– Imagen por Adam Ferguson, the-wandering-artist.
– [Secuela de otro texto de adolescencia]
[Escrito a los 15 años]
El hombre que se esconde detrás de la oscuridad
Por Alma Baker
La ciudad era la ramera. De Roma, de Estambul, de Katanga. La ramera de rameras. La ramera.
Y solo uno podía encontrarla: el detective Charly.
Los peniques fueron puestos sobre la mesa. Y él pidió que los pusiera en la silla. Porque esa mesa no era suya. Entonces Fuerte Strong, la chica más joven del pueblo, que era de otro pueblo, no de este pueblo, le hizo caso.
“No basta”
“¿Cómo no?”
“No basta para mi tarifa premium”
“¿Qué incluye?”
“Por el doble puedo dejar de decir chistes rojos. Ya solo diría chistes blancos”
“It is a good deal… pero no dinero. Ya no hay, señor”
“Pero yo sí tengo”
“No interrumpa”
“Hija, no irás sola”
“¿Cuántos son?”
“Yo también estoy acá”
Así se reunieron los héroes: José Juan y Sofía (la Caperucita azul), padres de Fuerte Strong, y el amigo gay de la familia: Josefino. Pero dejo constancia de que no importa que sea gay, porque ser gay es algo normal y aceptable. O eso es lo que dicen. No todos lo dicen. Quizás sea así. No sé.
José Juan:
“Esta ciudad es moderna. Claro, ya han pasado 20 años. Ya estamos en los ochentas”
Sofía:
“Pensé que en los setentas”
José Juan:
“Bueno, ya pasaron 20 años, amor de mi vida”
Josefino:
“Estamos en los noventas”
Más tarde, más lejos, se encontraba el autor del mundo. Quien no podía dejar de escribir. Era su maldición y su sueño. Debía escribir y dormir, y luego despertar para escribir y dormir. Era un hombre feliz. Era ya un anciano. Y hablaba en lengua muerta. Pero en sus manos era lengua viva.
Se paró rápidamente tirando la silla dos metros. Se sentía observado.
“Aha, eres el hombre que se esconde detrás de la oscuridad. Muéstrate” dijo mientras sus ojos parecían crecer y su cara alargarse, mientras la luz resplandecía todo. “Ya me estoy mostrando. Este soy yo”, dijo el hombre oscuro. “Pero tú estás detrás de la oscuridad, sal de ahí”. “Ya me estoy mostrando, viejo loco, ¿no me ves?”. “Quédate ahí, hombre maldito, apagaré la luz”.
Y al apagarla se develó el misterio. El hombre que se escondía detrás de la oscuridad realmente se escondía en la oscuridad.
El viejo vio los ojos de la sombra. Los cuales eran triangulares y alargados. Los del viejo se alargaron más que los de él. Sus cabezas eran gigantes. Y una gota gigante recorrió el rostro de ambos. Una sola.
Viejo:
“Yo no te he escrito”
El hombre que se esconde detrás de (en) la oscuridad:
“¿Tú no eres el autor del mundo?”
Viejo:
“Del mundo literario. De esta novela. ¿Quieres leerla? Está en un idioma que he inventado”
El… el loco este:
“No”
José Juan, en otro lugar, es otra escena, recordaba chispazos de los 20 años que su mente escondió. Recordó a una mujer. Y quiso saber más de ella. Y conversó con ella. Salieron varias veces hasta que se casaron. Era una mujer joven. Hasta que el sueño se rompió y esa mujer, 20 años mayor, lo despertó.
Pero José Juan la abrazó como si despertara de una pesadilla. Besó su mejilla. La estrujó. Sintiéndose a salvo.
“Papá fue militar”, dijo Fuerte Strong a su mejor amigo Josefino junior. “El más valiente y el más rápido archivador”, añadió.
La mamá fue doctora. Sofía y José Juan habían sufrido la destrucción de su ciudad de origen. Un atentando sin explicar que fue explicado 2 años después. Un tal doctor Normal fue arrestado e incriminado, pero él negó todo. Josefino reconstruyó lo que quedó de la ciudad y luego vendió los terrenos a nuevas personas. Y ellos trajeron el progreso, los mercados y los carros.
Y todo se hizo más caro, pero llegaron los intelectuales. Los seres más divertidos del planeta.
Y hoy el Doctor Normal era liberado. Los periodistas se acercaban al palacio de injusticia (el que lucha contra la injusticia). Estaba tapado. No quería que nadie lo viera. Se quedó muy cerca al carro que lo iba a llevar a su nueva casa y entonces se destapó e hizo muecas de loco. Diciendo, mientras temblaba y sacaba la lengua y los ojos: “soy inocente, los quiero a todos”.
Josefino junior:
“Ay, amiga, me muero, ay, ay, ay. Qué espectáculo tan ordinario. ¡Ay, mi maquillaje!”
Fuerte Strong:
“Aquí tiene su maquillaje. A su hijo le pasa muy seguido”
Josefino:
“Ese niño no cuidado su maquillaje. Y es vital para el hombre”
Sofía:
“Fuerte, hija, estás muy pensativa”
Fuerte:
“Ayer liberaron a ese doctor loco”
José Juan:
“Por ese viniste a pedir ayuda a este loco”
Fuerte Strong:
“No, este loco no es loco”
Sofía:
“Este loco es detective”
Detective Charly:
“Ya vamos a llegar. No se quiten los cinturones de seguridad aún”
Charly iba a una velocidad sideral, planetaria. Como si fuera arrastrado por dos elefantes.
Chocó. Sí.
Era Andrea, la arbolina.
“Otra vez”, masticó Charly en su acento (creo que era extranjero). “¡Pu…ber! Púber. Jiji. Cuando uno cree llegar, a veces la naturaleza dice que no”.
José Juan y Sofía bajaron rápidamente del carro. Era su amiga Andrea. Hoy de 3 metros. Hechada, adolorida. Ella los reconoció. 20 años habían pasado.
“Bueno, ya se murió”
“¡No, sigo viva!
“Sí, ya no se mueve”
Josefino ayudó a Andrea a levantarse. Y ella lo agradeció con un beso en la mejilla.
“Estás viva, ¡amiga!”
Era el reencuentro más esperado. José Juan, Sofía y Andrea. 20 años desde la última aventura.
“Lo que no te mata, te pone duro”, dijo Charly. Y fue ignorado. Luego sacó la llanta de repuesto y le pidió a Josefino que ayudara. Pero este hizo un gesto con las manos, como mariposa, y se alejó. Y se le volvió a caer el maquillaje.
Andrea confesó el destino de Willy. Nunca lo encontró. Fue asesinado por… el hombre que se esconde detrás de la oscuridad.
El árbol cojo que caminaba con muletas fue finiquitado. Y Andrea quería venganza.
Pero José Juan y Sofía les dijeron que podía descansar, que ellos se encargarían. La dejaron en el bosque y subieron al carro de Charly junto a su hija Fuerte Strong y a Josefino quien se aplicaba 5 cremas, incluyendo repelente y bloqueador mate.
Andrea agitó sus ramas. Y sus hojas hicieron el sonido de la libertad. Era libre. Libre del odio. Ahora podía simplemente quedarse quieta.
Josefino:
“Ay, ¿y a dónde vamos, por cierto?”
Charly:
“¿No es evidente? Cierto, no es evidente para las personas normales. El asesino se encuentra en Islas Amigas”
Josefino:
“¿Cómo lo sabes?”
Fuerte Strong:
“¿Es por el material que se encontró el carruaje”?
Charly:
“Sí, ese mineral solo puede conseguirse en una isla vecina dominada por piratas”
José Juan:
“Entonces deberíamos ir a esa isla”
Charly:
“No, porque los caballos que usó solo son criados en Katanga”
Sofía:
“Pero eso está más lejos. A ver. ¿Cómo realmente resuelves el caso?”
Charly:
“Un hechicero lo hizo. Un hechicero lo hizo por mí. Él usa ese mineral para unos trucos de magia. Solo hay un lugar, aparte de la isla de piratas y Katanga, donde puede encontrarse: Islas Amigas. Pero no porque se encuentre ahí, sino porque ahí vivió ese escritor viejo. Y él compraba los tesoros del mundo”.
Sofía:
“¿Sabe qué? No me importa. Solo llévanos y matemos a ese hombre loco. Y luego cada uno a su casa”
El… el hombre loco:
“José Juan. Cumpliste tu destino. ¿Ya pudiste recordarme?”
El carro se aceleró y atropelló al hombre… loco. El hombre… loco se hizo sombra y siguió hablando.
Charly:
“Lo siento, muchachos. Creo que es el fin. A menos que tenga un arma. Ah, sí la tengo”
Fuerte Strong:
“Eres tú. Abuelo”
La sombra comenzó a encogerse. Sofía y José Juan miraron a su hija.
Fuerte Strong:
“¿Por qué eres una sombra? Tú eres luz”
Sombra:
“Solo queda esto de mí”
Fuerte Strong:
“No, no es cierto. Tus libros están en Islas Amigas. Yo iré a salvarlos”
El hombre que se esconde detrás de la oscuridad:
“Si lo haces, yo desapareceré”
Fuerte Strong:
“¿Y por qué eso es malo? ¿Por qué ahora temes despedirte? ¿Por qué no puede existir nadie después de ti?”
Sombra:
“En el fondo, realmente no quiero morir”
Fuerte Strong:
“Pero ya lo hiciste”
Sombra:
“El escritor esta muerto. Pero yo soy sus ideas”
Fuerte Strong:
“Y no todas son buenas. Voy a salvarte. Voy a salvar tus libros. Los volveré a escribir”
Sombra:
“Pero ya son perfectos”
Fuerte:
“Pero son distantes”
Sombra:
“Gracias”
El hombre que se esconde detrás de la oscuridad fue derrotado. La familia llegó a Islas Amigas. Donde se encontraban todos los tesoros. Libros que el escritor había robado de otros autores. Pequeños fragmentos que incluso había comprado. Letras de canciones y manifiestos llenos de sangre. Fuerte Strong los tomó todos y decidió que iba a reescribirlos.
Su padre, José Juan, entonces recuperó la memoria. Esa mancha clara en su frente, esa marca como de Caín, ahora estaba atado a un recuerdo: al día que conoció a su esposa.
También puedes leer:
-
Entrevista a Edwin Montesinos Nolasco («El rincón de Gorka», 06/septiembre/2026)
-
“La conjura de los necios” vs. “Villa Laura (1986)”: representación, parodia y sacrificio (30/agosto/2026)
-
“El Anticristo” y “¿Solidaridad u objetividad?” (Rorty) vs. “Villa Laura (1986)” y “Verdad como coincidencia” (Aguirre Rodríguez) (20/agosto/2026)
-
«El extranjero» y «La vegetariana» vs. «Villa Laura (1986)» (10/agosto/2026)
-
«Pedro Páramo» vs. «Villa Laura (1986)» (debate) («Cuarto cerrado», 6)