–

“El Anticristo” y “¿Solidaridad u objetividad?” (Rorty) vs. “Villa Laura (1986)” y “Verdad como coincidencia” (Aguirre Rodríguez)
Por Max Aguirre Rodríguez
De “El Anticristo” se ha dicho que respalda el neopragmatismo de Richard Rorty. Él lo ha dicho (quizás). Y hay que mirar su trabajo con sospecha. Ambos nos piden rechazar lo ahistórico, la búsqueda de esencias y representación de la realidad. Uno nos pide tomar el rol de primer orden, el de los creadores de leyes y códigos, el de los intelectuales, para imponernos. El otro ha sumido nuestro mundo contemporáneo en uno en el que no importa la correspondencia con la realidad, sino solo la solidaridad extrema. Y es hora de rescatar su obra de todas sus intenciones fallidas. Es hora de volver a lo material.
Richard Rorty expone y contrapone dos formas de enfrentar el mundo: la del objetivista que busca respuestas ahistóricas, un marco de referencia suprahumano, y la del pragmatista para quien las respuestas del universo son contingentes, están en relación al lenguaje humano, y para quien el énfasis está en la solidaridad. Creo que Rorty diluye bien dicotomías como representacionalismo y antirrepresentacionalismo, y objetivo/relativo. Pero inmediatamente después pone el énfasis en el consenso intersubjetivo, en lugar de otro tipo de coincidencias, como las coincidencias biológicas. Puede haber muchas teorías y relatos sobre cómo y por qué quema el fuego, pero ninguna creencia hace que el fuego deje de quemar. No importa si no tenemos acceso al “árbol en sí”, a su esencia. Y no podremos tenerlo, al ser humanos. Siempre veremos solo el “árbol para nosotros, los humanos”. Y está bien. Pero justamente se debe a que puede haber distintas perspectivas sobre algo material. La verdad está en la coincidencia.
Nasar, el filósofo que no puede matar a Dios
En “Villa Laura (1986)” vive y muere Nasar, quien en sus últimos años enfrenta a Dios por última vez (como lo hizo Nietzsche incluso en sus últimos años). Nasar es casi un rortyano, pero con más seguridad se puede afirmar que es un realista pragmático, como Putnam. O, como yo (el autor), un convocacionista: alguien que ve que las teorías de la verdad más influyentes no se oponen, sino que se complementan. Tenemos la correspondencia, la coherencia, el consenso y la pragmática. En ese orden.
Nasar es, como yo, el autor de “Verdad como coincidencia”, donde el énfasis está en la coincidencia biológica. No solo en el tacto, sino en el entendimiento, en la manera de razonar y experimentar el mundo. Y en que somos parte, cuando lo somos, de culturas más o menos similares. La biología del hombre tiende a lo cultural. El hombre es un ser social, un ser de cultura, un ser de tribu. El fragmento 57 de “El Anticristo” trae luces sobre el rechazo a buscar esencias. Si hay verdades o leyes que nos parecen instintivas, no se trata de que lo sean porque hay algo suprahumano que nos guía, sino que el instinto justamente nace de nuestra composición biológica. Y el hombre es parte de un gran diálogo intergeneracional.
Y hay que entender algo: la correspondencia no es entre nuestras afirmaciones y la “cosa en sí”, sino entre nuestras afirmaciones y “la cosa en relación a los humanos”. Nasar, como Rorty, rechaza esencias suprahumanas y una realidad superior por algo muy sencillo: no podemos despojarnos de nuestra humanidad para ver y experimentar el mundo. Nuestra humanidad es la última frontera pese a tener las herramientas más sofisticadas. Pero Nasar, sobre todo él, no declara como falsa una realidad superior, sino que la declara irrelevante, al solo tener ideas propuestas o imaginadas sobre un plano superior de existencia difusa. Nasar lleva el rortyanismo al agnosticismo. Hace que Dios sea irrelevante y que el creyente sea simplemente alguien proponiendo e imaginando cosas sobre una realidad supuesta. Y luego Nasar añade que esta creatividad del creyente (del teísta) debe evaluarse en cuanto a su función o utilidad dentro de la esfera público/política. Y que ya es imposible un mundo en el que el creyente apele a que Dios se sostiene en una verdad ahistórica misteriosa y contundente.
Textos, ideología y terrones
Creo que es evidente que ya vivimos en un mundo donde la correspondencia es con la “cosa para nosotros”. El mismo Rorty en “Textos y terrones” sí deja claro que hay una resistencia de lo exterior, una fuerza que no depende de nosotros y la cual nuestro lenguaje clasifica.
Lo malo es que en el mismo texto confunde dos cosas: la captación de la “cosa para nosotros” con que nuestras afirmaciones son sobre las cosas siempre ya arropadas en palabras. Y concluye que solo estamos ante un entramado de palabras descifrando otro entramado de palabras. Ese paso es innecesario. No nos dice nada, y hace oscuro y peligroso su planteamiento hasta entonces tan limpio. De ahí que pretenda equiparar ciertas conclusiones científicas con la crítica literaria. Cuando en el mismo texto afirma que las primeras pertenecen a un consenso duro y la segunda a un consenso suave o débil. Y es porque el primero responde a una coincidencia humana más transversal, biológica e interna (dejo claro: no trascendental, no suprahumana). Pero lo externo sigue ahí.
Si hiciéramos el énfasis en el consenso y en el lenguaje como parece que Rorty lo hace, en la práctica equipararíamos la “cosa para nosotros” con los discursos, con las afirmaciones sobre las cosas. Y esto es una manera de deformar la correspondencia, una propuesta peligrosa que deja en el vacío a la humanidad, nuestra gran tribu.
No todo consenso es legítimo. Como advirtió Nietzsche sobre el teísmo y su inclinación por convertir a los mártires en argumentos de verdad. Y es algo en el que los apologetas cristianos siguen insistiendo: en que la muerte de los apóstoles prueba de alguna manera que la resurrección es verdadera, que Cristo sí resucitó. Esta es la secuencia: “los apóstoles podrían haber negado la resurrección, hacer apostasía y ser salvados”, “como no lo hicieron, realmente creían en la tumba vacía y esto debió suceder entonces” y “por lo tanto, Cristo sí resucitó, porque sus apóstoles murieron por él”. No, a lo mucho esto prueba que estas personas estaban convencidas de que eso había pasado. Así como ciertas sectas deciden suicidios colectivos para ascender. Nietzsche sugiere otra explicación: la caída de Roma. Y es que la idea (o el mito) se hizo tan fuerte que las muertes de los apóstoles fue de todas maneras una victoria política.
En “Villa Laura (1986)” no hay una mención explícita a lo más polémico de “Textos y terrones” (nivelar las humanidades con las ciencias, y casi los discursos con lo material), pero sí vemos perspectivas sobre el personaje Laura. No diré que es reconstruida porque esa es una licencia estilística que justo ahora no es exacta. Si se quiere ser precisos, se debe decir que Laura, la abuela de Alma Baker, es principalmente descubierta y un poco inventada. Porque lo que la nieta Alma hereda son perspectivas sobre su abuela. En los relatos de Nasar (su abuelo), Regine (su tía), Constanza (su madre), y Monterroso (testigo). Pero también están sus recuerdos con la Laura real cuando ella era la niña que apenas hablaba español, las entrevistas a Monterroso, las palabras del real, para ese universo, Alan García, y toda la investigación y verificación material que hizo la narradora final sobre la novela que finalmente publica.
Quizás eso sea ejemplo de cómo hay discursos que se van haciendo más precisos que otros para contarnos algo. Pero Laura, en su universo, existe. Existió y se dejó ver por personas. Rorty asume que la solidaridad será el gran criterio que reemplazará a la correspondencia, y se equivoca. Rorty lleva el asunto más lejos al decirnos que la ciencia no es un lenguaje privilegiado que supere al de las humanidades. Y aquí, en “Textos y terrones”, es donde su filosofía se asfixia a sí misma.
Ejemplos en el mundo hay varios. Incluso mencionarlos ya requiere ensayos derivados. Pero sé que me entienden cuando digo que la correspondencia (pragmatista) no puede estar subordinada a la solidaridad. Eso sería el triunfo del consenso vacío. En favor de un falso progreso.
También puedes leer:
-
«El extranjero» y «La vegetariana» vs. «Villa Laura (1986)» (10/agosto/2026)
-
«Pedro Páramo» vs. «Villa Laura (1986)» (debate) («Cuarto cerrado», 6)
-
La aduana del murmullo frente a la música robada (Un versus quirúrgico entre “Pedro Páramo” y «Villa Laura (1986)»)
-
Mi vida luego del caso Caja Negra («El rincón de Gorka», 05/julio/2026)
-
Debate sobre el aborto eugenésico («Cuarto cerrado», 5)