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Versión PDF <– Episodio 4: el periodista Monterroso
Max Aguirre Rodríguez
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Villa Laura (1986)
-¿Has leído todos estos libros?, papá.
-La mitad. Y no la mitad de todos. La mitad de cada uno.
-¿En serio? ¿Por qué harías eso?
-Para completar yo los libros.
-¿Pero lo de Cervantes sí lo leíste, no?
-Eso sí tuve que leerlo, pero no completo. Nunca he terminado el Quijote. Y no me hizo falta.
-Ya estás normal. Altanero, pero con coherencia… interna.
-Me pediste que te enseñara a escribir. Como cuando eras niña.
-Sí. A cambio, yo te enseñaré inglés. Para que hables con Almita.
-Sé inglés, hija. ¿Y Esmeralda?
-Ella sabe español
-Muy bien, Constanza.
-Sí, papá.
-No perdamos tiempo. El primer ejercicio es describir la fiesta de mañana.
-Espera. Traigo las hojas.
-No, hija. Ven. Cierra los ojos.
-¿Tú también?
-¿Ya los cerraste?, hija. Ven.
-Sí
-Comedor y sus comeles. Beztes, fisgues y vamtas. Gritos de júbilo, brazos al aire y zumos naranja.
-Gente de distintos tiempos…
-… de dos facciones, ríos izquierdo y diestro.
-Brume lo político. Uno, dos, tres.
-Envesto de postres. Silencio.
-Fébile. Fébile en lo etéreo. Esnife de frutos y cocoe efo.
-Está bonito
-Te toca.
-Me va a salir mal…
-Solo piensa en los sonidos
-Tábula longa. Sigue, hija.
-Pisadas: livianas, de jolgorio. No riñas ni gritos. Ni rojos ni de derecha.
-Olor, muchos. Maracuyá, lúcuma, chicha morada. Menta.
-Brazos a lo alto, ambaluzo de júbilo. Sigue.
-Nasar camún. Arriba
Cilindro en mano. Zumo de naranja. ¨Papito¨, susurra su hija.
Postres entregados. 40 de ellos. En la gran mesa. Tenedores y cucharas.
Constanza celosa, de su hermana: Laura segunda, o Laura Regine. Regenta del lugar, duquesa del azúcar. Manos amorosas e edulcoradas. Musculosa, de cara ancha. Y de corazón campesino.
¨Pequeña¨, le susurra Nasar a su heredera. Y aparece Laura, la de verdad, la de treinta y un años más.
Tiiin Chin. Vasos Laura Brindan. Regine y su celedura. Constanza y sus celos. Y Laura, la madre, mira a ambas. Agachan la cabeza. Y después promesa de abrazo. En la mirada.
Nasar, feliz, trata de grabar aquel momento. Mirando manos, líneas, pelos y cicatrices. Sintiendo las depresiones de su rostro, mentón y sonrisa.
¨Mi esposa, viva aún, mira a mis hijas. En euforia. Las mira como espejo de su juventud. Con envidia y convicción.
Comedor y la gran mesa. Muchos invitados. Algunos, a los extremos, luchando con el sol. Hombres sin facciones. Sin guerras del verbo.
Súbditos del azúcar y los cilindros zumos. De los aromas, del aire dulce…”
Capítulo 1: No te aferres
-¿De verdad te gusta “Carmín”?
-Y a Regine parece que también le gustó
-Sí, papito, está buena la novela. Está bien hecha. Han grabado en exteriores.
-Un hombre mayor que se enamora de su estudiante…
-Por ahora la chica es quien está enamorada… El profesor no la mira
-¿Pero pronto lo hará, no?
-Claro, papá. Como mi Ferdinand.
-El amor a esa edad es bonito
-Es pura ilusión, Boni
-Yo te conocí a los 17 también, Nasar.
-Pero yo soy un hombre muy correcto. ¿Recuerdas nuestra primera vez?
-Fue bonito. Yo tenía 20.
-No hablen de eso. Estoy acá. Aún soy chiquita.
-Chiquita eras cuando te casaste con tu esposo.
-Ay, papá. Mi esposo está hermoso.
-Sí, hija. Es guapo y bueno.
-Y es famoso, mamá.
-¿Qué mira tanto la Constanza?
-Pasé a despedirme.
-Buenas noches, hija hermosa. Ven, pequeña, abraza a mamá.
-Papá, vi la lista de invitados.
-Descansa, hija.
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-¿Y esas miraditas?. Ya sé quién viene mañana.
-Ay, mamá. Es sorpresa.
-La Constanza ya arruinó la sorpresa.
-Nasar, gracias por invitarlo. Pero seguro no viene.
-¿Cómo no? Viene o le digo a Monterroso que le haga una columna.
-Mi amigo Monterroso. Ya está muy loco.
-¿Amigo?, mamá. Ese señor siempre habla mal de papá.
-Es mi mejor amigo, Constanza. Es el único con vida. No seas dura con él mañana.
-Monterroso fue mi tutor. También es mi amigo. Pero se ha vuelto un poco loco.
-Lo único que me molesta es que repita las cosas.
-¿Cómo así?
-Te cuenta algo y a los minutos te cuenta exactamente lo mismo. Ese viejito ya vive por inercia.
-No digas eso, papito. Siempre hay aventuras. Mañana será un día diferente con el político.
-¡Regine!
-Hija…
-No le hagas nada a mi Regine, amor. Igual yo ya sabía. 35 años tiene, como Regine.
-Hasta mañana, familia.
-Chau, tonta.
-Hasta mañana, hija.
-Duerme bonito.
-Duerme bonito, mamá.
Constanza y Regine ya están en los espacios que les corresponden. Con sus hijas y sus esposos. Laura y Nasar recuerdan su juventud. La luz es amarillenta y marca las ojeras de ambos, las arrugas. Y también engrosa las líneas de la cama.
-¿Solitos de nuevo?
-Ves mucha televisión ahora, amor.
-¿Qué más puedo hacer?
-Leer, amor. Tú también escribes bonito.
-Estoy cansadita
-¿Son bonitas, no?
-¿Nuestras hijas?
-Y nuestras nietitas. Son como Lauritas.
-Amor… los voy a extrañar
-Aún falta
-No mucho, Nasar.
-Tiene razón tu hija.
-¿Sí?
-Mi nombre es horrible.
-No cambies de tema
-No lo cambio si apagas la tele.
-Quiero ver qué dicen de los candidatos.
-Mejor una comedia. Hay cosas buenas.
-La única vez que te vi reír fue con Chuiman
-Cómo olvidar su baile de Don Diablo.
-Mi mamá me dijo que era algo satánico
-¿Y yo qué le dije?
-Que todo lo contrario. Que Satanás ve eso y piensa en matar a Miguel Bosé (risas).
-Tu madre…
-La extraño…
-Era una señora muy estricta… una dama.
-Amor, quiero que estés listo. Ahora puedo hablarles, pero luego no podré. Quizás luego solo tus palabras lleguen a mí. Quizás solo tus manos. Quizás solo te pueda ver en sueños.
-Amor…
-Nasar, yo conocí a muchas personas así. Yo tendré la suerte de morir junto a ustedes. Y no en una sala llena de ruido.
-Amor, tú siempre fuiste diferente.
-Yo siempre acompañé a esas familias. Era mi deber. Debes apoyar a esas familias. Tienes el dinero para hacerlo.
-Lo haré, amor.
-No extiendas mi vida, amor.
-Es mi deber hacer todo lo posible.
-No, esa es tu voluntad. No la mía. Yo ya viví. Ahora ustedes deben vivir. No quiero que me abran. No quiero que me mutilen.
-Boni…
-Prométemelo. Mírame a los ojos y prométemelo. Vas a dejarme ir. Vas a seguir con tu vida.
-Boni, tú eres el caos que el universo escondió de mí. Eres la incertidumbre. Y por eso eres belleza. Cásate conmigo, Boni. Olvida los prejuicios de la sociedad. Tu madre acepta nuestro amor. Ya no tienes que huir.
Capítulo 2: inicio de la novela
Los dulces del Capitalismo
Vivimos un verano democrático en Lima, mientras la helada indiferencia lo cubre todo en el alto Perú.
Ecos de balas son ignorados, mientras un candidato posa con un escritor, una pastelera y unos cuantos banqueros. El APRA huele a crossaint más que nunca. Y un tal Ferdinand le sonríe, mientras explica a la prensa su voto imposible.
¿Y el escritor? Nuestro Nobel 1984 parece perdido, como sus personajes en sus novelas. Autor de relatos en los que el lector “completa” la historia. Obras inacabadas premiadas por un jurado corrupto en el que abundan las felaciones académicas y las orgías de dar y recibir premios. El Nobel es desde 1984 un premio sin prestigio.
Alan también sonríe con los banqueros, los apapacha. Qué joven, qué pragmático. Alan García ya no es de izquierda. Este 14 de abril el único voto posible es Barrantes. Juventud limeña, con consciencia de clase, digámosles NO a escritores que huyen a otras realidades, a pasteleras que destruyen nuestras tradiciones, a extranjeros que roban nuestra herencia y a banqueros que profundizan la pobreza entre ellos y nosotros. ¡Viva Barrantes! ¡Viva el Perú!
Elías Monterroso mueve su pradera negra, ya escasa por los años. El cuarto lo empequeñece. Los pajaritos dicen su nombre. Y los perros ladran quizás a favor de Barrantes. Pero al menos lo hace el suyo. ¡Cállate, hijo de puta!, dice el suyo contra los perros apristas.
Ayer vi a Boni, mi pequeña amiga. Vestía de manera recatada. Con una blusa color fresa con leche, con pequeñas flores blancas bordadas. En los puños y alrededor del cuello. Usaba un pantalón holgado que cubría su figura. Era negro, un color que parecía caerle mejor que antes. Mi amiga aún se veía viva, pero casi siempre sentada. Me presentó a su hija, la que es doctora como ella. Y a dos de sus nietas: Esmeralda y Soul.
Una tarde soleada, pero ajena a la realidad del país. ¿Dónde están las pobres familias? Sé que también se las albergará, porque el corazón de mi amiga es holgado.
Un lugar hermoso. Una petición. “Quiero que mi madre siga viviendo”.
-Señorita -le dije mirando sus ojos ya algo cansados-. Siempre tan radiante.
-Amigo, buenas tardes. -Su sonrisa franca de niña-. ¿Ya probaste los picarones de mi hijita?
-No todos los sabores. Hicieron de menta… por tu esposo.
-¿Probaste el pastel de chicha morada? -Aprieta sus labios avergonzada, como hace 50 años-.
-A todos les dieron
-No a todos. Mi hijita se comió anoche varias cosas. Mis nietas también. Control de calidad…
-Entonces yo tuve la fortuna de tener una porción
-Me alegra, Elías. Es ahora mi postre favorito.
-¿Y Benji?
-Mi perrito murió hace años, amigo.
-Mi Balto ayer se puso a cantar. Un gato ha hecho su nido en mi árbol.
-Ay, amigo (risas)
-Me alegra verte, querida amiga. También te veré el próximo año.
-Ojalá, amigo. Constanza quiere hablar contigo. Ahora la traigo.
-Buenas tardes, señor Monterroso.
-¿Señor Monterroso? Soy de la familia
-No, no lo es. Y menos con sus columnas.
-Yo escribo lo que pienso. No puedo ni debo cambiar eso para quedar bien con mis amigos.
-Pero puede dar su opinión con delicadeza.
-Tengo 78 años. Ya no me importan las formas. Visto cómodo y hablo cómodo. El recato está bien para alguien de clase alta como tú que vive de las apariencias.
-Pensé que usted era un caballero. Mi madre le tiene mucha estima.
-Tu madre es una mujer irrepetible que cuidó y luchó por los pobres. La izquierda, la de verdad, tenemos en alta estima a tu madre.
-¿La izquierda de verdad? La que hundió al país y robó propiedades.
-Quizás ustedes todavía tienen un poco de decencia y comparten un poco con sus trabajadores, pero hace años el patrón era esencialmente un esclavista. La reforma agraria fue una buena iniciativa.
-Creo que no tengo nada que hablar con usted.
-Yo te puedo hablar del Perú. Yo vivo acá. Cuando quieras.
Así es como comienza esta aventura: recordar a Boni para que su hija la conozca. Y no solo sus proezas, sino también sus errores. Como alejarse de la literatura. Debió seguir. Por fin tengo un objetivo. Por fin puedo dejar de hablar con mi perro.
-No, Elías. Debes seguir contándome tu vida.
-Ya no, Balto.
-Entonces háblame de Boni
-¿Qué quieres saber?
-¿A qué huele? ¿Saca a pasear? ¿Prepara la comida?
-¿Por qué yo sabría eso?
-Porque eres un perro como yo
-¡Guau!
-¡Guau! ¡Guau!
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