Episodio 6: Nasar es César Vallejo («Villa Laura (1986)»)

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Max Aguirre Rodríguez

 

Capítulo 7: cuidar a papá

 

 

Dante no está de acuerdo. Dice que sí, pero no está de acuerdo. Mira el horizonte, pensando en lo que acaba de leer. “Zuckerman Unbound”. Se sienta en el sofá descuidando su postura de militar rebelde. Me mira por ratos, a su izquierda. Se muerde la parte derecha de los labios.

 

-Tú puedes quedarte, Constanza.

-Pienso quedarme, amor.

-Y está bien. Es tu padre.

 

-¿Vas a poder con las niñas?

-Yes. La nana está siempre disponible.

 

-¿Cuántos meses tú planeas quedarte?

-Todos los que pueda. Es mi padre, Dante.

-Bien.

 

 

Se va. El hombre que me ama me odia ahora mismo. Lo dejo por un tiempo. Para volver con mi padre. Mis hijas lo van a entender. Lloraron mucho a mi madre, la querían mucho. Ellas van a entender. Quiero estar con papá. No quiero que muera solo.

 

Camino hacia los jardines. Mi mamá les puso nombre a algunos árboles. Ese de ahí, el más grande, se llama Leonora. Se agita, como ahora, cuando hay viento. Está a 30 pasos. 60 de mi versión de niña. Tiene flores amarillas y crece a los lados abrazando a las anónimas. Ya por fin tiene ramas gruesas. Regine siempre ganaba las carreras. Mi hermana era gordita y veloz. Papá la alentaba. Y mamá gritaba por mí. Me abrazaba. Me abrazó cuando gané. Sonrió. Qué ojos bonitos. Era muy bonita.

 

Papá no pudo celebrar su cumpleaños 70 acá. Pero sí el 65. Vinieron algunos escritores de renombre. Poetas y novelistas de varios países. Muchos de los últimos. Al día siguiente papá no quería bajar a desayunar. Regine lo cargó. Tenía 20 años y ya podía cargarlo. Esa niña. Las dos ya éramos madres.

 

Mamá no dejaba que la ayudaran con la cocina. Regine era muy mandona. Mamá se volvía loca. La señora Mercedes aún no estaba con nosotros.

 

“¡Hermana! ¡Constanza! ¡Constanza!”

 

Vuelvo a la casa. Las niñas están en guerra. Quiero intervenir. Dos a cada lado. Y una frontera pintada a mano por papá. Con ríos amorfos y césped imposible. Y encima cartas, el batallón. Los comandos vienen en varios idiomas. Las alianzas están formadas. Usan el lenguaje de la guerra.

 

Mi hija voltea y me sonríe. La mayor sabe que ha tomado las cartas de papá. Mis sobrinas se ven altivas y mueven sus figuras de arcilla, ídolos de barro. Son diosas, en guerra.

 

 

Almita/Soul (11) – Esmeralda (16) vs Azucena/Zakura (14) – Amanda (16)

Inglés – Español/inglés vs francés – francés/inglés

 

Las niñas vociferan los hechizos con gestos grandes, de magos. Mueven las figuras, caballeros y animales. Colocan las trampas y los señuelos. Un lado coordina en español e inglés y el otro complota en francés.

 

-Master card! Sir Brun, Gods Slayer!

-Sí. ¡La carta del campeón!

-Go forward 5 spaces!

-Est-ce autorisé? Cheater!

-You have master card Sunflower

-Yes, you have that!, Amandita.

– C’est la carte préférée de Zakura… I /allEw/ your card.

-Zakura, be ready. I attack Sunflower.

-Mon tournesol! No!

-Le tournesol peut survivre une fois!

-But Sir Brun will die, sister. Oh. He can return.

-Retour du Tournesol! Tu as perdu, Esmeralda. 1000 points.

-Sir Brun stop all the mortal effects. We must wait the resolution.

-Quoi? Qu’a-t-elle dit?, Amanda.

-Sir Brun retarde les effets mortels

-I special summon Onura from deck and Sunflower now is in attack mode. Onura, with 1700 ATK, destroy Sunflower. You lost.

-Quoi? Mais tu perds 1000 points.

-We both are eliminated. Soul, is all on you. Todo depende de ti.

-Mon tournesol…

-J’invoque spécialement Panda Dual. Il avance de 5 cases.

-Almita, debes defenderte en tu turno.

-Je déplace le Canon Médusa de deux espaces vers la droite.

-Petrificó tu Caballo, Almita. Your Horse can´t move now.

-My Horse!

– J’ai tendu un piège derrière mon Canon Médusa.

-C’est ton tour, Alma.

 

Mi Almita mira el tablero. Cuentas los espacios. Predice las trampas y los señuelos.

 

-I just need one card. Draw!

-Defiéndete de esa francesa.

-I use Reinforcement and special summon 5 pawns from my deck

-Tu vas perdre.

-I use New Tower and special summon a Tower from my deck. I sacrifice 3 pawns.

-¿Vas a invocar a la carta rara Caballero Capablanca?

-I no need a Master card. No Master card Capablanca.

-¿No la tienes?

-I sacrfice 2 pawns and my Horse. I normal summon Elephant, a basic card. I summon it behind my tower.

-Muy bien, hermana. Pero tu torre no va a llegar. Bien jugado igual, hermanita.

-I use No Limits. Now my Tower can reach you, Amanda.

-Amanda, dis quelque chose. Tu as un piège.

-My Tower move to your Medusa Cannon and both are equally destroyed.

-Tu as un piège, Amanda.

-Now Elephant move to Amanda and attack.

-¿Qué trampa es?, Amanda. ¿Amanda?

-Piège à gauche

-Trap to The Left! Is invalid! Soul, you won. We won. Great play. Wow.

-Superb, cousine. Bien Joué.

 

 

Las niñas abandonan el campo de batalla recordando que son de una misma tribu. Una matriarca grita. Y las protegidas vuelven para resguardar las cartas y figuras del abuelo. Almita guarda la figura de su elefantito en el bolsillo, es suyo.

 

 

 

 

Las recetas de Regine

 

 

 

Capítulo 16: Elías Monterroso

 

 

Era gracioso. Recuerdo cómo se llevaban con la Constanza. Mal se llevaban. Hasta que vino la entrevista y los insultos en el velorio de mamá. ¿Quién busca enemigos en un velorio? El viejito Monterroso.

 

Cuando tuvo la entrevista, el viejito ya sabía que mamá empezaba a dormir. Eso lo afectó. Dijo cosas muy absurdas. Y otras con bastante sentido. Dijo por ejemplo que las mujeres no deberíamos pagar impuestos y tampoco votar. Eso me gustó. Eso me pareció bueno.

 

Luego hizo chistes sobre el político del bigote. No reproduzco esas palabras, porque acá en Francia es un tema sensible. Luego se metió con los apristas. Dijo cosas muy duras. Pero siempre destacó que mamá era diferente, que él la respetaba mucho.

 

Luego de esa entrevista, le dijeron que lo mejor sería que se aleje un tiempo del periódico. Elías lo tomó mal. Le dijeron que se tome 1 semana. Por la entrevista y por mamá. Él renunció, se jubiló. Al día siguiente, mamá murió en la tarde. Y un día después se hizo el velatorio, en privado. Pese a la insistencia de algunas personas. Sin medios, sin cámaras, solo amigos y familia. Ahí Monterroso tomó la palabra y dijo cosas feas. Creo que dijo que el aprismo había matado a mamá.

 

Creo que fue la única vez que no me reí. Constanza estaba roja de la cólera. Los apristas amigos de mamá se acercaron y uno lo golpeó. Uno grande. Le decían búfalo. Elías no se dejó, pero poco pudo hacer. El viejito ya era decrépito, pero había decisión en su mirada. Los separaron y Constanza les ordenó que se fueran. No le hicieron caso, pero ya no hubo otro incidente.

 

Constanza le pidió al viejito que se sentara con nosotras. Para vigilarlo. Ahí estuvo calmado. Lloraba. Se quebró. No quedaba nada del hombre fuerte que podía decir siempre lo que quisiera. Ya no tenía fuerza ni columna ni voz. Ahora estaba solo. Porque su esposa y su hijo lo invitaron al extranjero a vivir con ellos, pero él les dijo que prefería morir en Perú. Luchando.

 

Recuerdo que habló mucho con Constanza esa tarde. Algunos apristas esperaban que estuviera solo para desaparecerlo. Yo me di cuenta. Ellos no me aguantaron la mirada. Quizás yo también tenía la mirada de loco de papá.

 

Papito apenas dio un discurso y se la pasó explicando cómo había muerto exactamente mamá. Como al final la habíamos llevado a un sueño placentero para que su cuerpito no sufra. Ni papá ni Constanza lloraron ese día. Lo hicieron el día después. Y tuvimos que calmarlos. A papá lo dejamos sentadito frente a los lagos varias horas. Y a Constanza le tuvimos que dar sedantes.

 

Mucho era el dolor. Yo aún pienso en mamá, en volverla a ver. Pero también en sus abrazos.

 

El viejito Monterroso visitó a Constanza días después. Y así fue como pactaron que el próximo año empezarían a escribir. “Si sigo con vida. Bueno, si tú sigues con vida, muchacha”. “No me diga muchacha”.

 

El viejito siguió con sus columnas. En periódicos cada vez más pequeños. Luego decidió que lo mejor era escribir sobre mamá. Era otra lucha. Una contra el tiempo.

 

 

 

 

 

 

Villa Laura (1986)

 

 

Capítulo 8: Biblioteca

 

El sol susurra por la ventana rectangular, de forma libro. Constanza lee, en voz alta, aquellas páginas teñidas por el tiempo. Son como otoño de canto, de plegaria. Con la abuela, la mamita de Laura. Ella recita los libros de un dios. Haciendo pausas. Sin pensar en lo leído. Sin ninguna imagen mental. Sintiendo. “El lenguaje es una herramienta para expresar amor”. Declama Papá en su memoria. “La literatura hay que sentirla: en el cuello, en los hombros, en el pecho, en el aliento, en respiración”. Constanza nada en mar negro, en lienzo negro. Hasta que siente las olas, el sonido del mar, el revoloteo de animales. La calidez y el frío.

 

Constanza viste de blanco, de pausa. Con un vestido que lo cubre todo. Con 4 botones dorados, grandes y frontales. De tela pesada y liviana. El cuello es una v minúscula que evita la asfixia. Lee en plegaria, a su padre. Los años redondos sujetan su rosto ovalado. Almohadas de mejillas. La falda es azul de mar, nocturno. Pliegues, verticales. Cabellos, sin ondas. Cabellos, oscuros. Mente, fraterna. Mente, mar.

 

Elías, cabello canas blanco y beige (dorado y cenizo). De saco azul golpeado por el salitre. Con manchas como cielo de verano. Despierta a su aprendiz.

 

“¿Es usted?, señor Elías”

“Sí… señora, señorita”

“Tenía cabello largo”

“Decían que parecía una lesbiana, carajo”

“No”

“Sí”

“Se ve masculino”

“Ah, gracias. ¿Y lo que escribe ahora? ¿Qué tal?”

“Mi papá quizás ha perdido el rumbo. Quiere olvidar”

“Ya no le importa la literatura. Ese detective es un maricón”

“¿Y eso está mal?”

“¿Ser maricón?”

“Sí…”

“No quiero pelear contigo, muchacha”

“¿Muchacha?”

“No peleemos, carajo”

 

Las lisuras apenas llegan al taciturno Nasar, sentado, postrado, en tristeza. Música de remembranza. En su voz rasgada, senil. Repetición. En su voz rasgada, senil. “Si me dejas ahora no seré capaz de volver a sentir Si me dejas ahora mi espíritu se irá tras de ti Cabalgará día y noche Sintiéndose soñador y Quijote Porque ataste mi piel a tu piel Y tu boca a mi boca Clavaste tu mente en la mía como una espada en la roca”.

 

Me duele más… dejarte a ti

Que dejar… de vivir

Me duele más tu adiós

Que el peor castigo que me imponga Dios

 

No puedo ni te quiero olvidar

Ni a nadie me pienso entregar

Sería inútil tratar de huir

¡Porque adonde voy te llevo dentro de mí!

 

Y la música sigue y a destiempo con pasos cada vez más certeros. En su canto. Con voz grave, de anciano. Hasta que duerme y la ve en su juventud y se ve él en su juventud. Con voz joven, decidida, de promesa cumplida.

 

El amor de mi vida has sido tú

Mi mundo era ciego hasta encontrar tu luz

Hice míos tus gestos, tu risa y tu voz

Tus palabras, tu vida y tu corazón

 

El amor de mi vida has sido tú

El amor de mi vida sigues siendo tú

Por lo que más quieras, no me arranques de ti

¡De rodillas te ruego, no me dejes así!

 

 

 

 

El libro secreto de los peluqueros

 

 

A Laura, mi esposa, quien luchó contra la pobreza, sin armas y sin chaleco antibalas.

 

 

 

La pradera negra cubre un suelo graso y herido. El planeta ruge. “Me cortaste, maricón”. El peluquero calma sus manos. El político lo mira a través del espejo, con el desprecio contenido con el que mira al Pueblo. El peluquero sonríe brevemente. Ataca el ojo con la navaja, pero falla. Ataca sin ver. El político, con cortes en la cara, logra pararse, pero olvida las tijeras. Un maricón lo ha matado.

 

Antónidas reconstruye la escena en su cabeza. Las uñas descuidadas, de ambos. Las canas en las uñas del maricón. El asiento de plástico hinchado igual que las caderas homosexuales. Rojo, como el labial del ultimador. Y un corte temeroso, descuidado. Un intento por desmentir sus 10 años de experiencia. Un asesino improvisado, nervioso, chantajeado. Charly, su joven aprendiz, volverá a la escena del crimen. Disfrazado de una colegiala de cabello largo.

 

 

Capítulo 1: cómplice

 

Lily acarició la cara de Charly, donde los pelos empiezan a insinuar una barba. Las patillas eran largas, pero no se juntaban aún. El joven travesti temblaba. Lo hacían sus dos piernas y su mano izquierda, tímida debajo de una capa negra. Su mirada contaba los pelos dejados por Lily. Y su mano derecha acariciaba su calzón. Y luego los pelos que caían cerca de su pecho. “¿Y desde cuándo te vistes así?, corazón”. “Desde hace muy poco”. “Ya desde chiquito eres maricón. Está bien. A mí me costó. Allá en mi pueblo me costó mucho. Acá en Lima me insultan, me meten la mano esos cholos. Ay, hijo, cuesta mucho ser maricón. A veces quisiera ser macho. Pero no puedo. Tienes bonito cabello. ¿O no prefieres que te rape? Así te queda mejor la peluca. Corazón, te espera un camino muy doloroso. Pero a veces el dolor se siente rico. ¿Ya has tenido novio? ¿Cuántos años tienes? ¿16? Te ves de 16. ¿O 15? Agacha un poco más la cabeza. ¿Ya has tenido novio?”. “No”. “Ya llegará. Te va a gustar. O quizás prefieres que yo te inicie en el amor. Soy muy delicada, corazón. Trato bien a mis hombres”. “¿En esta silla murió, no?”. “Ay, no pienses en eso. La limpié con agua bendita. Ese político se quiso propasar con la Marilyn. Es que la Marilyn era puta. Y a ese viejo le gustan las mujeres, pero también las pichulas. Ay, corazón. Yo no estoy de acuerdo con eso. Dios nos dio nuestros cuerpos. Son un templo”.

 

Charly se dio cuenta de que era inútil sacar información directamente. Se pudo mirar al espejo. Su rostro reflejaba incomodidad. “Dios nos ama”. “Sí, corazón, Dios nos ama. La gente dice que no, pero él nos ama. Yo le rezo todos los días”. “¿Ya? ¿Va a demolal mucho?”, interrumpió un chino algo harto. “Dios los odia. Dios odia a todos los malicones”. “Vulgar, vete, qué asco ese chino. ¿Viste? No, no llores, corazón. No llores. Esta sociedad nos odia”. “Nos odia”. “Pero eso puede cambiar, debe cambiar, va a cambiar, corazón”. “Nunca va a cambiar”. “Cambiará corazón, va a cambiar pronto”.

 

 

-¿Alguna novedad?, Charly.

-Tío, lo siento. No mucho. Pero en algún momento ese peluquero de mierda dijo algo sobre que la sociedad va a cambiar. Y enfatizó: pronto va a cambiar.

-Bien, está bajo vigilancia. Sus amigas putas me dieron más información. Ya puedes irte.

-Está bien. Antes me voy a cambiar.

-Sobrino, ¿eran necesarias la falda y la peluca?

-Sí, es parte del personaje.

-¿No se veía nervioso?

-Espere. ¿Dijo algo sobre putas? ¿Y la tía?

-Charly, no hay infidelidad. No es una mujer, es una puta.

-Tío, ¿cómo sabes que el peluquero fue chantajeado?

-Los maricones no tienen ni la fuerza ni la voluntad. Alguien lo chantajeó.

-Tiene sentido.

-Sí, cachorro.

 

 

 

 

Capítulo 2: el Francés

 

Nudos en la cabeza, entrelazados. Oro cenizo, gris. Cejas más oscuras, todavía rubias. Ojos mediterráneos, españoles. Nariz recta, inquisidora. Y acento en el paladar. Al frente un súbdito, un maricón, perdido en su mirada.

 

Y un beso, un beso francés. Para acceder a su mente y doblegar su espíritu.

 

Aquel hombre no se deja domar. Lucha con su lengua, con sus dientes corroídos. Con sus ojos delirantes. Se apoya de los muslos del francés con cada vez más fuerza. El rubio se defiende hundiendo sus manos en los hombros del maricón. Hunde los pulgares en las clavículas. El europeo gime y penetra con las manos. Hasta que se sujetan del cuello y sus mentes se conectan.

 

Shadows and Brights. Sky guardians. And lots of sand. That is the image than recurrently appears in my dream, in this other reality. I am the girl. Threats rub my skin. I fight. Always fight. With my thin hands, with my tiny strength.

 

‘Humberto’, says the girl. ‘Humberto’, sobs the girl.

 

 2015

 

‘I can rape men’, a friendly voice emerged.

 

In that moment, I saw the faces of all my comrades. One by one. De derecha a izquierda. [Yes, look at them]. But first their crotch, the innuendoes of everybody force. [What?!]. Aracno clearly was the strongest. But there was another man. When He talked, everybody listened. I can´t remember his words but his orders, his sounds. [The French man?] I followed the ass of the mysterious man. [Yes, now his mind].

 

 

El maricón es el primero en disparar. Lo hace 3 veces, con furia. Siente la sangre en sus labios. Las heridas frescas palpitan. El sabor a dientes extraños no lo perturban. Tampoco la saliva. Debe huir, pero ya ha ganado. No sabe cómo, pero resolvió el único caso que le quedaba. Mató a quien pudo derrotarlo.

 

43 años tuvo que regresar en el tiempo nuestro detective ilustre: Charly. Su mundo ya no existe, este ahora es su mundo. El demonio tiene distintos cuerpos y debe matarlos a todos.

 

 

Capítulo 3: La Catedral

 

Las puertas son altas, imponentes. Como la mezcla del ruido. De los vendedores ambulantes, de los orates, de niños allá y bebedores acá. Borrachos sin redención que conversan y ríen a destiempo. La bebida es Dios.

 

Un cholo atiende las mesas, de un lado a otro. Limpia las mesas de madera oscura, como su piel. Se deja mandonear y tocar los hombros, la espalda. Su camisa abierta muestra bordes de sudor. La radio se apaga, pero nadie protesta. Nadie lo nota. Solo Charly.

 

“Recuerdo esa canción”

“Te convertiste en todo un hombre, cachorro”

“Sí”

“Pensé que serías maricón”

“No”

“¿Por qué tuviste que besar al terrorista antes de matarlo?”

“Quería besarlo”

“No me jodas”

“Es broma, maldita sea”

“¿Pero entonces?”

“Quería que leyera mi mente”

“¿No vas a tomar lo que ordenaste?”

“Todo es para ti, tío. Me enseñaste todo”

“Gracias. El futuro debe tener de todo. ¿Mujeres robot? ¿Mujeres que duran 10 horas?”

“En el futuro me dura dura por 10 horas”

“Carajo. Vaya futuro”

“Por tu culpa me volví adicto a las prostitutas. Fue a los 16 años que conseguí a la primera”

“De nada, cachorro”

“No te estoy dando las gracias, viejo de mierda”

“¿Qué pasa?, sobrino”

“Desapareciste. Nunca capturamos al terrorista. A ninguno”

“Ya lo mataste. Ya está. A celebrar”

“Tarde mucho, pero lo comprendí. Tú estuviste con ellos. Tú les soplabas todo. Incluso la pichula”

“No seas sonso, chibolo hijo de puta”

“Soy un señor. Tardé, pero ahora te tengo. Mira debajo de la mesa”

“Te equivocas, sobrino. Pero mátame, no me importa esta vida de mierda”

“¿Palabras finales?”

“Eres un maricón de mierda, igual que tu padre”

 

 

Capítulo 4:

 

1982

 

Este mundo no es real. Hay lugares imposibles de visitar y otros donde los verdaderos recuerdos predominan. La respuesta es obvia: este es un sueño compartido. Probablemente morir aquí me libere. Pero no es un riesgo que quiero tomar. Antes voy a probar unas putas de los 80´s. O buscaré a alguien muy joven sentada en la Plaza de Armas. La miraré a los ojos y le haré saber su verdadera vocación: diosa. Las de 18 son las que más dura me la ponen.

 

Mi instinto me hizo pensar en mis padres. Ellos podrían darme dinero. Deserté. Recordé que mi padre era un abusivo insoportable y mi madre alguien que nos daba almuerzo según cómo se alineaban los astros. Ya estaba loca en 1986. Además, verme en el pasado le daría la razón. Y no estaba dispuesto a eso. Así que me metí a casa cuando ninguno de los dos estuviera y les robé todos sus ahorros.

 

Luego me paré en un parque a esperar a las “rufianas”, muchas de ellas gordas y muy mal vestidas. Muy andinas algunas, muy viejas otras. Hacía calor, pero mi pene parecía un témpano de hielo.

 

Por eso ahora estoy buscando a una mujer joven, una que parezca oficinista, que complazca bien a su jefe. Una que se vea feliz pese a su trabajo de mierda. Esas son obviamente mujeres muy activas. O quizás una estudiante temerosa que no sabe si está estudiando lo que le conviene. Hoy sabrá que no.

 

Elijo a una, que sé que es puta. Sé quién lo es y quien no con una sola mirada. Pero un hombre viejo se me adelanta. Voltea a verme. Qué año es. Me pregunta. Viejo de mierda. Es puta, pero no loca. No es 1986, Charly. ¿Cómo sabe mi nombre este viejo? Despierta. Despierta, Charly. ¿Despertar? Viejo de mierda. Alguien ha creado este mundo, Charly. Lo sé, porque yo ya viví este viaje tuyo. Pero fallaste, por 4 años. Has llegado 4 años antes, Charly. Le compré este libro a la señorita. No es puta. A veces fallas. A veces fallamos. Mira la portada. No se lo compraste. Te lo tiró en la cara. La quisiste besar, viejo de mierda. Viejo loco. Siempre se debe pagar. Mira la portada, maldito estúpido. “Trilce”. De César Vallejo. ¿Qué tiene? Mira bien. Mira bien. No dice César Vallejo. ¿Nasar? ¿Quién es Nasar?