenerlos.

-Papito, ¿y por qué decides por mamá?

-Es que tu papá no quiere recordar algunas cosas.

-¿Cuánto quiere?, señor.

-Son un regalo para tu madre.

-Yei

-¿Qué es lo que no quieres recordar?, papito.

-A Luis Borja.

 

 

 

Almuerzo:

Ferdinand (47) – Regine (35) – Almita (10) – Azucenita (13) – Amanda (15) – Esmeralda (15)

 

Monterroso (78) – Boni (66) – Nasar (80) – Constanza (40) – Dante (42)

 

-¿Por qué dos mesas?, querida amiga.

-Mi esposo… dice que es algo lúdico.

-Lo es. Es más fácil conversar así. Cada día tenemos grupos diferentes.

-Señor Monterroso, ¿cuál de las niñas se parece más a mi mamá?

-¿Eso le vas a preguntar?, amor. He is the author of “González”.

-No hablemos de literatura.

-¿No? Señorita, en la mesa todos somos escritores.

-Ya soy señora.

-Está joven. Permítame decirle señorita.

-Ya ves, hijita. Elías es un caballero.

-No hablemos de literatura entonces. Hablemos de la memoria. A nuestra edad realmente se va fragmentando.

-No jodas… Perdón. Hablar de eso es hablar de tus libros.

-Hablemos de Luis Borja, mi primer amor.

-¿Fue tu primer amor?, mamá.

-Elías me pasó mis primeros textos. Luis fue un gran amigo. Tenía mucha imaginación.

-Disculpen. En unos minutos traigo la comida. Les dejo dos jarras de limonada. Ya traigo los vasos.

-Cuando lo conocí, él era alguien muy pesimista. Me alegra saber que le traje algo de luz a su vida.

-Luis Borya

-Borja, amor.

-Borja es el protagonista de su primera novela, Nasar.

-“El día que olvidé el día”

-Un nombre estúpido. Perdón. No me gustó ese título nunca.

-¿Y “¡Gonzáles!” es buen título?

-Claro, le gritan al protagonista. Algo pasa. Siempre pasa algo en mis novelas. Y están en presente. Le gritan en presente.

-Hijo, ¿y cómo es la novela en la que estás trabajando?

-No le digas hijo…

-Papá…

-Me inspiré en uno de sus textos. Es un Dios que tiene secuestrados a todos, en un bucle temporal.

-Hijo, ¿y cómo eso se relaciona con la actualidad de tu país? Vivimos grandes cambios.

-No empieces, mamá.

-A los jóvenes eso ya no les importa. Son todos unos hedonistas. El capitalismo les ha comido el cerebro.

-No empiece, señor.

-Bueno, la literatura es entretenimiento.

-No te atrevas.

-Relájate, Elías. ¿Qué le vas a hacer al muchacho? ¿Una columna?

-Esas me las guardo para mis compatriotas.

-Bueno, hijo, ¿y este Dios que quiere?

-Su hija agoniza y él la lleva a un sueño en el que puede ser feliz. ¿Es esa felicidad mejor que la realidad, vale más que la mentira?

-¿Puede ese Dios ver a su hija en ese sueño?

-Sí puede.

-Entonces vale la pena.

-Hijo, ¿la alternativa es dejarla morir? Yo creo que la respuesta está clara. Aunque… ¿esa mujer está enferma?

-Está agonizando. Sí. Sí, señora.

-Quizás lo mejor es darle un gran último sueño, pero también una gran despedida.

-Amor, Boni, ¿pero no sería bonito vivir en un sueño para siempre?

-Esposo, yo creo lo mismo que mamá. Ese Dios debe despedirse. Su hija no dejaría que su papá se aferre. Y si ese es su deseo, su papá debe respetarlo.

-A ver, Nasar, ¿quién quiere vivir en un sueño? Que es lo mismo que vivir en una mentira. Solos los cobardes y los capitalistas. Claramente ese sueño son las drogas. Porque tu yerno es drogadicto.

-No digas disparates, amigo.

-Pero, Boni, se ponen a teorizar cosas que no importan. Los jóvenes le temen a la realidad. Le temen a la buena literatura.

 

 

El almuerzo tuvo postre. Una torta sabor a limón. Le llevé un poco a Balto. No le gustó mucho. Me dictó su crítica. Y la escribí, pero no sé dónde la dejé. Nasar conversó con el muchacho en privado. Parece que este es imprudente con su carro. Y parece que es drogadicto como asumí. Y parece que Nasar le quiere regalar la casa. Lo entiendo. Quedarse solo es lo peor. Él se acercó al muchacho, con esa mirada profunda que tiene. Esos lagos negros. Y esas cejas ya caídas, impotentes, invernales. Y él de selva negra, de ojos del café.

 

 

-Suegro

-Dante.

-Sí…

-¿Te gusta el lugar?

-Sí.

 

-Yo amo a su hija.

-No pudiste protegerla.

 

-Lo sé

-Eres débil. Quédense. Yo los puedo proteger. Tienen todo lo que soñaron acá. No tiene que exponerse a nada. Acá puede ser feliz.

-No puede decidir por ella

-Sí puedo. Yo puedo hacer lo que sea.

-Usted la ama.

-Sí, más que nadie. Más que tú.

-Deje que ella decida. Por favor.

-No pudiste protegerla

-Yo la salvé

 

 

 

 

     Las recetas de Regine

 

 

Capítulo 12: desayuno de menta (1969)

 

 

Papito dormía. No en su cama. Sobre su escritorio en el centro de la biblioteca. Ahí guardaba sus tesoros. Ese día empezó. Vi el piso empapado, como si él hubiera salido del mar.

 

En mi sueño, él dormía. Le grité. Le grité más fuerte. Hasta que le pegué en la cabeza y se tuvo que voltear. Me abrazó. Lo vi joven. Cachorrito. Bueno, como de 30. Se paró y no me dijo nada. Dejó 3 textos a medio escribir. Uno de ellos hablaba de Constanza, de Dante y de ese otro mundo, el que creó hace unos años para “Tungsteno”.

 

Yo me soñé en él. Me vi como la hermana mayor, en una nave. Era poderosa, pero me sentía sola. Mi nombre era Agatha.

 

En la novelita, Constanza nunca conocía el amor. Y muere en una guerra. Pero lo más bonito es su entrenamiento con los extraterrestos. Le enseñan a curar. La enseñan sobre su mundo, sobre su música. Y ella se despide de ellos.

 

Miré los apuntes de papá en la realidad. Con esa letra fea que tiene. Ahí decía que Constanza conoció el amor. Un soldado y tenía el nombre de su esposo: Dante.

 

Papá dormía.

 

Lo vi en su camita y decidí bajarlo para que tome desayuno. Lo puse sobre mi hombro derecho y sentí que se me abría el vientre. Pero seguí, con cuidado y con papito. Ay, pudo ser tragedia. Soy loquita. Loquita y viejita.

 

Lo senté en una de las 3 mesas. Constanza me miró fijamente y no dijo nada. Papito seguía con sueño. Revisé los platos que quedaban (los estaba lavando, pero me aburrí -por eso subí para ver a papito-).

 

En la mesa vi el pastel a medio comer. Y una mosca cerca. La chiririnka.

 

Mamá no me deja ayudarle con el desayuno. Es su cocina. También se molesta cuando me quedo pensativa y miro su comida. O cuando le hago comentarios. Por eso el desayuno siempre es suyo. Los huevos sancochados, la fruta picada y hoy puré con milanesa. A papá le encanta el puré. La textura no es perfecta. No se lo digo. No está vez. Otras veces se lo comentaba. Ella me preguntaba emocionada por su comida y yo siempre era sincera. Hoy me hubiera gustado decirle que era perfecta. Porque lo era. Ay, mamá, tu comida es recuerdo.

 

Lavé los utensilios, mientras Constanza barría y acomodaba a papito en la silla. No lo puse sobre la mesa. No me tomen de loca.

 

Le preguntaba a Constanza por mis postres y por los que hice con mamá. Me decía que los míos eran feos y que los de mamá eran mejor. Mamá se ponía seria y ya la Constanza no comentaba nada.

 

Benji mordía a papá. Era bebito. Constanza lo abrazaba, todo para no seguir barriendo. Yo la miré molesta.

 

Papito despertó y seguía con los ojos entreabiertos. Le dije que el desayuno ya casi estaba. No recordaba haber dormido en la sala.

 

Nunca supe los nombres de los escritores. Solo el del señor Arguedas y el colombiano. Constanza había pedido autógrafos para llevárselos a su esposo.

 

 

-Gracias, esposa. Nunca está de más un buen puré de espinacas.

-Tú y tu puré, papito -le dije recordando que soñé que le di un coscorrón-

-No me tutee, señorita, hijita.

-Está bien, papito. Lo soñé hoy.

-Quedó postre, Nasar. Ahora lo traigo.

-Mamá, extrañaba tanto este mango. No sabe igual que allá.

-No te escuchó.

-Calla, gordita.

-¡Mamá!

-¡Ya voy, hija! ¡¿Te pegó?! -grita mamá siempre que va a la sala por la otra refrigeradora-.

-¿Cómo fue tu sueño? -dice papá luego de masticar el último pedazo de milanesa-.

-Adivina.

-Adivine.

-Adivine

-Papá no quiere adivinar. Dile.

-No, adivine.

-A papá no le gustan los juegos.

-Papá es el rey de las cartas, ¿no? El jueguito.

-Bueno, sí… Papá, adivine. Hágale caso a esta loca.

-Acá está la torta. Miren, niñas. De menta.

-Por papá…

-No pongas esa cara -la imito-. Es su favorita.

-Soñaste…

-¿Qué? ¿Quién? ¿Cuál de mis hijitas?

-Yo

-Soñaste que yo era un extrate…rresto.

-Sí, ¿cómo sabes? Sabe. ¿Cómo sabe? ¿Quién le chismeó? ¿La Constanza?

-¿Cómo puedo saber tu sueño?, loca.

-Leíste mis notas, hijita. ¿no?

-Sí, papito.

-Hija, ¿y papá era bajito y gris?

-Solo le falta ser gris.

-No se pasen. Mamá, tú… no te rías -se ríe la niña seria también-.

-Amor, voy a reescribir la historia de Constanza. El personaje.

-Sí, mejor. Ya me hiciste caso. Ese final todo feo. Ese finalito nunca me gustó.

-Mamá, es solo ficción. Yo soy la de verdad.

-La de la ficción es mejor. Esa Constanza tiene sus amigos extraterrestos y hacen música. Y curan. Y todo.

-Yo también curo. De hecho, yo curo enfermedades reales, a persona reales.

-Al señor Arguedas le gustó “Tungsteno”. Dice que era el menos malo. Eso dijo. O sea, el mejor texto.

-Qué lástima lo del señor.

-Sí, mamá. Solo hay tratamientos experimentales. No le pude asegurar nada.

-La otra Constanza lo hubiera curado.

-Ya, niña.

-Hija, eso es injusto.

-Ya, mamá.

-La realidad es dura, hermana. A veces hay que aceptar que nada se puede hacer. No dejo que eso me consuma.

-Sí, Regine. Tu hermana y yo siempre sabemos de pacientes graves. A veces es mejor irse. El cuerpo sufre.

-No, mamita. Usted y papá van a vivir 50 años más.

-¿Más de 100 va a vivir tu papito?

-200. Igual tú, mamá. Vas a ver a tus nietas casarse. Les debes dar consejos cuando ya sean mayorcitas.

-Qué flojera vivir tanto, hijita. ¿Para qué?

-Para comer. La vida está hecha para comer.

-Solo en comer piensa la gordita.

-¡No me digas así!

-Niñas, lo importante es que hoy estamos juntos. Y les agradezco por venir. Su mamá y yo nos emocionamos al verlas. Nos llena de orgullo verlas madres.

-Sí, y son mejores madres que yo…

 

-No llores, mamá.

-No llores, mamita. Estás con nosotros.

-Gracias, hijas -Me acerco a abrazar a mamá y mi hermana hace lo mismo-.

 

 

 

 

      Villa Laura (1986)

 

 

Capítulo 5: despedida

 

Boni deseó, en los últimos segundos, volver a enamorarse. Nunca pensó que sería la primera en partir. Su esposo, afectado parcialmente por la demencia, intentaba recordarla. Ya no veía el brillo en sus ojos. Ahora esa luz vivía en su hija, una mujer de 40 años, escritora como ellos dos.

 

En sus últimos minutos soñó que la enfermera era una de sus hermanas. Y luego soñó que era una condesa. Aquella noche fue la primera vez que habló con Erzsébet. Se le presentó como una mujer joven con unos ojos hermosos, como los de su juventud.

 

La alguna vez condesa tomó la mano derecha de Boni y la consoló. Le ofreció no morir solo si dejaba que sus existencias fueran atadas. Sus hermanos ya eran libres. Uno de ellos incluso conservó su vida. Boni aceptó y supo a qué día volvería.

 

Había leído ese encuentro fallido muchas veces. Despertó ese día y se paró a las 2 y 15 de la tarde en un pasadizo que por poco era asfixiante. Era un mercado estrecho. Y ella era casi una niña. Esperó, como antes, a que la señora encontrara los hilos que jamás encontraría. Esperó mirando a la izquierda hasta que vio venir a Luis Borja. Ella lo miró todo el tiempo. Fueron casi 3 segundos en los que solo ellos dos existían en ese mundo. Ella lo saludó antes de que él bajara la mirada. Luis pareció sonreír sorprendido. “¡Señorita!”.

 

 

-Boni, tienes canas.

-Tú también, Luis.

-¿Ha sido una buena vida?

-Me casé con Nasar. Él me cuidó, me respetó. Tengo hijas.

-Te veo feliz.

-Sí, pude tener amor. Lo siento por ti. No pudiste…

-No, sí pude, Boni.

-¿Sí?

-Boni, tú fuiste mi gran amor. Yo también te quise.

 

-Estos lagos me recuerdan a tus ojos.

-Yo también te quise.

-Lo sé.

 

-Perdóname

-Te lloré por mucho tiempo

-Ahora estoy acá

-Esa mujer…

-Es tu mamá. Ella me invitó.

-¡Mamá! ¡Mamita!

 

-Abrace a mamá. ¿Le van a hacer su misa, no?

-No lo sé, mamá. Estás joven, mamá.

-Tú también, hijita.

-¡Luis!

-Señorita, nunca pude verla así de joven

-Luis, tenemos la misma edad, míranos.

-Te dejo hablar con tu amigo. Te esperamos en la mesa. Están tus hermanas. Tu papá también. Pero ya quiere irse.

-¿Papá? Él es así.

 

-Luis, ¿vamos con mi familia? Quiero que veas a mis hijas.

-No puedo, Boni. Me quedaré aquí. Pero te veré luego.

-No

-¿No?

-Ven conmigo, Luis. Por favor. ¿Sí?

-Está bien, Boni. Vamos.

 

 

 

 

Capítulo 6:

 

Hay plantas inmortales como los árboles. Y otras que tardan mucho por florecer y luego mueren. Y otras que alcanzan el milagro de florecer dos veces. El milagro de ver a sus retoños a su lado y despedirse en la felicidad absoluta.

 

Este es mi hogar, un homenaje a mi madre. Villa Laura reúne en verano a sus hijas y a sus nietas. Hacemos postres, vestidas todas iguales, con cabellos oscuros, ojos profundos, narices bonitas y tímidas (de conejo, como Boni).

 

Ya ha pasado un año. Entiendo la muerte, como el capítulo final. Pero mi cuerpo la extraña. Mi cuerpo pide abrazarla. La veo, como imagen feliz, en la sala, junto a la tele. Con mi papá sintiéndose jovencita. La veo cuando Regine hace bromas. Cuando yo beso a mis hijas.

 

La veo cuando las niñas juegan a las escondidas y las chapadas, y no está ella para esconderse. Ni mis hijas para fingir que no la ven. Almita tiene sus gestos, su timidez.

 

Este árbol, Leonora, abraza a las otras, las anónimas. Y hoy me siento acá, como cuando mamá venía a meditar. Lejos de casa. O cuando no quería ver a papá.

 

Hoy vine a visitar a mi padre. Se niega a salir de casa. Es triste este lugar sin tanta gente. Sin ella.

 

Vi sus lágrimas recorrer sus lunares. Desde el ojo derecho, el más cansado, hasta confundirse con el sudor de su nariz y luego con sus labios.

 

“¿Crees que todos queremos vivir para siempre?, yo no. Quiero la imagen de la que siempre hablaste. Morir viendo a mis hijas, a mis nietos, a mi esposo. Mi madre tuvo eso”, le dije ya más calmada.

 

“Papá, déjame hacerla inmortal, a mi manera. Deja que ella viva en mis relatos”. Mi papá volteó y se sentó junto a sus libros. Y yo me acerqué a él, como cuando era una niña. “Papá, deja que el mundo sepa de Boni”. “El mundo ya conoce a Laura”. “Sí, papá, pero no conocen a la chica de la que te enamoraste”. Él no dijo nada. Solo sonrió. “Ella va a existir para siempre, papá. Incluso con sus defectos. Incluso con su frialdad y con la curiosidad que la apartaba de nosotras. Al final, ella va a estar ahí, para abrazarnos y conversar con nosotros. Para hacer postres que nos unan. Para aconsejarme. Para convertirse en Laura”.

 

“Entonces que sea a tu manera, mi Constanza”. Eso me dijo. Sigue encerrado, escribiendo sobre realidades más felices. Sigue imaginando a Laura.