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Borrador (escrito en 1 hora y media)
Tungsteno (2066)
Escrita originalmente en 1935 (prestigio discutido)
-Nobel 1984-
Revisada en 1985
Nasar, autor de ciencia ficción.
Acto 1
Era verano. Como cuando la luz tiene color, como cuando los cuartos se ven realmente abiertos. Esta es la Tierra, luego del gran diluvio, luego de que sus aguas dejaran de estar envenenadas.
El gato maullaba. Fuertemente. Hasta que ese hombre alto lo bajó y recuperó. Era alto como yo.
Vivian me tapaba los ojos. El eclipse. El eclipse. ¿Qué eclipse? ¡Niña tonta!
Tenía 15 años (ya tengo 16). Luego caminábamos a la escuela donde veíamos a más hombres. Unos mediando en la discusión de unos adultos. Otros corrigiendo niños. Y Vivian seguía molestando. Tapándome los ojos.
2166
En el salón, el profesor, un Descendiente, nos explicaba otra vez cómo había insectos grandes y fuertes que protegían a su tribu. Se colocaban en el perímetro al lado de los posibles enemigos. Esperando el posible conflicto.
Yo ya había visto esa película. Las exponía en una pantalla vibrante y muy realista. Las hormigas parecían tener relieve. Capas sobre capas.
Nuestro profesor luego nos hablaba de la primera guerra mundial en la Tierra, su gran guerra. Y cómo todo empezó por la muerte de un humano. Solo uno.
“Y la escasez”, añadió Vivian. “Sí, niña, y luego unos países quisieron proteger a otros. Y una pelea de dos se volvió una disputa planetaria”. “Pero la escasez, niños, ya le hemos solucionado, gracias a nuestros primos y hermanos crotoles que aún viven en ustedes”.
“¿Usted es puro?, profesor”.
“Es algo que no les puedo contar”, respondió él. Vivian insistió. Y el profesor solo la miró por unos segundos. Hasta que algo en ella le dijo que se callara. Entonces yo le susurré unas cosas. La molesté. Y ella me calló.
“Los humanos antiguos luego justificaron sus acciones con el milenarismo”, siguió el profesor. “Los humanos antiguos no sabían conversar. Ni convencer. Eran rápidos para la ira, para la muerte”.
“Pero ese es el humano antiguo. Nosotros ya no padecemos hambre, no odiamos ni tenemos creencias religiosas. Todo eso desapareció. ¿Y saben qué más desapareció?”
¡El homo sapiens sapiens!
Luego me fui a visitar a la psicóloga de la escuela. Ella también era una Descendiente. Todos los niños la visitábamos una vez a la semana.
Hice bromas sobre las clases, sobre el profesor, sobre las intervenciones de Vivian y sobre Vivian. Ella no pareció compartir mi humor. Se puso seria y elevó el brazo. Otras veces habría sido suficiente para calmarme.
Yo seguí hablando rápido. Y criticando a los insectos, los manierismos del profesor, la idea del Protector. Luego recordé que ella podía hurgar en mi mente y decidí bajar el ritmo.
“¿Ya tendrás 16 años, no?, Sugo. Te toca ir a la reunión”, dijo ella. Yo le dije que no estaba seguro de ser un Protector. Que quizás eso no era para mí, pero en el fondo quería dar mi vida por Vivian, por mi madre, por mi padre y por mi hermana.
“Yo conozco a muchos, Sugo. En distintos oficios. Solo son Protectores por unos años. Luego tienen otros oficios. Y también familias”
“¿Alguien… se ha negado?”
“Ningún adulto se ha negado a su juramento, Sugo”
“¿Me refiero… alguien no ha acepto en la reunión?”
“Ah, si alguien se ha negado a aceptarlo”
“Sí”
“¿Quieres ser el primero?”
Capítulo 1: la reunión
La luz rojiza lo iluminaba todo. Como en el tiempo del mito. Todos estábamos reunidos. Todos los Protectores. De distintas edades. Todos a lo lejos como siluetas negras. Y otros más cerca, con rostros más visibles. Y algunos parecían padres de otros. Y otros hijos de otros. Pero todos éramos el mismo.
Luego una luz destellante a los laterales iluminó la cima. Haciendo que todo cambiara de color. Incluso el rojo se volvió un amarillo naranja. En lo más alta estaba el Descendiente más fuerte. Del que se decía solo tenía linaje humano.
Que era puro.
Era más teatral que mi profesor. Era uno de nuestros líderes.
“Hoy algunos de ustedes conocerán la verdad. Sabrán que son hijos del asesino, del usurpador. Que son el mismo”
“¿Qué cambio en ustedes? Nada cambió en ustedes. Nosotros diseñamos este mundo. Un mundo sin hambre, sin odio y sin religión”
“Este mundo existe por nuestros pensadores y por ustedes, nuestros Protectores. Y por los otros: los que garantizan nuestra diversidad genética. Niños de todos los colores”
“Todos cumplimos una función. Y por eso este mundo es perfecto”.
Luego se nos pidió a los iniciados subir hacia lo más alta. Caminé y mis pasos parecieron ligeros. Pese que el resto de mi cuerpo estaba muy rígido.
“¿Seis? ¿Son seis? Como los 6 elegidos por los crotoles. Los 6 que salvaron de la Tierra”.
En la cima nos esperó una Descendiente. A la izquierda tenía a un niño. Y a la derecha a otros 4.
“¿Quién quiere empezar? Empecemos por el de mi derecha. Este es un ritual muy fácil. Solo deben decir sí o no. ¿Saben cómo era el ritual de los crotoles? Te ahogaban en un planeta pequeño”
El niño de mi izquierda aceptó el juramente. Era mi turno. Yo tenía dudas.
“Miren a este muchacho. Tiene dudas. ¿Acaso no deseas proteger a tu gran tribu? Puedes decidir no hacerlo”
Yo no quería decir nada.
“Si no tomas la palabra, entenderemos que no lo quieres. Y está bien. Queremos Protectores convencidos. No nos sirve alguien que no está convencido, alguien que no cree en nuestra gran tribu”
“Sí”
“¿Sí estás convencido?”
“Sí”
“Juras proteger a tu sociedad. ¿Juras también guardar tu fuerza ante tus hermanos? Incluso si ellos te lastimas. ¿Y juras usar tu fuerza cuando sea necesario? ¿Juras juzgar?”
“Sí”
“¿Y juras dar tu vida?”
Capítulo 2: la Tierra perfecta
Vivian me esperó con la comida en el domo de mi familia. Allá fuera mi padre usaba las pocas máquinas para recoger nuestros alimentos. Mi hermana alistaba la mesa. Las verduras eran sazonadas. Mi madre venía a abrazarme. Vivian me miraba como diciéndome engreído, pero luego mi madre la abrazaba a ella también.
Nuestro domo era perimetrado por árboles frondosos que nos cuidaban del Sol. Era un almuerzo tranquilo, predecible. Y por estaba Vivian ahí. Por eso existían los otros.
Ella me preguntaba si visitaría al oráculo, allá donde están las máquinas que caminan. Donde está el gran computador.
En la reunión me dijeron que podía visitar al oráculo al menos una vez en la vida. Yo quería hacerlo mañana. Mi padre me llevaría a la gran puerta de esa ciudad.
Mi hermanita me abrazó. “Protector, protector”, me dijo ella.
Acto 2 (conversación en el castillo a la alto)
Acto 3 (flashbacks y relevo a la otra novela)
Boceto (29 de octubre del 2026)
Tungsteno (2066)
Acto 1
Era uno de esos días soleados en los que se ve el polvo, en el que los cuartos parecen abiertos. Mi amiga me tapó los ojos, para cuidarlos. No era eclipse, pero debía cuidarlos.
Solo escuché el maullido primero. Y luego vi al hombre. Él lo bajaba con mucha facilidad. Era muy alto como yo.
Mi amiga bromeaba e insistía en taparme los ojos. El eclipse. El eclipse. ¿Qué eclipse? ¡Niña tonta!
Yo tenía 15 años. Tengo 15 años. Y sé que soy como ellos. Un protector.
Los veo interviniendo en las discusiones de otros adultos, corrigiendo a niños. Y todo con tranquilidad. Dicen que antes del diluvio, cuando la Tierra estaba enferma, los humanos no sabían conversar. Ni convencer.
Tierra, 2166
En el colegio siempre hablaban de otros animales. Los que vivieron y los que hicieron vivir. El profesor, un Descendiente, profetizaba y hablaba. Vivian era la sabelotodo.
Pero algo en ella le decía cuando parar de hablar. Cuando a los niños les mostraban los insectos en esas pantallas vibrantes, casi reales, no era para asustarlos. Era para mostrar a aquellos, más grande y fuertes, protegiendo a los suyos. Había hormigas que rodeaban a las obreras. Hablaba Sugo hacia ella.
Y ella le susurraba que se calle, que prestaran atención al Descendiente. Sugo había visto muchas veces este espectáculo visual. Era como una película con sonidos y hasta volumen. Los insectos parecían tener relieve, como en una pintura. Capas sobre capas.
Y luego mostraban la guerra, en blanco y negro, la gran guerra. Y el Descendiente bromeaba con el origen. Un hombre fue asesinado. Solo un hombre. Y luego miles.
“El milenarismo”, sostuvo burlonamente el profesor, casi teatralmente. Y recordó las inclinaciones religiosas del hombre antiguo. “Pero profesor, los recursos…”, interrumpió Vivian, como siempre. “Sí, niña, los recursos eran limitados, pero, como sabrán, nuestros primos y hermanos acá presentes nos dieron su tecnología. Y ellos siguen existiendo en nosotros. ¿Saben quiénes ya no existen?”.
¡El homo sapiens sapiens!
Este es el mundo perfecto que se pensó hace más de 1000 años, pero es un mundo que no es habitado por ningún humano antiguo.
“Profesor, ¿pero usted no es puro?”, intervino Vivian. “No puedo contarles esa historia, chicos. No es para todos”.
“¿Y por qué no?”
El profesor se quedó mirándola y ella dejó de preguntar. Como si nada hubiera pasado.
Sugo luego fue a hablar con la psicóloga. Una vez a la semana los niños eran entrevistados. La psicóloga también era una Descendiente.
Sugo bromeaba con lo visto en clase, bromeaba sobre su profesor, sobre las intervenciones de Vivian y sobre Vivian. La psicóloga extendía su mano esperando que algo pasara. Como otras veces. Cuando Sugo solo callaba y visitaba toda su vida, desde que tuvo consciencia.
“¿Ya cumples 16, no?, dijo la Descendiente con tono molesto. Y algo en Sugo sintió miedo. Porque recordó que ella podía hurgar en su mente. Le pidió perdón. “Sí, señorita”. “Señora, Sugo, desde hace días”. “Sí, ya me invitaron a la reunión”.
Cuando un protector cumplía 16 años, era presentado con los otros. Y se le revelaban todas las verdades de la sociedad. Y él no quería saberlas. Porque no quería saber más que Vivian. Y no quería tener que guardar secretos.
“Puedes decidir no ser un protector. Siempre existe esa posibilidad”. Pero algo en Sugo le decía que él sí quería ser un protector y que debía proteger a Vivian, a su madre, a su padre y a su hermana. Y a su gran tribu.
“Y es un buen camino, Sugo. ¿Y sabes que se retiran jóvenes? Y tienen familias hermosas. Conozco a varios. De distintos oficios”
“¿Pero no hay… No se sirve por siempre?”
“Es un juramento. Pero debe salir de tus convicciones. Solo funciona si estás convencido”
“¿Alguien se ha negado?”
“Ningún adulto se ha negado, Sugo”
“No… pregunto… ¿alguien se ha negado en la reunión?”
“¿Quieres ser el primero?”
Capítulo 1: la reunión
Las luces eran rojas. Simulando el planeta antiguo. Hasta que una luz surgió de los lados. Una luz blanca y cegadora. Y luego todas las luces eran matizadas, incluso las rojas que pasaron a un amarillo rojizo.
En la parte más alta apareció un Descendiente, era el más fuerte de todos, aunque no lo pareciera.
Se decía de él que su linaje era solo humano. Que era puro.
Sus gestos eran teatrales, como mi profesor, pero enérgicos. Nos explicó lo que ya sabíamos, que en nuestra convicción era cuidar a los demás, que nosotros daríamos la vida por los demás. Nos dio un minuto para reflexionar.
Yo miré a los otros protectores. Algunos ya ancianos. Otros jóvenes, pero adultos. Pero ninguno era padre de otro. Ninguno era hijo de otro. Porque todos éramos el mismo.
“Ustedes, protectores, son hijos de aquel tiempo, de aquel que se rebeló, del usurpador, del asesino. Ustedes son él”
“¿Entonces qué cambió en ustedes? Nada cambió en ustedes. Cambió el mundo. Nosotros los Descendiente cambiamos el mundo. Eliminamos el hambre, la escasez, el odio y las religiones”
“Ustedes son el triunfo de nuestras ideas”
Y siguió su discurso. Y era doloroso oírlo. Hasta que simplemente comenzó a tener sentido.
“Este mundo está construido por nuestros pensadores y por ustedes, nuestros protectores. Y por los otros: quienes garantizan la diversidad genética. Niños de todos los colores”
“Todos somos importantes. Porque todos cumplimos una función. Y porque sabemos cómo termina nuestra historia. Yo tenía 16 cuando vi por primera vez esta reunión. Y pronuncié exactamente estas palabras. Desde hoy tendrán certeza sobre su futuro. Sabrán que son vidas que valen ser vividas. Verán a sus hijos. Se verán morir felices. Rodeados de sus descendientes”
Entonces los iniciados subimos a lo más alto, donde estaba el Descendiente.
“Seis. Como los seis rescatados por los crotoles. Los 6 elegidos”.
Entonces ya arriba el Descendiente preguntó si todos aceptábamos el juramento. Si alguno no quería hacerlo. Yo dudé.
“¿Saben? A los 6 elegidos los ahogaron en un lago. Ustedes solo deben decir sí… o no”
“Este es un juramento sobre su compromiso con nuestra sociedad, con nuestro planeta, con su bienestar. Entiendo la responsabilidad. Porque yo mismo hice un juramente similar. Ustedes, niños, son mis abuelos lejanos. Tíos nonabuelos. ¿O octabuelos? Ese es otro misterio que pueden resolver hoy”
El líder supremo intentaba que todos se relajaran, pero yo tenía miedo de hablar. Empezó con el niño de mi izquierda. Él juró. Fue mi turno.
“Veo duda. Hay duda en este protector. ¿Pero qué decides? ¿Sabías que los crotoles también tuvieron una guerra?”
“Sí”
“¿Juras proteger a tu gran tribu? ¿Juras actuar bajo los argumentos más sólidos imaginables? ¿Juras reservar la fuerza contra tus hermanos? Incluso si ellos te agreden primero. ¿Juras actuar si es necesario? ¿Juras juzgar?”
“Sí”
“¿Juras dar la vida por la gran tribu?”
Acto 2
Acto 3
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