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Preámbulo a las conclusiones
El giro convocacionista: correspondencia y reconciliación (Rorty y Brandom como testigos)
Por Max Aguirre Rodríguez
No intento hacer un sistema cerrado o terminar la conversación. Eso iría justamente contra lo que planteo. Anhelo crear un vocabulario más preciso para que nos enfrentemos al mundo. Y sé que en unos años alguien creará un vocabulario más preciso y relevante para su tiempo (y los problemas de su tiempo).
También sé que hay personas más inteligentes que yo. Y que no puedo sistematizar mis ideas por falta de tiempo y dinero. No puedo dedicar 10 horas diarias a este proyecto. Pero por suerte hay alguien que sí puede hacerlo, el filósofo Robert Brandom. Discípulo y crítico de Rorty.
Él identificó ya en el 2000 limitaciones en la filosofía de Rorty. Yo he sido categórico (en afirmar un énfasis peligroso de Rorty respecto al lenguaje en desmedro de los hechos), pero veamos el intercambio que tuvieron en “Rorty and His Critics” (2000), donde Brandom critica este énfasis a su manera y donde también subraya una inclinación naturalista de Rorty (que en mi proyecto es la “correspondencia con nosotros -los humanos-”) por una moral mínima necesaria en la que todos podemos estar de acuerdo -la reducción del dolor- mezclada con una inclinación historicista (que yo identifico con la coherencia entre una afirmación y un conjunto de afirmaciones).
También podríamos omitir todo eso e ir directamente a la respuesta de Rorty (la cual es muy reveladora y hace que mi crítica más categórica no sea solo una provocación).
Rorty dice “only a belief can justify another belief”. Y esto lo hace luego de rechazar el dualismo lenguaje/teorías (que se radicalizará en “Textos y terrones”). Brandom nos recuerda que el primer aporte popular (y recibido por la comunidad de filósofos) de Rorty fue el Eliminative materialism. Básicamente sostiene que somos principalmente lenguaje antes que consciencia. O que el lenguaje tiene un papel clave para nuestra consciencia. Nos permite pensar en unas cosas y no otras. Determina nuestra configuración. Yo pienso que el lenguaje no es siempre tan determinante. Ya que en sueños pensamos y el lenguaje no es protagonista. Nuestra mente es visual. Y podemos resolver problemas visualmente también, en la realidad. Brandom diría que lo que importa es la vigilia, que el lenguaje es una herramienta para desarrollarnos como humanidad, como especie. Que lo importante es el intercambio lingüístico, la conversación.
“El mundo solo puede causar y no justifica una afirmación o creencia, no la puede hacer correcta o incorrecta”. NO. Porque indirectamente sí, y no requiere tantos pasos. El mundo exterior importa. Y Brandom secunda. La correspondencia puede seguir llevando a lo verdadero. Aquí Brandom nos da el ejemplo de que podemos imaginar un vocabulario, un juego, en el que decimos que el caballo ahora tiene 5 patas y no 4. La realidad lo hace falso (la correspondencia), pese a que la coherencia lo pueda hacer verdadero/correcto. Aquí es importante decir que este juego estaría dentro de un vocabulario mayor en el que sabemos que es un juego. No es un ataque contundente a Rorty.
Yo puedo decir algo intuitivo. Y no es insuficiente que lo sea. Nos estamos jugando cómo enfrentamos el mundo. La actividad filosófica no es meramente contemplativa. Tiene consecuencias.
En el mundo hay confluencia e interacciones de causas. Hay cosas que suceden y otras que no. Hay interacciones son verdaderas y otras que son falsas, que no corresponden con nuestra realidad.
Rorty hace simplemente énfasis en la coherencia, pero esto realmente no es excluyente con la correspondencia. Ambas cosas conviven.
Y antes matizaría mucho esta declaración, pero ese énfasis queda clarísimo en este libro del 2000.
“¿Qué vocabulario es el mejor para representar el mundo?” sigue siendo una pregunta vigente. Hoy cuestionable, desacreditada quizás. Se puede cuestionar la expresión, pero todos sabemos que la respuesta apunta a la correspondencia, al “vocabulario de causas”.
Yo no acepto este vocabulario de vocabularios. Lo entiendo bien. Pero para mí el vocabulario siempre es el marco de referencia humano. Cuando lo digo, casi siempre, me refiero al vocabulario de la comunidad humana. Y su recepción/captación de los hechos por parte de la mente humana (o simplemente de la humanidad/corporalidad) no es problemática ni debe ser minimizado. No hay ningún problema con que los hechos sean codificados por la mente. Y que todos tengamos una forma de codificar casi idéntica, lo cual es otro tipo de correspondencia. Pero por supuesto, esta correspondencia se puede exteriorizar usando el lenguaje de una comunidad. Pero es mejor decir que se puede exteriorizar usando el gran vocabulario humano que incluye los descubrimientos, los argumentos más finos y mucha historia. La correspondencia entre los humanos, la correspondencia entre un hecho que sucede con su captación y la coherencia no son enemigos. Son piezas de cómo hacemos consensos fuertes.
Ahora vamos con la respuesta de Rorty a “Vocabularies of Pragmatism: Synthesizing Naturalism and Historicism”. Y este le recuerda prontamente que Brandom habló de que puede existir algo verdadero sin que existan los humanos. Parece intuitivo. Rorty lo rechaza. Y lo hace de una forma muy rara. En su ensayo, Brandom hablaba del descubrimiento del fotón y cómo era verdadero que existía antes de ser descubierto. Se podría hacer un ejemplo con los dinosaurios también. Rorty compara su ejemplo con un juego imaginario de baseball cuyas reglas quizás ya estaban establecidas en los 3 primeros segundos del universo.
“Brandom’s strategy of treating truths, and facts, as true claimables, seems to me like saying that the rules of baseball were there, but unexpressed, before baseball was played. To be sure, it is true now, and was always true, that a regulation baseball is covered in horsehide. So if, during the first three seconds of the universe’s existence, there had been a regulation baseball around, it would indeed have been covered in horsehide. In that sense, there were true claimables way back then, just as there were possible regulation baseballs. In the sense in which there were baseball games going unplayed at the dawn of creation, I would agree that there were, as Brandom says, «facts (truths) going unexpressed» (p. 163). Possibilities, dispositions, and potentialities are cheap”.
A mí no me gustan las extrapolaciones y más arriba hablé de la causalidad en la actualidad. En como hay cosas que suceden y cosas que no, en nuestra realidad. En nuestro tiempo.
“Heidegger, appreciating the point on which Brandom and I agree – that «the notion of a fact (true claimable) is only intelligible relative to that of a vocabulary» – inferred that before Newton formulated them, Newton’s laws were neither true nor false. I once tried to defend Heidegger’s audacity, but my defense went over like a lead balloon.’ So I have resigned myself to intuiting, like everybody else, that a true sentence was true before anybody thought it up. But I cannot resign myself to intuiting that «facts make claims true – for they make claimings true» (p. 162).”
¿No es evidente entonces todo lo que estuve diciendo sobre su énfasis? ¿Por qué aceptar esto a regañadientes por parte de Rorty? No importa si la correspondencia no es con la cosa en sí. Es suficiente que lo sea con una versión captada por el ser humano. Tenemos casi la misma forma de codificar el mundo, la realidad. Pero por supuesto Rorty igual ve problemático mi “la cosa para los humanos”. Eso también lo critica. De hecho, no se refiere a “la cosa en sí”, no es esencialista. Se refiere a lo que yo llamo la correspondencia pragmatista en el primer ensayo. Él se niega a aceptar esto.
“Why am I so intent on resisting Brandom’s attempt to reconcile the fact that facts are intelligible only relative to vocabularies with un-Davidsonian notions like «making-true» and «correspondence»? Because I think that nobody would have had a use for this cluster of notions unless they had a conception of beliefs cutting reality at joints which are not relative to vocabularies – which are Nature’s Own, owing nothing to the human needs and interests which led us to dream up photon-talk and baseball-talk. Without this cutting-at-the-joints imagery, nobody would ever have suggested that true beliefs were accurate representations of reality.”
¿Por qué? ¿Por qué? No necesitan ser representaciones absolutamente fieles. Ni ser exactas al milímetro en cada mente. Nuestra codificación es casi idéntica. Las diferencias están porque somos prismas que reflejamos la luz de forma única porque ocupamos un tiempo y espacio únicos. La correspondencia es útil. Y es lo que hace posible la coherencia (entre una afirmación y un conjunto de ellas -porque hay verificación-).
“I have offered three arguments against this last suggestion . The first argument is that there is no test for whether a belief accurately represents reality except justification of the belief in the terms provided by the relevant community. So Occam’s Razor suggests that we skip the representing and just stick to the justifying.”
La gran tribu valora la verificación/correspondencia entre el hecho y su captación/medición.
“The second argument is that the story of biological evolution is helpless to explicate the coping-representing distinction, helpless to say when organisms stopped coping and began copying. In the light of these arguments, we should give up thinking of beliefs as representations. We should think of vocabularies as tools for coping rather than media for copying.
But without representations, the notion of «fact» becomes useless, and misleading. It is misleading because it suggests that our better vocabularies cut at the joints, and our less good vocabularies gerrymander. This suggestion provokes attempts to divide culture into the good fact-finding parts and the less good non-fact-finding parts, the «objective knowledge» part and the other part…”
Sí, dibujar frutos venenosos es una herramienta. Una advertencia útil. Dedicarle tiempo infértil a captar el fruto venenoso como tal o pensarlo desprovisto de nuestras miradas humanas sí es un desperdicio. Pero acá, y no solo acá, Rorty lleva su crítica a lo metafísico (en su variante tiránica y maniática -como la bautiza Brandom-) a una lucha innecesaria contra la correspondencia. Y en “Textos y terrones” indirectamente contra la ciencia y el método científico. Solo tenemos que precisar qué es desde ahora la correspondencia y enmarcar los intentos metafísicos y teístas como infértiles. Y yo la correspondencia la convierto en “correspondencia para nosotros”, con lo que captamos/observamos como humanos (sobre el mundo).
“The evil consequences of such attempts provide a third argument for following Davidson rather than Brandom: for rejecting the ideas of «representation,» «correspondence,» and «making true.»
Brandom might reply to my third argument, however, by saying that facts as truth-makers, and joints in nature, are harmless if there are enough of them to, so to speak, factualize every area of culture. He could argue that the unfortunate consequences of the invidious scientism which I decry (for instance, in my «Response to Dennett,» above) can be avoided if one stipulates that all true claimables – those about comparative aesthetic worth and about investment opportunities as well as those about baseball and photons – are made true by facts, represent reality accurately, cut nature at the joints, etc…”
Este es el vocabulario de Rorty. Creo que queda demostrado que ya no es preciso ni útil para enfrentar los desafíos de nuestro tiempo. Y creo que curiosamente Rorty aplaudiría que la generación que le sucede viniera justamente con un vocabulario mejor.
Esta fue la antesala. Ahora el enemigo en común en el próximo ensayo: el teísmo (incluso para mí el bienintencionado).
Yo a los 3 años: consciencia y lenguaje
Recuerdo a los 3 años estremecerme al entender la fecha que colocaba la profesora en la esquina de la pizarra. Era un día, un mes y 1994. En ese momento sentí un cambio físico. Como si mi campo visual se ampliara. Y también me sentí/imaginé en tercera persona. Me vi lejos y más lejos.
También recordé algunas cosas. Como cuando mi madre me dejó el primer día y yo corrí hacia ella sin entender que ella iba a volver. Recordé casi ser atropellado por un vehículo menor. ¿Era entonces solo un ser instintivo y días después alguien con (auto)consciencia?
Lo curioso es que cualquier experimento con niños se evalúa y se discute usando lenguaje. Y si un niño confirma su consciencia y autoconsciencia normalmente lo hará desde algo similar a un lenguaje. ¿Entonces cómo la idea de que el lenguaje produce la consciencia puede tener la opción de ser falsa? No digo que sea necesariamente verdadera, digo que es imposible confirmar esa tesis como falsa. Es infalsable. Se necesitaría alguien que entre en la mente de otras personas. Y se necesitaría seres que se comuniquen telepáticamente y sean capaces de transmitir ondas de algún tipo que hagan que el cuerpo receptor active un estado de calma, de lucha, de sumisión, de afecto, de humillación o reclamo. Pero esos seres no existen.
Por cierto, esta idea es base para lenguaje crotol de Nasar de “Villa Laura (1986)”, pero él no tiene la capacidad telepática. Por eso sus sonidos que intentan transmitir e influir estados emocionales deben ser codificados en grafías, un lenguaje escrito. O en sonoridad. Pero la sonoridad es más problemática de transmitir y hacer que una comunidad la repita y adopte. Y no está exenta de cambios (“usar un lenguaje es cambiarlo” -Rorty-). El idioma escrito tiene la ventaja de que es un código y se auxilia en la vista (hay hablantes de inglés que no saben los sonidos de ciertas palabras, pero sí a qué aluden -como yo-). Pero el inglés ya tiene reglas extendidas y más o menos estables. Y es el foráneo quien debe entender esa comunidad lingüística.
En el crotol, el problema vuelve a la sonoridad, porque la pronunciación depende de la comunidad lingüística a la que se proponga el nuevo idioma y cómo fue pensado. Por eso Nasar renuncia a la universalidad de su neolengua al reconocer que fue pensada para ser leída como es leída en el español. Y no en francés o inglés como luego sus nietas intentan. Aquí el verdadero problema es que el crotol no busca transmitir ideas o representar (o mejor: aludir a objetos). Busca transmitir sensaciones usando las expectativas que él y su receptor comparten sobre cómo se pronuncia el crotol. Si alguien no pronuncia las palabras cómo él las concibió, no está logrando el efecto sonoro específico que transmita alerta o tristeza, sino algo distinto.
En el resto de idiomas, los ya existente, esta coincidencia entre forma (grafía) y fondo (significado) solo les importa mucho a los escritores. ¿“Plúmbeo” suena pesado o no?
El lenguaje busca transmitir conceptos, no necesariamente sensaciones ni imágenes mentales inequívocas e idénticas de un cerebro a otro. Y se entienden dos personas siguiendo muchas veces la “economía del lenguaje” (transmitir mucho con poco) basados en expectativas culturales, pero quizás no solo eso. Y a veces esas conversaciones no necesitan estar llenas de muchas precisiones (en el sentido de detalles) para ser precisas.
Entonces es raro que en “Rehabilitating Objectivity: Rorty, Brandom, and the New Pragmatism” (2010), por Steven Levine, este nos recuerde que Rorty rechaza la existencia de sensaciones, que incluso da un ejemplo extraño sobre ello.
“(…) The absurdity of saying ‘Nobody has ever felt a pain’ is no greater than that of saying ‘Nobody has ever seen a demon,’ if we have a suitable answer to the question ‘What was I reporting when I said I felt a pain?’
To this question the science of the future may reply ‘You were reporting the occurrence of a certain brain-process, and it would make life simpler for us if you would, in the future, say ‘My C-fibers are firing’ instead of saying ‘I’m in pain.’” (Rorty 1965, 179-80)
Pero aquí hay que añadir algo. Porque en el 2010 se deja constancia de que Rorty vuelve al mismo vicio (o mejor: nunca lo dejó): esto de que hay una resistencia del mundo que percibimos que no justifican algo que es verdadero, que el lenguaje sí puede justificar. O sea, solo el lenguaje. Se entiende. Pero el mismo lenguaje depende de reconocer y medir correctamente (según el lenguaje más extendido y sofisticado) ese mismo mundo exterior. Correspondencia y coherencia son dos cosas que se retroalimentan. Podemos equivocarnos en nuestro vocabulario más avanzado respecto a fenómenos, en no medirlos bien. Y podemos percibir cosas erróneas, pero auxiliarnos del vocabulario histórico y científico que hemos venido desarrollando. Ambas cosas se apoyan y se retroalimentan.
¿Pero cuál importa más? ¿O cuál debe ser privilegiado? Yo diría que la correspondencia, que importan más nuestras percepciones auxiliadas por discursos sofisticados y establecidos, y por las herramientas más precisas posibles para medir ese mundo. Y aunque nuestro cuerpo (nuestros ojos, por ejemplo) sea la última frontera para captar ese mundo, las mejores herramientas hacen la diferencia para medir algo correctamente o no. Y así está recogido en nuestro gran vocabulario, en el conocimiento establecido… en el lenguaje.
En 1995, a los 4 años, vi como una madre resondraba a su hijo, Roy, le decía que escriba bien el número “8”. Y él estaba sometido, mudo, paralizado. Yo entonces usando nuestro lenguaje y conociendo el código “8”, que habíamos visto muchas veces, no solo en clase, le dije que era sencillo y dibujé dos círculos, uno encima de otro. Y su madre me censuró. Porque aparentemente ese no era un “8” o no la forma de representarlo (y es curioso porque ya el “8” es una representación de 8 cosas). Y ella entonces dibujó un infinito vertical, esa era el “8”. Y para mí el “8” sigue siendo esas dos bolas una encima de la otra, incluso lo fue en el borrador de este ensayo. Nuestros discursos pueden ser innecesariamente rígidos. Ambos “8” pueden ser entendidos por nuestra comunidad, no necesitan ser copias del número impreso. Pero parece que nuestros discursos son proclives a ser envenenados por rigidez y fanatismo. ¿Es este el temor de Rorty? ¿Qué alguien nos diga cómo son las cosas, que alguien se adjudique autoridad sobre nuestras prácticas? Pero acá no hay alguien suprahumano. Es un discurso. Es una búsqueda de coherencia. A mí lo que me da miedo es justamente los discursos que son coherentes consigo mismo y que están manchados por ideología (en el peor sentido posible).
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