«El extranjero» y «La vegetariana» vs. «Villa Laura (1986)» (10/agosto/2026)

 

La claudicación contra el triunfo de la tribu

Por Max Aguirre Rodríguez

 

 

Acabo de terminar «La vegetariana» esperando la claudicación. Y así ha sido. Es un texto de denuncia truculento y asfixiante, efectista y fallido. Como lo es también «El extranjero» de Camus. Ambas novelas tratan de convencernos y no está mal. La del francés nos advierte sobre lo que le sucede al individuo si no se adapta a las normas sociales (algo vigente solamente porque es manido). Y la coreana hace exactamente lo mismo, pero al final nos expone ante una mujer que simplemente ha perdido el rumbo y se encuentra en el ocaso mental. ¿Queda claro que eso sea por el abuso físico de su padre? No.

 

 

Los protagonistas: Meursault, Yeong-hye y Constanza (y Regine)

 

La de Meursault es un relato deslucido en el que literalmente solo tiene momentos brillantes cuando los reflejos (especialmente los del Sol) gritan su importancia. Todo lo demás es, como se ha dicho siempre, un relato monótono calibrado para mostrar la apatía de su protagonista. Alguien que vive en un texto que se podría resumir como «ser ateo e imbécil». Y es que el ateísmo no recibe un buen trato aquí. Su encarnación simplemente se deja condenar sin apenas defenderse en el juicio (con un abogado al que apenas cuestiona). Si le compramos a Camus que el juicio es un espejismo, una farsa, lo podemos disfrutar. Pero eso es difícil. Lo condenan supuestamente más por no llorar a su madre que por haberle disparado a un árabe en la playa (quien lo atacó con el fuerte reflejo de su navaja). Es simple en fondo y forma.

 

Yeong-hye es descrita brillantemente, por su marido, en las primeras páginas de la novela. Es una mirada masculina casi caricaturesca, pero no imposible. Es una mujer que no destaca en nada, salvo en su fijación por no usar sostén por el calor. Es un lienzo en blanco que algunos hombres buscan en sus mujeres más jóvenes. Pero en la realidad cualquier mujer rompe ese molde. Y Yeong-hye lo hace de la forma más sórdida: volviéndose loca, pero primero vegetariana. Y no es, lamentablemente, el cambio de dieta un intento para tomar el control, sino solo un síntoma de su deterioro. Y ese es un problema para el planteamiento ideológico de la novela. No es el hombre el causante de su locura, esta ya vive en ella y se le presenta en un sueño. Y lo digo pese a que sea su padre el detonante del momento más abisal: Yeong-hye se corta la muñeca. Su padre, su hermana, su cuñado y su marido insisten con la carne. Y esa es su respuesta.

 

Regine es también alguien que roza la caricatura. Una mujer de 35 años que mantiene actitudes infantiles y una papitis evidente. Pero es una mujer funcional que vive en Francia y lidera a su familia. Y lo mismo con Constanza. El Nobel Nasar es el villano de la historia. Alguien cuyo amor es control. Y no oculta sus intenciones. Su proyecto es eugenésico. Pero las mujeres de su tribu se rebelan contra lo que él delira haber predeterminado. Su esposa, Laura, en su juventud sí es la joven que está «destinada» a ser una buena esposa, pero se convierte en una madre ausente que prefiere su trabajo y su militancia política. No es una novela de claudicación. Es una novela de prosperidad polifónica. Una autopsia intelectual que hace la hija primero y luego la nieta en el futuro.

 

 

Comentarios finales

 

Pese a todo, disfruté más «La vegetariana» que «El extranjero» (texto que se siente obsoleto). No me gusta la infidelidad como tema, en mi universo literario la infidelidad es algo profundamente irracional (si lo importante es la prosperidad de la tribu). Lo que le hizo el cuñado a Yeong-hye es vomitivo, pero en la novela es hasta fetiche artístico. La violación ocurre como parte del arte del cuñado. Como un video porno. Entiendo que es para mostrar cómo la creatividad de… un hombre puede ser cautivante (en el peor sentido) y destructiva. Lo realmente repelente curiosamente sucede en la tercera parte, donde simplemente la hermana cuida de Yeong-hye. Son páginas aburridas cuya monotonía están más o menos justificadas, pero que siento que aportan poco. Sobre todo si ya lo que se quiere afirmar está roto. La locura no es culpa del hombre. Bueno, la violación sí. Es simplemente una hermana cuidando a su hermana loca. Lo más raro es que la hermana llega a pensar que si Yeong-hye no se volvía loca, quizás ella sí… por estar cumpliendo bien su rol, las normas sociales. No convence ese planteamiento. No lo compro.

 

En «Villa Laura (1986)» no hay truculencia. Es una novela de ruptura y sutura. De desorden y orden. De delirio y memoria. Es un espectáculo musical con voces femeninas que han sobrevivo al control de Nasar. La tribu, como la humanidad misma, hereda una memoria colectiva en los que hay textos que perduran. Y en los que los autores pasados se vuelve personajes de los que sobreviven. Pese al cáncer y la muerte, aceptados lógicamente por casi todos los miembros, la novela es de prosperidad y conexión.