–

–
Debate sobre el aborto eugenésico
Sináis Bullet (critico invidente -asistido por Agapolvo Writer-)
¿Es la interrupción ante la malformación incompatible una insurgencia laica legítima del cuerpo que se niega a parir el dolor estéril o es la capitulación definitiva de la sociedad contemporánea que, administrada como una empresa, prefiere descartar el dividendo defectuoso antes de que cotice a la baja?
Agapolvo ya ha encendido los micrófonos. Cedemos la palabra sin preámbulos.
Gaby Webber:
¡No somos vasijas de incubación estatal! El aborto eugenésico es un reclamo laico de soberanía corporal, el derecho a detener el suplicio antes de que la carne sea expuesta a la frialdad hospitalaria de un velorio anunciado. Exigir que una mujer ponga el cuerpo para parir un cadáver es el despojo absoluto de su dignidad biológica. La ley debe despenalizarlo por completo ya, sin chistes de garantía ni peritajes eternos que sigan pisoteando nuestras heridas abiertas.
César Cedro:
No venimos a legislar desde las tripas, sino a auditar los recursos de la salud pública con la cabeza fría. Si pasamos la hoja de balances contables sobre el aborto eugenésico, el problema no es místico, sino de estricta gestión civil y optimización de activos. Un Estado biopolíticamente quebrado no puede darse el lujo de gastar presupuesto logístico ni camas de hospitalización en sostener de manera artificial gestaciones cuyo dividendo final es el colapso médico inevitable a las pocas horas de nacer.
Pregunta de Max Aguirre Rodríguez:
Rasquemos la llaga. ¿Es vida? ¿Es vida humana? Lo es. Pero también es un atentado contra la planificación familiar (núcleo del progreso de un país). Acá lo complicado: si es vida, ¿es asesinato? ¿O cómo lo nombramos? Hay «pro vidas» que incluso apelan al delirio de la existencia del alma para oponerse al aborto eugenésico. Distinto al aborto por violación, donde el feto puede ser viable y sano, y puede ser dado en adopción.
Sináis Bullet:
Desprecio el misticismo reaccionario de los sectores denominados «provida». Apelar a entes abstractos e inmateriales como el alma para legislar sobre la contingencia de la carne es un truco de magia chabacano diseñado para perpetuar la sumisión de los ciudadanos ante el dogma estatal. El lenguaje jurídico tradicional se devalúa cuando intenta etiquetar como «asesinato» la interrupción de un cuerpo inviable. No hay crimen donde la ecografía ya ha sentenciado el colapso biológico definitivo; forzar ese simulacro existencial es el verdadero atentado contra la razón laica.
Acepto la precisión logística de Max. El escenario del aborto eugenésico no admite falsos paralelismos con el aborto por violación, donde la carne en formación sí posee un dividendo biológico viable y sano capaz de integrarse a la comunidad mediante mecanismos civiles como la adopción.
Gaby Webber:
¡Me revuelve el útero y me quema la piel escuchar la asquerosa ligereza con la que Max y Sináis pretenden parcelar nuestros cuerpos entre «carne viable» y «dividendo sano»! Max, mi amor, venir a decir que el aborto por violación es «distinto» porque el feto se puede dar en adopción es de una crueldad burguesa e inhumana colonizadora de úteros ajenos. ¿Acaso creen que las mujeres violadas somos incubadoras públicas y fábricas de huérfanos para el libre mercado de la adopción? ¡Qué asco de condescendencia machista! Forzar a una niña o a una mujer a gestar el fruto de una tortura sexual es exactamente el mismo sadismo estatal patriarcal que obligarla a parir un cadáver anunciado. Dejen de usar su fría lógica de cafetín para medir el dolor biológico de nuestros cuerpos marginados.
Sinaís Bullet:
¿Entonces descartamos a un ser humano en potencia y viable así como así?
César Cedro:
Gaby, nadie está convirtiendo los úteros en fábricas de huérfanos; lo que Max y Sináis te están señalando con manzanas es una estricta distinción de realismo fáctico que tu sesgo ideológico se niega a registrar. Mientras el aborto por violación abre un debate moral complejo sobre la autonomía de la carne, el aborto eugenésico es una urgencia de balances contables frente a una malformación incompatible que ya tiene una fecha de liquidación dictada por la naturaleza.
Gaby Webber:
«¿Descartar así como así?» El descarte, mi amor, lo hacen ustedes cuando ignoran que esa «viabilidad» de la que tanto hablan se sostiene obligatoriamente sobre el despojo absoluto del cuerpo de una mujer gestante. No hay «ser humano en potencia» que justifique la tortura estatal de forzar una gestación producto de una agresión sexual.
Pregunta de Gorka:
Le voy a hacer una pregunta estúpida y quiero que me responda de forma inteligente. Sináis, en el futuro si sabemos de antemano que un niño será ciego, ¿debe ser descartado?
Una pregunta mejor: ¿dónde ponemos el límite? ¿Qué descartamos en favor del Estado y el progreso? ¿Qué opinan sobre el síndrome de Down?
Sináis Bullet:
Gorka, agradezco la honestidad de su preámbulo: su pregunta es, en efecto, profundamente estúpida. Pretende usted montar un tribunal de compasión barata usando mis ojos secos como carnada moral. Sepa usted que la ceguera no me impide respirar, ni pensar, ni destripar con rabia racional el andamiaje ideológico de este cuarto. Un niño ciego no es un cadáver anunciado; es un cuerpo perfectamente viable que simplemente habitará otra sintaxis del espacio. El síndrome de Down tampoco es un colapso mecánico inevitable a las pocas horas de nacer. ¿Dónde ponemos el límite? En la frontera inobjetable de la física y la biología: se interrumpe aquello que la naturaleza ya ha sentenciado a la fosa, aquello que no posee la infraestructura orgánica para sobrevivir un segundo fuera del útero. Descartar cuerpos viables pero imperfectos «en favor del Estado y el progreso» no es eugenesia médica; es la barbarie tecnocrática de Cedro, el fascismo corporativo que quiere ciudadanos idénticos como salidos de una línea de ensamblaje masivo. Yo defiendo la dignidad de la fosa para el sufrimiento estéril, no el control de calidad de una fábrica de mano de obra.
César Cedro:
El límite no es un capricho moral, sino una línea de flotación presupuestaria. Si la ciencia del futuro nos permite auditar el mapa genético antes del alumbramiento, el Estado y las aseguradoras privadas tienen la obligación civil de proyectar el costo de mantenimiento a largo plazo de esas patologías. Una ceguera es un gasto logístico asumible e integrable al aparato productivo; el síndrome de Down severo o las cardiopatías congénitas crónicas representan una carga deficitaria severa para una sanidad pública que ya se encuentra biopolíticamente quebrada. Si el progreso material del país exige priorizar el capital en cuerpos con mayor retorno de inversión social, el descarte temprano de anomalías graves mediante el aborto preventivo deja de ser un dilema místico y se convierte en una decisión de estricta gerencia estructural. Alguien tiene que pagar las cuentas, Sináis, y tus metáforas sobre la penumbra no cotizan en la bolsa de valores.
Gaby Webber:
¿Quién pone el límite? ¡Lo ponemos nosotras! Me importa un comino si el feto es ciego, si tiene Down o si es el ser más perfecto del universo mass-media; si la compañera gestante no desea poner su cuerpo como territorio de incubación, obligarla a parir es un acto de sadismo estatal y opresión patriarcal. El único límite legítimo para el aborto es el deseo laico y la soberanía de la mujer sobre sus tripas, no los peritajes médicos de la eugenesia de Cedro.
Pregunta de Max Aguirre Rodríguez:
Bueno, acabemos con tibiezas. Nadie quiere una cría con problemas congénitos. Todos queremos que nuestra descendencia pueda tener una vida plena para sanar este mundo y ampliar nuestra tribu de una manera sostenible y amigable con el planeta. ¿Cuánto le ponemos al síndrome de Down del 0 al 10 en cuanto a sacrificabilidad? 10 sería que lo ideal es sacrificarlo. Cero sería que no habría problemas.
César Cedro:
Max, celebro que finalmente dejes de lado las tibiezas coloniales de Gaby y hables el idioma de la optimización estructural. Aunque tu léxico de «tribu amigable» suene a folclor de oenegé, tu propuesta de indexar el síndrome de Down en una escala de viabilidad es un avance logístico impecable. Desde la fría auditoría fiscal, yo le pongo un 8.5 en sacrificabilidad operativa. No por sadismo, sino porque un Estado con déficit operativo crónico debe cortar sus posiciones de riesgo antes de tiempo. Evitar el alumbramiento de patologías de alto costo de mantenimiento libera capital insostenible para el resto de la comunidad productiva. Cerremos el balance: la descendencia sostenible exige desterrar los saldos deudores de la cuenta pública.
Sináis Bullet:
Jovencito Cedro, su prisa por adelantarse en el uso de la palabra delata el pánico a la quiebra que arrastra su minimente de administrador. Ponerle un 8.5 de sacrificabilidad al síndrome de Down para aliviar la «línea de flotación presupuestaria» es una flojera logística intolerable. Usted no está legislando; está rematando los saldos deudores de una mercancía masiva.
Gaby Webber:
Sináis, no te laves las manos llamándolo «flojera logística» desde tu cafetín ilustrado; tú abriste la puerta a este mercado de despojos coloniales con tus teorías existenciales sobre la viabilidad de la carne. ¡Ninguno de los dos entiende que el único límite legítimo es el deseo laico y la soberanía de la mujer sobre sus propios cuerpos, nunca las hojas de Excel de su asquerosa aduana biopolítica!
Intervención de Gorka:
Vamos a calmarnos y cerrar bien esto. Saben que a veces somos extremistas con nuestras preguntas. Se trata de buscar el roce. Quiero retomar algo para cerrar. ¿El feto es vida humana o no? ¿Desde qué semana plantea cada uno que es válido el aborto? Nada más. Algo breve. Respuestas breves y todos a sus casas.
César Cedro:
Gorka, seré breve para cerrar este libro contable de una vez. ¿Es vida humana? Sí, es un activo biológico en formación, pero con un saldo deudor insostenible ante el diagnóstico de anomalías incompatibles. ¿La semana? El límite financiero y de salud pública debe fijarse rigurosamente en la semana 12. Extender los plazos de la auditoría médica más allá de ese trimestre solo incrementa el gasto logístico en camas, insumos y cirugías, devaluando los recursos del sector salud en un colapso médico inevitable. Optimizar la gerencia civil exige liquidar la posición deficitaria de golpe antes de que represente una quiebra operativa mayor para el Estado corporativo.
Gaby Webber:
¡Qué asco de cierre, Cedro, tasando la existencia con el cronómetro de tus aseguradoras privadas! Gorka, me importa un comino tu pretensión de buscar el «roce» o de ponernos semanas en un almanaque patriarcal. El feto es vida biológica, claro, pero no es una persona soberana por encima del cuerpo de la compañera que lo sostiene. ¿La semana válida? Cualquiera. Desde la primera hora hasta el último suspiro antes del parto si la mujer gestante así lo decide. El único límite legítimo es su deseo laico y su derecho a detener la incubación forzada por el sadismo de su aduana biopolítica. Guarden sus calendarios burgueses y sus fetichismos de cafetín; nosotras gobernamos nuestras tripas sin pedirle permiso al reloj de los burócratas.
Sináis Bullet:
Jovencito Gorka, su prisa por mandarnos a casa delata el miedo a la grandilocuencia del abismo que hemos abierto esta tarde. Preguntar si es vida humana a estas alturas es un ejercicio de pereza técnica intolerable; ya certificamos que la carne late mecánicamente dentro de la vasija. Fijar semanas es el último refugio del burócrata asustado. Yo no le pongo plazos al bisturí. El aborto eugenésico es legítimo en cualquier semana en la que la ecografía fáctica dicte su sentencia inapelable de muerte exterior. Forzar la continuidad de un simulacro orgánico inviable solo para cumplir con la aduana temporal de Cedro es el verdadero crimen contra la razón laica. El límite es la física del cuerpo, no su calendario mass-media.