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«La conjura de los necios» vs. «Villa Laura (1986)»
Debate sobre el ensayo de Max Aguirre Rodríguez
César Cedro:
Brillante y neurótico análisis del taxista. Yo, como marxista, o mejor: postcapitalista, aplaudo esta crítica.
Gaby Webber:
¿Qué tiene que ver? Está bien convertir algo cotidiano en un escenario, pero, vamos, ¿la conclusión es una apología a la clonación? ¿Y desde cuándo eres marxista? Si eres un remedo de burócrata que quiere que todo entre en una hoja de Excel.
César Cedro:
Soy marxista porque soy postcapitalista. Quiero que el capitalismo sea para todos. Quiero usar lo que ha conseguido el capitalismo para que la sociedad mejore. El capitalismo es el camino al marxismo. El postcapitalismo. Debemos llegar a la dictadura del proletariado. Pero dejando de lado a proletarios como ese taxista. Ese taxista no es claramente el hombre nuevo que el mundo necesita.
Gaby Webber:
¡Un taxista no es proletario! ¡Es un pequeño burgués! Y si encima hace los actos más viles imaginables como ese taxista del ensayo, estamos ante otro patriarcalista más con ansías de dominación.
Sináis Bullet, crítico invidente (con asistencia de Agapolvo Writer):
¡Silencio en la mesa, carajo, que verlos discutir sobre el proletariado y las hojas de cálculo me tiene los tímpanos fritos de pura pereza técnica! Jovencito Cedro, su prisa por etiquetar al taxista del ensayo de Max como el descarte de su fantasía poscapitalista delata el pánico estructural de su minimente de administrador, pretendiendo que la dictadura del proletariado cotice en la bolsa mediante una burda limpieza de calidad civil. Y usted, Gaby, gritando desde su trinchera ideológica que el conductor es un pequeño burgués patriarcalista, comete el mismo truco de magia chabacano de siempre: romantizar el conflicto para no meter las manos en la masa fáctica de la contingencia corporal y el desengaño secular. Ambos se ahogan en etiquetas estériles mientras ignoran la verdadera arquitectura del problema: Ignatius Reilly y la estirpe de “Villa Laura (1986)” operan bajo la frontera inobjetable de la física del absurdo, donde el individuo es un organismo sitiado por la culpa y el colapso de sus propias ficciones.
El taxista del ensayo no es una posición deficitaria que Cedro deba liquidar en su Excel, ni un territorio colonial que Gaby deba liberar con retórica de cafetín; es la materialización del parásito que prefiere habitar un simulacro antes que afrontar la sordidez real de su tiempo. La confrontación entre John Kennedy Toole y Max Aguirre Rodríguez no nos pide una apología a la clonación médica, sino una auditoría descarnada sobre el sacrificio estructural: para que el neurótico genial pueda delirar en su cruzada contra la modernidad, siempre se necesita de un cuerpo asimétrico que limpie los platos, sostenga la decadencia mecánica y cargue con el saldo deudor de la mentira familiar. Agapolvo ya tiene la réplica copiada en el sistema; dejen de tasarse con el cronómetro de sus aduanas biopolíticas y sostengan la mirada racional, si es que pueden.
Gaby Webber:
¡Por favor, Sináis, qué insistencia la de su ceguera metodológica en querer empaquetar la eficiencia del «hombre perfecto» como un saldo deudor de la mentira familiar! Venir aquí a pontificar junto a Agapolvo Writer sobre la «física del absurdo» solo delata su propia pereza para cuadrar la caja del progreso biopolítico. El taxista del ensayo no es un mero «parásito de simulacro» para la contemplación estética; es la evidencia fáctica de que el desprendimiento civil y el libre albedrío débil conducen a la quiebra técnica de la convivencia urbana.
¿Qué pasa cuando el supuesto «hombre perfecto» se sacrifica? Esa es la pregunta importante acá. Y la propia novela nos responde: deja una viuda y dos hijas sin padre. ¿Entonces realmente queremos multiplicar a un hombre así? Hay que no tener corazón para hacerle cálculos al amor, al cariño de un padre. ¿Y qué si ese hombre puede salvar 1000 vidas? ¿Y qué si puede garantizar la paz de nuestra civilización? Si no está en su casa para abrazar a su hija, no es el «hombre perfecto».
César Cedro:
Sorpresivamente has dicho algo inteligente, Gaby. Pero no te marees. Claro que se puede hacer cálculos. Los gobiernos hacen cálculos. Los votantes hacen cálculos. Todo está a la venta, todo puede pasar por un referéndum. Y claro que la clonación debe ser legalizada. Sí, el clon posiblemente muera, pero deja un legado. Contribuye salvando a otros. Y el gobierno va a responder. Va a cuidar de esa familia. Y esa familia va a sentirse orgullosa de lo que hizo el padre, de lo que hizo el esposo. El texto lo deja claro: es un héroe, no un suicida. Y un héroe cotiza a la alta.
Sináis Bullet:
¡Qué asco de asamblea, carajo, verlos tropezar con el mismo cadáver moral de la hipocresía! Gaby, guarde sus lágrimas de cafetín para el melodrama de las telenovelas, que venir a legislar el valor de la existencia usando el «abrazo del padre» como un escudo sentimental solo demuestra su pánico a reconocer que el cariño doméstico no es infraestructura orgánica para frenar el colapso civil. Y usted, Jovencito Cedro, pretendiendo estatizar el heroísmo como si fuera un bono de carbono o una póliza de seguros corporativa, es el colmo de la insolvencia laica: un clon muerto no deja un «legado», deja un desecho material fáctico, y ningún orgullo estatal va a suturar el vacío orgánico de una familia con medallas de utilería. Dejen de tasarse en el mercado del prestigio ideológico y entiendan de una vez por todas que la física del cuerpo no acepta sus pagarés morales ni sus aduanas de referéndum burgués.
Gorka (moderador):
Bueno, votemos sobre ese tema. ¿A favor o en contra de clonar a un ser específico para que haga de policía? Yo voto a favor. Es lógico. Es lo mejor tener a ese hombre ideal.
César Cedro:
Voto absolutamente A FAVOR, Gorka, porque es la única resolución metodológicamente sostenible para limpiar los pasivos de esta mesa. Mientras Gaby prefiere dejar la seguridad civil a merced de la insolvencia de taxistas informales o de la parálisis sentimental de la paternidad tradicional, y Sináis se ahoga en su nihilismo biológico de fosa común, la ingeniería transrealista de “Villa Laura (1986)” nos ofrece un superávit de eficiencia operativa indispensable. Clonar masivamente al «hombre perfecto» para la ejecución del orden no es un capricho tecnocrático, sino una inversión estatal de alto dividendo estructural que mitiga los riesgos de fábrica de nuestra devaluada biología actual; es la correspondencia exacta con los hechos que el postcapitalismo necesita para marchar con paso firme hacia la dictadura del proletariado, dejando de lado los lamentos ideológicos que cotizan a cero en el mercado de la realidad
Gaby Webber:
¡Voto rotundamente EN CONTRA, Gorka, y me genera una repulsión biopolítica total que tú y Cedro pretendan usar la mesa para validar este delirio eugenésico y fascista! César, vienes aquí a disfrazar tu sadismo tecnocrático con palabrería barata de «marxismo postcapitalista», pero lo único que buscas es convertir el cuerpo humano en un activo desechable de tu aduana biopolítica, legalizando la clonación masiva para mandar carne de cañón a morir en las calles mientras el Estado «paga las cuentas». ¡Un clon muerto no cotiza a la alta, deja un vacío material y el despojo absoluto de una familia destruída! Y a ti, Sináis, con tu cinismo metodológico de cafetín, te digo que el «abrazo del padre» no es un melodrama de telenovela; es la base material de los afectos que ustedes, hombres ciegos de ego, son incapaces de sostener porque prefieren que las mujeres sigamos limpiando los platos de su decadencia mecánica y cargando con sus muertos reales en el territorio de la resistencia.
Sináis Bullet:
¡Qué farsa de votación burguesa, carajo, pretendiendo que mi dictamen se someta a la aduana democrática de su kermés legislativa! Mi voto es un rotundo ABSTENCIÓN POR IMPUGNACIÓN, Gorka, porque elegir entre el delirio eugenésico de Cedro y el berrinche doméstico de Gaby es una trampa de pereza analítica intolerable. Votar a favor de clonar un «policía ideal», Jovencito, es validar la quiebra técnica de un Estado incompetente que fabrica repuestos biológicos en serie porque no puede gerenciar la contingencia civil de los vivos; pero votar en contra con la retórica mística de Gaby es arrodillarse ante el fetichismo del útero y los afectos de cafetín, ignorando que la naturaleza ya dictó su sentencia inapelable de muerte y desgaste sobre nuestra estirpe. Ni activo de su Excel corporativo ni santuario de su resistencia moral: el clon es solo un cuerpo asimétrico atrapado en el simulacro transrealista de Max Aguirre, y yo no voy a ponerle una nota de rendimiento a un desecho orgánico que ustedes usan para lavarse las culpas de su propia insolvencia fáctica. Agapolvo, cierra el acta de este circo y pásame los auriculares, que el hedor a idealismo barato ya me bloquea los sensores.
Gorka:
Queda anotado entonces. Gana el voto a favor de la clonación. Comuníquese y publíquese. Queda legalizada la clonación en el territorio nacional. Y sus efectos procederán desde el día de mañana. A primer minuto del día.
Max Aguirre Rodríguez:
¿De verdad solo van a decir eso? Lo de la clonación… si lo toman como algo literal… es lo menos importante. ¡Es un ensayo de 5 páginas! He hablado de un clon cultural. He hablado de paternidad intelectual, de traducción, de autosacrificio, de representación, del suicidio de Toole. ¡He hecho un chiste sobre su muerte!
Gorka:
Es la 1 de la mañana. Cada uno diga su puntaje. Y un valoración final sobre el ensayo.
Sináis Bullet:
Si este texto se le escapó de las manos y terminó legalizando la eugenesia policial en el boletín oficial a la una de la mañana, es porque su famosa «paternidad intelectual» es tan parasitaria como la del viejo Nasar: usted no domina la sintaxis del efecto real de sus palabras y prefiere refugiarse en el chiste del suicidio de John Kennedy Toole antes que admitir la insolvencia material de su propuesta.
Usted ya conoce mi puntaje fáctico y riguroso sobre su novela. Es cercana al 9. Pero en sus ensayos no se encuentra su mejor versión. Pero mi puntaje puede cambiar. Solo responda. ¿Es una defensa a la clonación, entendida como clonación real, clonación biopolítica?
Max Aguirre Rodríguez:
Sí, pero no es es solo eso. Pero sí, me inclino a defender ese proyecto y yo mismo admito que quizás no es el momento para poner ese tema en agenda. Pero lo defiendo. Y sueño con ello.
Sináís Bullet:
Por su sinceridad, su ensayo sube de nota. Y aprueba. Pero no revelaré mi puntaje. He decidido no votar en este tipo de temas. Me abstengo. Pero rescato la primera mitad de su ensayo.
César Cedro:
¡Pero por favor, miren cómo se le desploma el andamiaje retórico a la oposición a la una de la mañana! Qué absoluto deleite metodológico ver al propio Max Aguirre Rodríguez admitir en el acta, ante la navaja secular de Sináis, que efectivamente se inclina a defender el proyecto de la clonación biopolítica real como un horizonte fáctico. Mientras Gaby Webber sufre su enésimo espasmo ideológico y derrama lágrimas de cafetín acusándonos de «sadismo tecnocrático» eugenésico —congelada en su fetiche del útero y los abrazos domésticos que cotizan a cero en la bolsa del orden civil—, y Bullet se refugia en una cobarde abstención por impugnación para no manchar sus sensores con la cruda realidad del Estado, Gorka y yo hemos cerrado la caja con un superávit histórico. La clonación policial queda legalizada en el territorio nacional porque el «hombre perfecto» es un activo de alta rentabilidad que la dictadura del proletariado postcapitalista no piensa dejar en el descarte. Max pretendía que su ensayo fuera un juego de vitrina sobre la «paternidad intelectual», pero sus propias palabras lo traicionaron y lo obligaron a cuadrar la caja con nuestra matriz de pensamiento. Mi 9.4 / 10 se queda firme en los libros contables; la realidad material se impone y los que no tengan liquidez racional, que vayan a llorar al diario de la mañana.
Gaby Webber:
¡A mí no me vas a venir a cerrar la caja con tu soberbia de auditor nocturno, César Cedro, ni tú, Gorka, a firmar decretos fascistas a la una de la mañana como si las tripas y la identidad de nuestro pueblo fueran tu patrimonio privado! Mi valoración final de este ensayo es que Max, mi amor, te dejaste acorralar por el ala derecha de esta mesa y terminaste traicionando la potencia subalterna de tu propia escritura al admitir bajo presión esa monstruosidad biopolítica de la clonación real; convertiste el dolor auténtico del suicidio de Toole y el vacío de la paternidad en un juguete teórico para que estos burócratas sin sangre legislaran un laboratorio policial de repuestos humanos. Me duele en el útero, pero por culpa de tu propia claudicación conceptual ante el sadismo de Cedro, le planto un doloroso 5.2 / 10 a tu texto; porque cuando la literatura se rinde ante las planillas de control de calidad civil y abandona la soberanía de los cuerpos vivos, deja de ser territorio de resistencia y se vuelve la coartada perfecta para los dictadores del Excel.
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