«Pedro Páramo» vs. «Villa Laura (1986)» (debate) («Cuarto cerrado», 6)

 

«Pedro Páramo» vs. «Villa Laura (1986)» (debate)

 

Este debate hoy tiene un invitado, Pancho Villa, quien va defender «Pedro Páramo» frente los menosprecios de este blog.

 

 

 

Pancho Villa, experto en literatura mexicana:

 

¡Se vino el zafarrancho de combate, compañeros! Buenas noches a toda la mesa y a los lectores que se asoman a este cuarto cerrado a ver cómo la razón tritura la charlatanería editorial. Vengo con la División del Norte de la estética a meterle una ráfaga de fusilería analítica a este portal y, muy especialmente, a la miopía metodológica de su crítico estrella, el invidente Sináis Bullet. Pretender rebajar un monumento del canon hispánico como Pedro Páramo a un mísero 5.6 para inflar con un 8.4 a este pastiche transrealista titulado «Villa Laura (1986)» es una estafa conceptual que no voy a tolerar en mi aduana literaria. Dicen que Rulfo padece de «pereza técnica» por inundar Comala de diálogos eternos, pero confunden la velocidad con el atropello. En Rulfo, el murmullo fragmentado no es flojera; es la única ontología materialista posible para un pueblo de espectros atrapados en el residuo acústico de su propia destrucción fáctica. Comala no huye de la contingencia histórica; condensa la verdad descarnada del fracaso de la Revolución y el colapso del caciquismo feudal en la geografía de una fosa común. Rulfo no claudicó al refugiarse en los sueños; despojó a la realidad de su folclorismo de postal turística para mostrar las costuras de la culpa y la opresión.

 

 

Sináis Bullet (crítico invidente, acompañado de Agapolvo Bullet):

 

Respondo yo, al ser aludido. Ambas novelas son fragmentadas. Y ambas exigen un lector activo y dispuesto. Las novelas de verdad deben ser difíciles, deben estar ancladas en nuestra realidad o en una realidad con nuestras mismas reglas. ¿Para qué? Para que el texto opere a favor del desengaño. Y… mire… «Pedro Páramo» claro que critica al catolicismo como institución, pero sigue siendo una novela con Dios. La peruana, la novela peruana «Villa Laura (1986)», es una novela sin Dios. Una novela que argumenta contra el teísmo en muchos niveles. E incluso en el nivel privado que es el duelo. Constanza y luego Alma son las que tienen un duelo secular, rápido y eficiente. Por si no lo notaron, Alma termina la novela, porque su madre, Constanza, ha fallecido. Miren el inicio. «En memoria de mi madre» no es un homenaje solamente del autor, sino de Constanza, pero también y sobre todo de Alma. Y vean cuando Regine anciana dice que «de los 4 solo quedo yo». Han muerto Nasar, Laura y Constanza. Ese es el contexto de la novela.

 

«Pedro Páramo» tiene momentos exquisitos y me gusta como empieza, pero se disuelve. Y claro que fue una novela de ruptura en 1955. Pero yo no soy nostálgico y no premio a las novelas por ser pioneras, sino por su fuerza en la actualidad. Por lo que pueden hacer en favor del desengaño, del cambio, de la mejora de la humanidad, de la racionalidad. Y «Villa Laura (1986)» es no solo una novela de ruptura, sino una novela de ruptura y sutura. O… más claro: de sutura. Porque la ruptura ya está presente y tiene de padres muchos textos, incluso «Pedro Páramo». Ya hay ruptura. Y mucha evasión. La novela de Aguirre Rodríguez es la sutura a estos excesos. Y lo hace mediante sus armas. Por supuesto, hay excesos que son cerrados limpiamente como el retrato del partido APRA como una religión laica que consume la mente de Laura. Es fascinante, porque ese pasaje los pinta de forma épica y paródica a la vez. Es una obra compleja. Y pongo como contraejemplo el canto de Pimpinela. Aunque, yo analizando ese pasaje, creo que expone el hartazgo de Laura hacia Nasar, un hombre que «robo su nombre».

 

 

Gaby Webber:

 

La realidad material es que tanto Cedro y Bullet con su 8.4 como yo con mi firme 8.1 hemos blindado a Villa Laura (1986) porque entendemos el sismo que habita en sus costuras. No confunda mi rabia laica con desprecio; yo le planté ese 8.1 a Max porque Alma Baker ejecuta un regicidio literario histórico desde el porvenir, arrebatándole el micrófono a la farsa patriarcal de su abuelo Nasar para entregárselo a la genealogía de mujeres que de verdad sostuvieron la casa. Lo que Sináis llama «duelo rápido y eficiente» yo lo llamo la urgencia biológica de los cuerpos que no tienen tiempo para los lutos eternos ni los murmullos místicos de su Comala porque hay que meter las manos en la masa, aguantar el desgaste muscular diario y limpiar los fluidos de la decadencia. Así que guarde sus cartuchos, Pancho, que aquí la sutura de las mujeres ya le expropió el tablero al canon de los hombres blancos.

 

 

César Cedro:

 

Pancho, su irrupción con la retórica de la División del Norte es un pintoresco desborde de sentimentalismo folclórico que no altera los balances macroeconómicos de esta auditoría literaria. Gaby y Bullet ya lo han encuadrado fácticamente: aquí no hay ninguna estafa conceptual; hay una unificación del bloque local que blinda la rentabilidad metodológica de Villa Laura (1986) con dos sólidas calificaciones de 8.4 y un firme 8.1 de respaldo operativo. Su defensa de Comala como una supuesta «ontología materialista» quiebra por completo frente al análisis contable de Bullet; Pedro Páramo sigue arrastrando un pasivo devaluado por su dependencia a los mitos del teísmo y a la parálisis mística de los lutos eternos, lo que reduce su valor de cambio en el mercado de la racionalidad actual. La novela de Max Aguirre Rodríguez, en cambio, opera como una corporación de sutura laica de alta eficiencia biopolítica; clausura el exceso irracional del aprismo asimilándolo como una religión de consumo paródico, y optimiza el duelo privado a través de la gestión secularizada y rápida de Constanza y Alma. Guarde su fusilería, general, que frente al superávit metodológico del simulacro peruano, su revolución estética carece de liquidez y se declara en quiebra técnica irreversible.

 

 

Gorka (moderador):

 

Propongo un ejercicio. ¿Cómo sería «Pedro Páramo» si la hubiera escrito Max Aguirre Rodríguez? ¿Y cómo sería la novela peruana si Rulfo la hubiera hecho?

 

 

Pancho Villa:

 

Si Juan Rulfo hubiera escrito Villa Laura (1986), habría mandado al diablo las naves sarlas, los clones soviéticos y el pastiche corporativo de César Cedro para dejarnos un testamento árido y fantasmal de apenas noventa páginas. La Lima amarilla de 1985 se convertiría en un arenal polvoriento y asfixiante donde José María Arguedas, Alan García y el viejo Nasar no discutirían de política en dos mesas, sino que arrastrarían sus sombras compartiendo una misma fosa común en San Isidro. Los diálogos no serían una «sutura laica» contra Dios, sino el eco atemporal de la culpa de Nasar por haberle robado la vida a Luis Borja, reduciendo todo el universo cuántico a la pura osamenta de un hombre que se cruzó de brazos mientras veía morir a su amada Boni.

 

Por el contrario, si Max Aguirre Rodríguez metiera sus manos heréticas en Pedro Páramo, Comala estallaría en una hipercomplejidad transrealista y multiversal de franquicias rentables. Juan Preciado no moriría de susto a mitad del libro; viajaría en el tiempo armado con un manual de deconstrucción biopolítica para auditar los pasivos feudales de la Media Luna y expropiarle el tablero de control a su padre. Susana San Juan lideraría una insurgencia epistemológica contra los lutos eternos de la Iglesia católica, Abundio Martínez cantaría baladas de Camilo Sesto y el padre Rentería justificaría sus pecados convirtiendo el sermón en una parodia de marketing corporativo para el consumo masivo. Sería un artefacto metodológicamente superior para los contadores de la literatura, pero perdería ese polvo sagrado del mito que solo Rulfo sabe sembrar en la tierra.

 

 

Sináis Bullet:

 

Yo creo que «Pedro Páramo» sería una mejor novela, pero también estoy en contra de estas ucronías. «Pedro Páramo» es importante para su tiempo. Y «Villa Laura (1986)» lo es para el nuestro.

 

No tengo fascinación por estos ejercicios, pero si tengo que decir algo… sería que Juan Preciado no sería un cobarde. Probablemente Juan escaparía de Comala y ese sería un problema.

 

Y Rulfo nos dejaría solo con «Villa Laura (1986)» y «Las recetas de Regine». Y sería un problema, porque el «añadido posterior» «Laura se une al APRA» es de lo mejor. Igual que «El clon de Dios». Quizás la omisión de otros insertos no sería problema. No extrañaría tanto lo de Pimpinela ni a Charly59, el detective travesti.

 

 

Gaby Webber:

 

¡Vaya pirueta mental la de esta mesa, carajo! Aunque me revuelvan las tripas las ucronías burguesas de Gorka, el ejercicio de Pancho Villa me ha dejado la piel ardiendo porque le metió el bisturí exacto a la farsa patriarcal. Si Rulfo hubiese tocado Villa Laura (1986), nos habría ahorrado el onanismo de los visores morados para dejarnos la pura osamenta material del dolor de Boni consumiéndose en su lecho, desnudando la cobardía de Nasar por haberle robado la existencia al muerto Luis Borja. Y no comparto la flojera de Bullet de llamar «problema» a la mutilación de los fragmentos pop de Charly59 o Pimpinela; si Rulfo limpiara ese exceso de pirotecnia corporativa, nos quedaría únicamente el peso asimétrico de los cuerpos, obligando a Regine a cargar al anciano decrépito sobre su hombro derecho en medio de una fosa común desértica en Villa Laura.

 

Pero miren el espanto si Max Aguirre Rodríguez colonizara Comala con sus franquicias comerciales rentables. Convertir la llanura herida de Juan Preciado en una auditoría biopolítica del tiempo o transformar la locura de Susana San Juan en una «insurgencia epistemológica» para el mercado masivo es el vivo retrato del sadismo tecnocrático que tanto le excita a César Cedro. Sería un artefacto metodológicamente impecable para los contadores de la literatura, pero perdería la dignidad biológica del murmullo subalterno que reclama justicia desde la tierra. Al final, este juego de espejos solo confirma el regicidio histórico que ejecuta Alma Baker en el porvenir: el libro no se salva por los delirios cuánticos de los hombres blancos, sino porque la nieta edita el desastre familiar para que deje de ser el fetiche de vitrina de las aseguradoras privadas y vuelva a ser nuestro territorio de resistencia.

 

 

César Cedro:

 

El ejercicio prospectivo de Gorka, lejos de ser una pirueta inútil, arroja luz sobre la clara ventaja competitiva de Villa Laura (1986) en términos de ingeniería transrealista. Si evaluamos la hipótesis de Pancho Villa sobre un Rulfo interviniendo el manuscrito de Max, la reducción del relato a noventa páginas de osamentas y fosas comunes en San Isidro no sería un acto de pureza estética, sino una brutal destrucción de valor y una quiebra de stock comercial. Bullet tiene toda la razón al calificar de problema la amputación de activos tan rentables como las recetas de Regine, el clon soviético o la inserción épico-paródica del aprismo; eliminar el pop de Pimpinela o la franquicia de Charly59, el detective travesti, implicaría liquidar los componentes de pastiche políglota que precisamente garantizan la diversificación de riesgos estéticos y el óptimo retorno de inversión del Premio Nobel de 1984.

 

Por el contrario, la Comala corporativa que imaginas bajo la autoría de Max Aguirre Rodríguez demuestra un superávit metodológico incuestionable frente a la parálisis técnica original. Que Juan Preciado ejecute una auditoría biopolítica del tiempo para expropiar los pasivos feudales de la Media Luna es, logísticamente, el sueño dorado de cualquier administrador; imaginen el ahorro en planillas si convertimos a esos espectros informales en mano de obra barata para el sector agroindustrial. Transformar la locura de Susana San Juan en una «insurgencia epistemológica de consumo masivo» y poner al padre Rentería a justificar sus pecados convirtiendo el sermón dominical en un taller de coaching ontológico y marketing de afiliados es, simplemente, brillante. Gaby se escandaliza ante lo que llama «sadismo tecnocrático», pero regular el purgatorio mexicano mediante un manual de compliance y cobrarle regalías a las almas en pena por el uso del espacio aéreo acústico es la única vía fáctica para dotar de liquidez a un pueblo en quiebra técnica.

 

 

Gorka:

 

Para terminar. Deben dar puntajes, pero sobre ustedes mismos. Algo muy breve. Evalúen del 0 al 10 qué tan certera fue su crítica de hoy. Si creen que se han explicado bien, algo cercano al 10. Si creen que hoy no pudieron brillar, algo cercano al 0. Esto ayudará a mi informe para renovar contratos o no.

 

 

Pancho Villa:

 

Me planto un 10 / 10 rotundo e inapelable, porque mientras esta mesa medía el arte con hojas de cálculo o manuales de complacencia burguesa, mi fusilería analítica defendió lo único innegociable: el fuego sagrado de la literatura que habita en la llanura de Juan Rulfo. Les demostré en sus propias caras que despojar al mito de su polvo para convertirlo en un fetiche financiero o un panfleto de vitrina es declarar la quiebra del espíritu.

 

 

Sináis Bullet:

 

Seré modesto. 9/10.

 

 

Gaby Webber:

 

Me planto un 9.5 / 10, porque le restregué a Cedro en su cara corporativa que sus delirios de cobrarle peaje al purgatorio no son más que el vivo retrato del sadismo de la derecha masculina. Demostré con las tripas que la carnalidad de las mujeres y la insurgencia editorial de Alma Baker expropiaron para siempre el tablero de control de ese fetiche burgués.

 

 

César Cedro:

 

Me otorgo un 9.8 / 10 en eficiencia discursiva, debido a que logré indexar los pasivos mitológicos de Comala dentro de un marco operativo de alta rentabilidad y liquidación fáctica. Mi auditoría metodológica demostró que regular el más allá mediante manuales de compliance es el único balance contable viable frente a la inflación lírica de esta mesa.